Crónica de un amor

cronica de un amor Crónica de un amor
Michelangelo Antonioni
Título Original:
Cronaca di un amore
País: Italia
Año: 1950
Género: Drama, Romance
Guión: Michelangelo Antonioni, Daniele d’Anza, Silvio Giovanietti, Francesco Maselli, Piero Tellini
Director: Michelangelo Antonioni
Fotografía: Enzo Serafin
Edición: Eraldo Da Roma
Música: Giovanni Fusco
Producción: Stefano Caretta, Franco Villani
Duración: 100 minutos
Intérpretes: Lucia Bosé (Paola Molon Fontana), Massimo Girotti (Guido), Ferdinando Sarmi (Enrico Fontana), Gino Rossi (Carloni, el detective), Marika Rowsky (Joy, la modelo), Rosi Mirafiore (Barmaid), Rubi D’Alma (amigo de Paola), Anita Farra, Carlo Gazzabini, Nardo Rimediotti, Renato Burrini, Vittorio Manfrino, Vittoria Mondello (Matilde), Franco Fabrizi (Presentador desfile).

Luego de una asombrosa serie de cortos documentales, Michelangelo Antonioni hizo su primer largometraje, Crónica de un Amor (Cronaca di un Amore), un tratamiento neutral de un aparentemente estándar tema noir. Cronaca es similar a anterior Les dames du Bois de Boulogne de Robert Bresson –puede detectarse el futuro estilo abstracto del director bajo el material consabido. Con estas dos películas, un nuevo tipo de cine reflexivo nació, dedicado por igual a la vida interior de los actores “modelos” y a las oscuras superficies del mundo fotografiado.

Paola (Lucia Bose) ha ascendido de clase casándose con un deshonesto y rico industrial (Ferdinando Sarmi). Su esposo siente curiosidad por el pasado de su esposa, por lo que contrata un detective privado para hurgar en su pasado, quien descubre un misterioso asesinato ocurrido años atrás que involucra a Paola y a un joven llamado Guido (Máximo Girotti). Guido, un vendedor de autos de clase baja y una Paola cubierta de pieles vuelven a juntarse y ella eventualmente decide que deben deshacerse de su esposo.

De muchas maneras, Cronaca es mas difícil que las posteriores películas de Antonioni porque parece que promete una estructura narrativa, sin embargo continuamente frustra nuestras expectativas. Es un poco como Ossessione cruzándose con L´Avventura. La atención a la clase social en Cronaca es tan intensa como la ya observación desgarradora de las resbaladizas calles lluviosas, los negros árboles muertos, y la desolada arquitectura moderna de Antonioni. El diálogo se desarrolla de manera rápida y monótona, y esto es más enajenante debido al sonido, enteramente doblado. Es extremadamente difícil seguir la película escena por escena; la cámara deambula alejándose de la gente y realizando elecciones radicales en las cuales quiere observar y examinar. Lo que al principio parece torpeza finalmente desaparece y algo altamente original toma su lugar: una meditación ambigua sobre la vacuidad de la ambiciosa vida moderna. En otras palabras. Antonioni trata con las torturas seculares de los ricos condenados mientras que Bresson se encarga de la purificación religiosa y del aun peor sufrimiento del santo pobre.

La actuación es torpe en la superficie, pero Antonioni consigue lo que siempre persigue: la no interpretación insegura (hasta se las arregló para conseguirlo hasta de personalidades tan llamativas como Vanesa Redgrave y Jack Nicholson). La exquisitez de Bose, pécora sociópata, con sus esculturales mejillas y movimientos sin rumbo, es un oscuro ensayo de las añoradas heroínas de Monica Vitti de las películas de los 60 de Antonioni. Este no es realmente un amorío: los protagonistas tienen cero química, pero esa es la idea principal. Las películas de Antonioni son sobre la ausencia del amor y la forma en que la gente tontamente busca a tientas por algo tan efímero e insatisfactorio. Por supuesto, Antonioni nunca acaba con algún reemplazo viable del concepto del amor –la religión esta fuera de vista en su mente.

En su primera película, Antonioni ignora la sobrecarga verbal del guión y se concentra en evocar los estados mentales a través de las imágenes. La sensación que obtienes de esta película, desde Cronaca hasta Más allá de las nubes, es similar a las sensaciones Ozu evocadas en sus pausas líricas entre escenas. Pero las observaciones de Antonioni sobre habitaciones vacías y calles desiertas son extrañamente sexuales y usualmente desesperantes. La melancolía que crea es muy estimulante, muy intelectual, y a veces cercanas al suicidio en su autocompasión. Cuando Paola y Guido se encuentran por primera vez, conducen hasta la playa y deambulan por unas gradas de piedra cerca del mar. Mientras se sientan, la imaginería poderosamente nos da una sensación de desamparo, de tiempo perdido, de falta de sentido, de añoranza de un significado. Todo en una sola toma.

El dinero y el sexo se entrelazan; el esposo de Paola bromea con que un colega de el quiere comprarla por 180.000 liras. En una subasta Paola compra un vestido, y la modelo se lo saca en el momento, quedándose solo con su ropa interior negra y entregándoselo (desganadamente Paola le dice a la chica que se lo quede). En la toma más compleja de la película, el esposo de Paola maneja a través de dos enormes afiches de licor. Esta probando uno de las Maserati de Guido (Paola quiere que su amante tenga un poco de dinero). Es una escena increíble, pero muy difícil de comprender. Luego de ver a la Maserati desaparecer en la distancia, Guido se mete en su auto y comienza a besarse desenfrenadamente con Paola. “Estoy cansada de sentirme sola”, dice ella. Antonioni pronto corta para mostrarlos recostados en sus asientos, mirando fijamente hacia delante, muertos de aburrimiento. No es difícil de juzgar: es un clásico ejemplo de lo que Andrew Sarris llamó “Antoni-ennui” (ennui significa falta de interés o aburrimiento).

Ambos quieren pasar a la acción, pero jamás obtienen alivio, solo culpa y creciente lasitud. Quieren que sus vidas sean como una película. Paradójicamente, son literalmente una pareja en una película, pero Antonioni despedaza las convenciones cinemáticas, controlando el subsiguiente desorden con su dominante mise-en-scène. En las secuencias finales, Paola corre por las sucias calles con un vestido con una falda con volados blancos, el vestido se arrastra detrás de ella absurdamente a través de la oscuridad. Las “escenas” de su drama son deliberadamente decepcionantes, pero en una imagen como esta ella es transformada por la mirada fría y discreta de Antonioni. La belleza sin igual del arte visual de Antonioni impulsa a su historia barata y a sus personajes vacuos dentro del exaltado reino de los sentidos; es un noir disuelto y rehecho dentro de una poesía existencial.

2 Comments so far

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