Gilliam, la fantasía excéntrica
"Hola, soy Terry Gilliam y tengo una confesión que hacer. A muchos de ustedes no les va a gustar esta película. Muchos de ustedes la van a amar y por otro lado, habrá muchos de ustedes que no sabrán qué pensar cuando termine… pero con suerte, estarán pensando. Esta película supone ser los ojos de un niño. Si es chocante es porque es inocente. Les sugiero que traten de olvidar todo lo que han aprendido como adultos, aquellas cosas que limitan su mirada del mundo, sus prejuicios, sus preconceptos, traten de redescubrir lo que era ser un niño. La sensación de asombro e inocencia… y no olviden reír. Recuerden: los niños son fuertes, resistentes, están diseñados para sobrevivir; cuando se los deja caer rebotan. Yo tenía 64 años cuando rodé esta película y creo que finalmente descubrí el niño en mí. Resultó una niña pequeña. Gracias, gracias, gracias…"
Éste es el prólogo que nos regala Terry Gilliam al comienzo de la que hasta 2009 es su última película junto con 'Los Hermanos Grimm' (estrenada en el mismo año, 2005): Tideland. No estuvo demasiado tiempo en cartel. Uno comprende perfectamente el prólogo antes de ver la película; hablamos de Gilliam, un vejete excéntrico sorprendido de sí mismo, angustiado, de risa compulsiva y grandes paseos por una ciénaga que usa como piscina. Tengo que aclarar que esto último es una suposición.
En la película advertimos a un Gilliam fiel a sí mismo y a sus principios, los recorridos prácticamente a lo largo de toda su filmografía: la realidad como un acto personal e intransferible. Así como hiciera en la soporífera 'Miedo y Asco en las Vegas', la genial 'Brazil', el cuento de 'El Rey Pescador' o 'Las Aventuras del Barón Münchausen', en 'Tideland' se muestra ingenuo y desordenado. La mirada del niño que llevas dentro, así se justifica. Aunque en realidad esta justificación sirva, como digo, para toda su creación fílmica. Si recuerdan, al Barón siempre le acompaña una niña, la jovencísima Sarah Polley. Es curioso el uso de la niña como figura arquetípica de inocencia y supervivencia, de la que se vale en algunas de sus películas. En la propia 'Tideland', por ejemplo.
Desde que realizara las ilustraciones para las películas (tanto en cine -'Los héroes del Tiempo, 'El Sentido de la Vida'- ; como televisión -'Flying Circus'-) de Monthy Phyton hemos comprobado el surrealismo y la abusiva ironía con la que Gilliam pintaba su realidad. Esto se ha repetido vorazmente en la mayoría de las películas en las que ha trabajado hasta ahora. Y me atrevo a decir que será una constante infinita. Buen trabajo, Terry.
El único problema de la redundancia, del abuso de estructuras visuales parecidas o iguales es que si no te gustan, no lo harán nunca. Por eso Gilliam es querido y odiado a partes iguales -o eso creo- y no por las historias que cuentan sus películas. La diferencia es ésta: todos podemos escuchar un cuento, oír como si fuéramos niños. Lo difícil es mirar como tales. Liberado de prejuicios dice él en su prólogo, con los prejuicios a la inversa diría yo. Y aquí radica su principal diferencia con Tim Burton, otro infantiloide más.
En resumen, Tideland es una constante, una película que recomiendo sólo si te gustaron sus anteriores filmes, si te gustaron mucho. Donde lo bueno siguen siendo las extrañas situaciones que se suceden (por encima del resto la relación de la niña protagonista y el epiléptico). Y donde lo peor quizá sea que esas situaciones duran demasiado.
He procurado no hacer referencia a 'Doce Monos' por estar por encima de ustedes, de Gilliam y de mí.
Actualmente ultima 'The Imaginarium of Doctor Parnassus', con el recientemente fallecido Heath Ledger como protagonista. Tras su fallecimiento el director americano decidió mostrar al Doctor Parnassus a través de distintas épocas: Johnny Depp, Colin Farrell y Jude Law serán los encargados de interpretarlo.


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