Aelita: Reina de Marte

Yakov Protazanov
Título Original: Аэлита (Unión Soviética), Aelita: Queen of Mars (Título Internacional)
País: Unión Soviética
Año: 1924
Género: Drama, Ciencia Ficción, Aventura
Guión: Aleksei Fajko, Fyodor Otsep basada en la novela de Alexei Tolstoi
Director: Yakov Protazanov
Fotografía: Yuri Zhelyabuzhsky (BN)
Producción: Mezhrabpom-Rus
Duración: 120 minutos
Intérpretes: Yuliya Solntseva (Reina Aelita), Igor Ilyinsky (Kravtsov), Nikolai Tsereteli (Los & Spiridinov, 2 ingenieros), Nikolai Batalovv (Gusev, ex-soldado), Vera Orlova (Masha, enfermera, novia de Gusev), Valentina Kuindzhi (Natasha Los como Vera Kuindzhi), Pavel Pol (Ehrlich), Konstantin Eggert (Tuskub, Rey de Marte), Yuri Zavadsky (Gor, guardian de la energía) Aleksandra Peregonets (Ihoshka, criada de Aelita), Sofya Levitina, Varvara Massalitinova, Mikhail Zharov, Tamara Adelheim, Iosif Tolchanov (astronomo barbudo de Marte).
En los primeros años de la Revolución Bolchevique, un joven ingeniero llamado Loss y su nueva esposa, Natasha, participan en la reconstrucción de Rusia después de la devastación de la Primera Guerra Mundial. Arduo trabajador y dedicado a la causa, Loss es sin embargo un individualista y –peor- un soñador. Esta obsesionado con un misterioso mensaje de radio, uno que el cree que podría venir de Marte.
Aelita fue la primera película soviética de ciencia ficción, la que se ha convertido en un icono debido a su diseño de arte constructivista.
En la película Aelita, la sociedad marciana es gobernada por un grupo de ancianos, donde la llamada reina, Aelita, no tiene real poder para gobernar. Los trabajadores son puestos en almacenes subterráneos fríos siempre que haya tareas para realizar, mientras que la información, los recursos y el acceso a la tecnología están controlados fuertemente. Cuando un brillante científico inventa un poderoso telescopio, Aelita lo seduce en orden de poder espiar a la gente de la Tierra. Ahí es cuando ve a Loss y Natasha abrazados y pronto se enamora del ingeniero. Ayudada por su ingeniosa y fiel sirviente, repetidas veces se arriesga a la ira de los ancianos experimentando comportamientos radicales, como besar, mientras se escabulle para observar cada movimiento de Loss.
Natasha está siendo cortejada por un funcionario soviético corrupto, y los celos están minando el sentido ya inestable de la realidad de su marido. Su tensión explota en violencia, quedando Loss con la única alternativa de disfrazarse como su amigo Spiridinov y comandar la nave espacial dirigida a Marte.
Una opera surreal del espacio.
Determinado a ganarle a Hollywood en su propio juego, la inexperta industria cinematográfica comunista destinó todos sus recursos en lujosos escenarios y disfraces marcianos futurísticos cuyo impacto visual ha influenciado hasta a la película Metrópolis de Fritz Lang (junto con varias películas mas). La extrañeza y belleza de la sociedad de Marte ofrece un agudo contraste a la mirada prosaica de Moscú, donde Loss y Natasha noblemente reconstruyen operaciones mineras y cuidan de los huérfanos de la guerra entre ataques a los sospechosos comportamientos de Natasha y los ataques de celos de Loss.
La otra gran virtud de la película es la actuación de Nikolai Tsereteli, tanto como el Ingeniero Loss y como su amigo Spiridinov. Su actuación como marido celoso, al mejor estilo Otelo, es completamente convincente. Para balancear la historia de los amantes condenados, los escritores Aleksei Fajko y Fyodor Otsep agregan dos personajes cómicos: un escandaloso ex soldado y un incompetente aspirante a policía, quienes finalmente lograr introducirse a la nave para viajar con Loss a Marte.
Aelita fue un proyecto del gobierno, así que no le sorprenderá a los espectadores que el arribo de la humanidad a Marte trae la revolución para los trabajadores marcianos oprimidos, o que la reina trata de usar la revolución para alzarse con el poder. Desafortunadamente, la historia se funde en un desorden alucinatorio justo cuando el conflicto debería ir en aumento, dejando a Loss y a la audiencia mas que un poco confundidos, aunque talvez agradecidos por el inesperado final feliz.
Más de ochenta años después de su creación, Aelita se mantiene evidentemente vigente y no debería faltar en cualquier lista de películas de ciencia ficción de cualquier fanático de la era del cine mudo.
Aelita es una película intrigante por derecho propio, pero el hecho de que también es un artefacto de la temprana era comunista le da un significado e interés extra.



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