‘Promised Land’, la tierra prometida de Gus Van Sant
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El director de Mala noche y Mi nombre es Harvey Milk vuelve al cine independiente y comprometido con una historia humanista sobre la explotación por parte de las grandes empresas de los recursos de las pequeñas comunidades rurales de EEUU.
Tras la extraña acogida de su bella pero algo fúnebre Restless, el realizador abiertamente gay Gus Van Sant –que siempre se ha movido entre el cine independiente, comercial, queer y de vanguardia con cierta soltura– realiza con Promised Land uno de sus trabajos más sólidos y comprometidos. El realizador de Mi nombre es Harvey Milk vuelve a apoyarse en actores y actrices (magníficos Matt Damon y Frances McDormand, en dos papeles hechos a su medida) para denunciar la explotación de las grandes empresas a costa de la ecología y los recursos verdaderos de las tierras de los pueblos del interior profundo de los EEUU.
La odisea de Steve Butler (Damon, coautor del guión), estafador estafado y finalmente unido a los perdedores, es una odisea que dice mucho de un tiempo y una organización social movida por grandes intereses que logran anular la ética de hombres y mujeres comunes en entornos pequeños. Así, el filme explora, con meticulosidad pero sin tremendismo, las contradicciones vitales de su protagonista masculino y también de unos habitantes de un medio rural sacudido por la recesión económica. Las imágenes de Promised Land transmiten un suave naturalismo y una honestidad artesanal que lo separan del Van Sant más chirriante y rebelde, aunque, tal vez, también se muestre menos atrevido para llevar las muchas implicaciones de su relato hasta sus últimas consecuencias.
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Posteado Mayo 20, 2013
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