Iko shashvi mgalobeli

Otar Iosselani
Título Original:
Iko shashvi mgalobeli
País: Unión Soviética
Año: 1971 (lanzada comercialmente en 1975, tras una prohibición de 4 años)
Guión:
Dimitri Eristavi, Otar Iosselani
Director: Otar Iosselani
Fotografía: Abesalom Maïsouradze (BN)
Música: Taímuraz Bakouradze
Producción: Grouzia Films
Duración: 82 minutos
Intérpretes: Gela Kandelaki (Gia Agladze), Gogi Chkheidze, Jansug Kakhidze, Irine Jandieri, Elene Landia, I. Mdivani, Marina Kartsivadze, Nugzar Erkomaishvili, Irakli Qoqrashvili (I. Qoqrashvili), N. Andjaparidze, Dea Ivanidze, Tamari Ishkhneli, T. Gedevanishvili, R. Baramidze, Robert Sturua, los habitantes de Tbilissi.

Esta película no cuenta nada, aunque dice mucho sobre la vida cotidiana de una gran ciudad de la Unión Soviética, Tbilissi. Muestra sus exiguos apartamentos comunitarios, sus edificios oficiales demasiado grandes, sus cafés atiborrados, sus negocios pintorescos. Este film de encanto difuso, que describe puntillosamente un pueblo generoso, es completamente atípico: evoca la obra de un Pagnol poco locuaz o de un Fellini modesto; reenvía al Milos Forman que desconoce la amargura en Los amores de una rubia (1965); es una versión menos graciosa, pero más espontánea, de Jacques Tati. La película es tan atípica como su autor, Otra Iosseliani (nacido en 1934), que vacilo entre la dirección orquestal, las matemáticas y la mecánica antes de entregarse al cine. Leámoslo: “… cuando termino una película, sigo viviendo, me ocupo de mi familia, de mis asuntos, bebo, canto. Y cuando advierto que ya no queda comida en casa, entonces vuelvo al cine”.

Fácilmente adivina uno los puntos en común con Guia, que solo trabaja cuando ya no queda nada por hacer. Tras varias películas en la tierra natal (Giorgobistve, Tudzhi, 1966, Iko shashvi Mgalobei, Pastorali, 1976) el director (que declara sin miedo que no le interesan las temáticas sociales pues no es ni Dios ni demiurgo y no cree en consecuencia poder hallar soluciones) es forzado a partir. Deja entonces la Unión Soviética y se exilia en Francia. Su único objetivo, dice, es “fijar su felicidad o su ternura sobre la pantalla y transmitírsela a los demás”. En Europa dirige media docena de películas en casi veinte años: Los favoritos de la luna (1984), Et la lumière fut (1989), La chasse aux papillons (1992), Brigands, chapitre VII (1996), ¡Adiós, tierra firme! (1999), Lundi matin (2002). Todas ellas han obtenido recompensas sin que su autor haya cambiado en lo más mínimo su método: el de un poeta hedonista que celebra las cosas pequeñas y la gente sencilla.

Fuente: Películas clave de la Historia del Cine, Claude Beylie, Editorial Ma Non Troppo

 

No hay comentarios

Deje una respuesta.