La interpretación de las películas, según David Lynch

Acerca de Origen , se ha suscitado un debate interesante, a parte del habitual “me gusta“, “no me gusta“, “obra maestra“, “mierda pinchá en un palo“. El de “¿se entiende?“.

Hay gente a la que le gusta “investigar” una película. Otros, que se la den más o menos mascada. Los hay que no quieren todo evidente, pero tampoco esperan que se lo pongas extremadamente difícil. Y los hay que les entusiasma salir de la sala sin entender nada y enarbolando sus propias teorías.

También está la gente que no entiende nada pero dice entender, por el “que dirán” o porque está de moda decir que te encanta tal película o tal director.

Esto último es algo que le pasa tanto a varios fans de David Lynch como a los amigos de esos fans, que creen que no han entendido nada sus colegas pero van de flipados. Como Lynch.

Pues bien, yo soy de la creencia de que una película no es todo un viaje explicado con guía. A veces, una película es un laberinto, un crucigrama, un pasatiempo a resolver. Otras, es una experiencia, sin intención lógica dentro de los parámetros de la historia habitual. Otra, es una historia llana y simple, pero con pretensiones. Y otra, un “loquesea” que ha fallado y deja cabos sueltos por incompetencia.

Las últimas, son fácilmente detectables y normalmente, nos podemos poner todos de acuerdo en poco tiempo. Las otras ya… dependen de la conexión con el espectador.

Origen me parece un laberinto (valga el meta-chiste al referirme así a Origen). Uno de los que, poco a poco, vas descubriendo puertas que te llevan a nuevas salas y que ofrecen otros puntos de vista… pero no a todo el mundo le gustan los laberintos. O no TODOS los laberintos. Los hay de la lógica, de la trama, de la razón, de los sentimientos… depende de la película.

Pero algo queda claro: TODOS los datos de ese laberinto, deben estar en la película. Jamás debe hacer falta algo de fuera. Si no, es una estafa. Si no, es una película fallida.

Porque, queramos o no, hablamos de “obras“. Y esas obras, tienen un autor (como figura metafórica, puesto que siempre son varios). Y ese autor ha decidido que ESO sea así. Por algo. Al menos, los buenos.

Así que me gustó mucho leerme hace poco un librito pequeño, sencillo y curioso, escrito por el propio David Lynch, que tanto tiene que sufrir a los “interpretes” y gurús de la crítica cinematográfica. Que ha escuchado las taradeces más grandes sobre su obra. Él escribió: “Atrapa el pez dorado. (Meditación, conciencia y creatividad)“, que aquí publica “Reservoir Books. Mondadori“. Y es una lectura curiosa y recomendable.

Vale, el 80% del libro se lo pasa vendiéndonos la moto de la “Meditación trascendental“, que es lo que él practica y que le hace ser… ojito:

- Feliz.

- Mejor artista.

Sí. David Lynch es feliz. Me alegra oírlo, porque mucha gente cree que sólo un atormentado puede escribir o realizar esas historias o lecturas profundas del alma y el horror humano. Lynch es un tipo majo y feliz, alegre.

Y ojo… no se droga. Lo único que ha probado ha sido algún porrete en su juventud y ya. El resto, viene de tener ideas, propuestas, trabajo…

Que esa es otra: “no lo entiendo, ergo este tío es un colgao“.

Pero en fin, Lynch, muy por encima de todo esto, habla en su libro con humildad, sencillez y como si fuera un pequeño monje budista de pelo loco que te cuenta sus experiencias de la vida, a ver si te apuntas a su club de meditación trascendental por una de estas.

Yo de eso, paso. Pero de otras cosas que leo, no. Y como son al respecto de este mundo de la interpretación, rompecabezas y demás, aquí os dejo un fragmento. Muy interesante:

Una película debe valerse por si misma. Es absurdo que un cineasta necesite explicar con palabras lo que significa una película. El mundo de la película es un mundo creado en el que, a veces, la gente desea entrar. Para la gente, ese mundo es real. Y si descubren ciertos detalles sobre cómo se hizo o acerca de los significados de esto o aquello, la próxima vez que vean la película, todos esos conocimientos participarán de la experiencia. Y entonces la película cambiará. Considero importante y muy valioso conservar ese mundo y no decir ciertas cosas que podrían destruir la experiencia.

No se necesita nada que no esté en la obra. Se han escrito montones de libros estupendos cuyos autores murieron hace mucho y no puedes desenterrarlos. Pero tienes el libro, y un libro puede hacerte soñar y pensar.

A veces la gente se queja de que les cuesta entender una película, pero yo creo que entienden mucho más de lo que creen. Porque todos hemos sido bendecidos con la intuición: todos tenemos el don de intuir cosas.

Habrá quien diga que no entiende la música; pero la mayoría de las personas experimentan la música de manera emocional y estarían de acuerdo en que la música es una abstracción. No necesitas expresar la música en palabras: la escuchas.

El cine se parece mucho a la música. Puede ser muy abstracto pero la gente ansía darle un sentido intelectual, traducirlo a palabras. Y cuando no pueden hacerlo, se sienten frustrados. Pero si lo dejan expresarse, pueden encontrar una explicación interior. Si comentan la película con los amigos enseguida ven cosas: qué es esto, qué no es lo otro. Y tal vez coincidan o discrepen con sus amigos, pero ¿cómo pueden discrepar o coincidir si no saben nada? Lo interesante, pues, es que ya saben más de lo que creen. Y al expresar en voz alta lo que saben, lo ven más claro. Y cuando ven algo, pueden intentar aclararlo un poco más y, de nuevo, contrastarlo con un amigo. Y tal vez lleguen a alguna conclusión. Que sería válida.

Fuente: TCM

2 Comments so far

  1. Nagore on Diciembre 14th, 2010

    Podrías decirme cual es el libro de lynch??

  2. [...] Via: Cinematismo.com [...]

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