“Citizen Kane” según Jorge Luis Borges

Citizen Kane (cuyo nombre en la República Argentina es El Ciudadano) tiene por lo menos dos argumentos. El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos. Es formulable así: un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres; a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo) descubre que esas misceláneas y plétoras son vanidad de vanidades y todo vanidad, en el instante de la muerte, anhela un solo objeto del universo ¡un trineo debidamente pobre con el que en su niñez ha jugado! El segundo es muy superior. Une al recuerdo de Koheleth el de otro nihilista: Franz Kafka. El tema (a la vez metafísico y policial, a la vez psicológico y alegórico) es la investigación del alma secreta de un hombre, a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto. El procedimiento es el de Joseph Conrad en Chance (1914) y el del hermoso film The Power and the Glory: la rapsodia de escenas heterogéneas, sin orden cronológico. Abrumadoramente, infinitamente, Orson Welles exhibe fragmentos de la vida del hombre Charles Foster Kane y nos invita a combinarlos y a reconstruirlo.
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“La historia del cine nos llega desde el futuro”

Alexander Kluge habla de su concepción del cine y la televisión de autor y la independencia del artista

El director de títulos como Adiós al ayer y Trabajo ocasional de una esclava, que lo convirtieron en el padre del Nuevo Cine Alemán, también es un intelectual que reflexiona, en su libro 120 historias del cine, sobre el devenir de las imágenes en movimiento.

Por Carla Imbrogno *

Llueve torrencialmente en la primavera de Munich. Alexander Kluge me citó en su casa y estudio personal un domingo a las ocho de la noche: el único momento de la semana en el que no está trabajando. Llevo conmigo una lista de preguntas arbitrarias y aleatorias. Timbres 1 o 2. Me responde por el portero y abre desde arriba. Una de esas casas antiquísimas recicladas a nuevo, de techos imperecederos y con escaleras señoriales pero siempre de madera. Nada de mármoles a la vista. Subo el primer piso y giro a la izquierda. Esperándome sobre el tapete rojo del palier, la presencia ubicua de Alexander Kluge. Esta conversación comienza donde terminan las 120 historias del cine.
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La interpretación de las películas, según David Lynch

Acerca de Origen , se ha suscitado un debate interesante, a parte del habitual “me gusta“, “no me gusta“, “obra maestra“, “mierda pinchá en un palo“. El de “¿se entiende?“.

Hay gente a la que le gusta “investigar” una película. Otros, que se la den más o menos mascada. Los hay que no quieren todo evidente, pero tampoco esperan que se lo pongas extremadamente difícil. Y los hay que les entusiasma salir de la sala sin entender nada y enarbolando sus propias teorías.

También está la gente que no entiende nada pero dice entender, por el “que dirán” o porque está de moda decir que te encanta tal película o tal director.

Esto último es algo que le pasa tanto a varios fans de David Lynch como a los amigos de esos fans, que creen que no han entendido nada sus colegas pero van de flipados. Como Lynch.
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Cuentos de Canterbury

Los Cuentos de Canterbury

Pier Paolo Pasolini
Título Original:
I racconti di Canterbury
País: Italia
Año: 1972
Género: Drama, Comedia
Guión: Pier Paolo Pasolini basado en la obra de Goffrey Chaucer
Director: Pier Paolo Pasolini
Fotografía: Tonino Delli Colli
Montaje: Nino Baragli
Música: Ennio Morricone
Producción: Alberto Grimaldi
Duración: 112 minutos
Intérpretes: Hugh Griffith (Sir Enero), Laura Betti (su esposa de Bath), Ninetto Davoli (Perkin), Franco Citti (el Diablo), Josephine Chaplin (Mayo), Alan Webb (hombre viejo), Pier Paolo Pasolini (Geoffrey Chaucer), J.P. Van Dyne (el cocinero), Vernon Dobtcheff (Franklin), Adrian Street (luchador), O.T. (jefe caza brujas), Derek Deadman (el Perdonador), Nicholas Smith (Friar), George Bethell Datch (Anfitrión de Tabard), Dan Thomas (Nicholas), Michael Balfour (John el carpintero), Jenny Runacre (Alison), Peter Cain (Absalom), Daniele Buckler (Cazabrujas), John Francis Lane (Greedy friar), Settimo Castagna (Angel), Athol Coats (homosexual rico), Judy Stewart-Murray (Alice), Tom Baker (Jenkin), Oscar Fochetti (Damian), Willoughby Goddard (Placebo), Peter Stephens (Justinus), Giuseppe Arrigio (Pluto), Elisabetta Genovese (Prosperine), Gordon King (canciller), Patrick Duffett (Alan), Eamann Howell (John Tiziano Longo), Eileen King (esposa de Simkin), Heather Johnson (Molly), Robin Askwith (Rufus), Martin Whelar (Jack la justicia), John McLaren (Johnny la gracia), Edward Monteith (Dick el gorrión), Franca Sciutto, Vittorio Fanfoni.

Esta adaptación de la renombrada colección de historias de Chaucer fue la segunda película de la cual Pier Paolo Pasolini paso a llamar la “Trilogía de la vida”, un tríptico cinemático el cual había comenzado un año antes con El Decamerón (1970), una interpretación sexualmente explicita y visualmente suntuosa de la igualmente famosa colección de historias cortas de Boccaccio, la cual terminaría años mas tarde con Il fiore di mille e una notte (1974), una hipnotizante adaptación similar de historias de Las mil y una noches.

Dado lo dificultoso y provocativo de las películas que Pasolini había inyectado dentro de la altamente cargada atmósfera política de finales de la década de 1960 en Italia –ideológicamente- confrontando con ensayos cinematográficos como Teorema (1968), y Porcile (1969) –esta trilogía de películas coloridas y altamente agradables fueron interpretadas por muchos como señalizando el abandono de Pasolini de su autoproclamado rol como un tábano intelectual y un agente provocateur de la burguesía italiana, un rechazo que fue ampliamente confirmado por el final de Cuentos de Canterbury donde el mismo Pasolini, bajo la apariencia de Geoffrey Chaucer, escribe en la pantalla: “Aquí acaban los Cuentos de Canterbury, contados por el solo placer de contar. Amén”. Mas tarde, sin embargo, paradójico como siempre, Pasolini vigorosamente lo mantendría, las películas de la Trilogía, de cierta manera, lo más ideológico de su carrera. Por el principio guiador de la Trilogía, afirmó, fue una celebración de la vida en toda su fisicalidad y carnalidad, una exaltación la cual la película llevó a cabo a través de una especie de carnaval de lo primitivo, deseando los cuerpos humanos como si instintivamente luchara y alegremente transgrediera los límites represivos instaurados por la moralidad religiosa y burguesa. Pasolini de este modo volteó la excesiva previsible carga de haber jugado demasiado con los elementos sexuales en las historias originales en una defensa. Como repetidamente trato de explicar en entrevistas, el sexo y los cuerpos desnudos eran precisamente la cuestión de sus películas; y han sido los críticos los que se lo han perdido! Habiendo luchado tan intensamente para eliminar el sexo de sus películas, dijo, muchos críticos las han encontrado vacías de contenido, completamente perdiendo de vista del hecho de que el contenido de las películas estaba ahí, en la pantalla, en ese inmenso agujero sobre sus cabezas el cual trataron tan fuertemente de no entender.

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El demonio nos gobierna

El demonio nos gobierna
Ingmar Bergman
Título Original:
Fängelse
País: Suecia
Año: 1949
Género: Drama
Guión: Ingmar Bergman
Director: Ingmar Bergman
Fotografía: Göran Strindberg (BN)
Edición: Lennart Wallén
Música: Erland von Koch
Producción: Lorens Marmstedt
Duración: 98 metros
Intérpretes: Doris Svedlund (Birgitta Carolina Soederberg), Birger Malmsten (Thomas), Eva Henning (Sofi), Hasse Ekman (Martin Grande), Stig Olin (Peter), Irma Christenson (Linnea), Anders Henrikson (Paul), Marianne Löfgren (Mrs. Bohlin), Bibi Lindqvist (Anna), Curt Masreliez (Alf).

Incluso con algunas familiaridades de los austeros psicodramas y reflexiones en un universo sin dios que generó muchas de las posteriores películas de Ingmar Bergman, el tema principal de El demonio nos gobierna, hecha en 1949, todavía produce sacudidas. Las primeras películas de Ingmar Bergman en la década de 1940 ciertamente han tenido oscuros elementos, los cuales eran evidentes hasta cierto punto en sus películas inmediatamente anteriores a El demonio nos gobierna, Eva y la neorrealista Port of Call, pero por lejos fueron mas melodramas sociales, adaptados de la literatura popular para una audiencia comercial. El demonio nos gobierna fue sin embargo la primera película de Ingmar Bergman donde tuvo un control completo sobre todo, desde el guión hasta la dirección, y el tono es perceptiblemente mas oscuro. Dándose cuenta que esta no era la clase de película que la Svensk Filmindustri podría financiar, Ingmar Bergman le entregó el guión a Lorena Marmstadt y su estudio independiente Terrafilm, para el cual Bergman previamente había hecho Noche eterna. Por necesidad, ya que no iba a ser una película comercial, El demonio nos gobierna debía tener un presupuesto y un tiempo de realización muy limitados, pero la película resultante es mas consecuentemente tensa, lóbrega, dramática y cercana al puro Bergman que las otras películas de la década de 1940.

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David Lynch, el poeta de la deformidad

Tanto en la vida diaria como en el arte, existen seres humanos a los que les gusta nadar contra corriente. Y el mundo del cine no es la excepción a esta regla. En estos tiempos de superproducciones, hay una categoría que es poco a poco arrinconada, pero que se resiste a morir.

Es el cine de autor, que el director Jean-Luc Godard definió como “aquel que puede demostrar que hace una buena película”. En este concepto se ubica el director norteamericano David Lynch, un realizador que, parafraseando a Francis Ford Coppola, hace un cine tipo guerrilla. Cine que logra incomodar o gustar, pero que no deja nunca indiferente.

Pero ¿quién es David Lynch? Nació en Montana el 20 de enero de 1946, hijo de una familia clase media norteamericana. En su juventud realizó estudios de arte en la Pennsylvania Academy of Fine Arts.

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Gilliam, la fantasía excéntrica

 "Hola, soy Terry Gilliam y tengo una confesión que hacer. A muchos de ustedes no les va a gustar esta película. Muchos de ustedes la van a amar y por otro lado, habrá muchos de ustedes que no sabrán qué pensar cuando termine… pero con suerte, estarán pensando. Esta película supone ser los ojos de un niño. Si es chocante es porque es inocente. Les sugiero que traten de olvidar todo lo que han aprendido como adultos, aquellas cosas que limitan su mirada del mundo, sus prejuicios, sus preconceptos, traten de redescubrir lo que era ser un niño. La sensación de asombro e inocencia… y no olviden reír. Recuerden: los niños son fuertes, resistentes, están diseñados para sobrevivir; cuando se los deja caer rebotan. Yo tenía 64 años cuando rodé esta película y creo que finalmente descubrí el niño en mí. Resultó una niña pequeña. Gracias, gracias, gracias…"

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“La escultura es clave en mi cine”

Escultor y cineasta, el lituano Deimantas Narkevicius (Utena, 1964) parece atrapado en un bucle temporal. O, al menos, sus películas. La memoria y el pasado pos-soviético de su país asoman de forma ambigua, entre el documento y la ficción, en la primera retrospectiva que se hace de su obra en el Museo Reina Sofía, de Madrid.

PREGUNTA. Películas en museos. ¿Por qué son los museos sitios más adecuados para ver películas como las suyas?

RESPUESTA. Los museos no son sitios mejores ni peores que los cines para ver películas. Son lugares diferentes. Todo lo que se expone en un museo tiene más relación con la historia de las artes visuales que con la historia del cine, que sólo tiene poco más de cien años de antigüedad. Debido a la comercialización del cine convencional, las artes visuales han seguido siendo más innovadoras y experimentales que el cine. No es casualidad que, allá por los años setenta, Jean-Luc Godard empezase a mostrar sus obras videográficas en una galería. Las artes visuales siguen siendo menos una industria que el cine. Incluso cuando la gente va al cine no suele relacionar una película con una forma de arte. Lo que busca es diversión. Cuando la gente entra en un museo sigue buscando algo que sea arte. Me gusta bastante esta antigua división entre ambas instituciones y espero que dure.

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Terry Gilliam lo intenta de nuevo

El cineasta Terry Gilliam está dispuesto a resucitar uno de sus viejos sueños, 'The man who killed Don Quixote' ('El hombre que mató a Don Quijote') un accidentado proyecto sobre el personaje de Miguel de Cervantes cuyo rodaje se puso en marcha en el año 2000. Una cinta que nunca vio la luz ya que la filmación tuvo que ser paralizada a los seis días después de que una inundación arrasara con todos los decorados y el equipo. Luego, para terminar de hundir la producción, uno de sus actores principales, Jean Rochefort, cayó enfermo. Todavía no hay fecha para comenzar la filmación ya que, según confirmó el propio director, están a la espera de cuadrarlo con la apretada agenda de Johnny Depp, que interpreta a Sancho Panza.

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Cine mal visto

El director alemán Wim Wenders considera que sólo en Alemania se ve con malos ojos el concepto de "cine de autor".

El cineasta alemán Wim Wenders está convencido de que el término "cine de autor" es sólo negativo en Alemania, según dijo en una entrevista que hoy publica el diario alemán Neue Osnabrücker Zeitung.

 "En todos los demás sitios, incluso en Estados Unidos, es justo al contrario. Para los jóvenes estadounidenses, el cine europeo es el ídolo, la medida de todas las cosas", agregó el realizador.

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