Historia de un crimen

Historia de un crimenFerdinand Zecca
Título Original:
Histoire d´un crime
País: Francia
Año: 1901
Guión: Ferdinand Zecca
Director: Ferdinand Zecca
Decorados: Ferdinand Zecca
Fotografía: Ferdinand Zecca (BN)
Producción: Pathé
Duración: 110 metros (seis cuadros)
Intérpretes: Jean Liézer, Bretteau, Ferdinand Zecca

La primera década del Siglo XX es usualmente ignorada en la historia del cine, principalmente porque pareciera que es una fase post experimental natural en el desarrollo del medio. Esto es desafortunado, ya que el arranque de la creatividad no fue estorbado por otros factores externos (económicos, sociales, políticos) por primera y talvez la única vez en la historia del cine. En consecuencia, los directores eran libres de explorar las posibilidades de construir una narrativa a través de imágenes, regularmente abordando material controversial. Estas producciones fueron la fuente principal de inspiración (a menudo plagiado vergonzosamente hasta por maestros en el campo) para algunas de los mas famosas películas de décadas posteriores.

El sistema de perfecta competencia en el recientemente creado nicho de la industria del entretenimiento es indiscutiblemente la principal causa para la libertad artística. Los estudios pudieron estar detrás de las decisiones de los directores, mientras que eran pocos como para no saber que esperaban las audiencias de las películas. Sin embargo, ya se vislumbraba que la audiencia veía al cine como arte popular, más que como puro entretenimiento.

Para las mas exitosas películas de este periodo, el foco estaba mas en las emociones que en el intelecto. Asumiendo que el arte es antes que intenta crear una reacción emocional, una dimensión intelectual es un extra para el amante del arte interesado, cuando esta ahí, igualmente no es esencial para la apreciación del trabajo de una obra de arte. Lo que atraía al publico era que “directamente solicita la atención del espectador, incitando la curiosidad visual, y como suplemento, placer a través de un espectáculo excitante” en palabras de Gunning. Teniendo esto como punto de referencia, el éxito de una producción puede ser valorada en términos de placer, más que de consistencia narrativa. Este acercamiento utilitario al arte parece al principio insatisfactorio, y podría decirse incapaz de producir trabajos que surgieran por sobre el entretenimiento básico.

Historia de un crimen es un film que desafía las expectativas. Ferdinand Zecca, alguna vez artista de entretenimientos devenido en director de cine, se aseguro el titulo del primer director dramático en la historia, con una producción que se ocupa del crimen y sus implicaciones sociológicas. Así como en tantas producciones de la época, Zecca esta tratando de desarrollar el medio en orden de crear el factor de “asombro” del que hablaba Gunning, actuando tanto como un innovador y como un entretenedor.

La película tiene dos famosas novedades técnicas: la edicion a traves de una transición disuelta, y el uso de escenas retrospectivas para desarrollar una narrativa no linear. La disolución no cayo tan bien como esperaba, Zecca abandono dicha técnica después de varias transiciones. La retrospectiva, por otra parte, se asentó valientemente en la construcción del terreno de las películas. La clave yace en el hecho de que en Historia de un Crimen Zecca muestra la posibilidad de la película de mostrar dos acciones paralelas dentro del mismo marco sin generar confusión, abriendo técnicamente la posibilidad de la edición paralela.

 

El inserto del sueño aparece como un marco dentro del marco principal en el cual notamos un prisionero durmiendo en su celda. Sobre la cama, la linealidad de la narrativa es quebrada por la secuencia del sueño, que es esencialmente una retrospectiva del crimen cometido por el prisionero. La secuencia de Zecca trabaja introduciendo la historia paralela en el fondo de la acción inmediata (o no acción en este caso). La reacción de la audiencia no es la de sorpresa, sino la de participación en la historia disparada por la técnica innovadora. Para crédito del director, es sorprendente cuan fácil manejo la introducción de una secuencia potencialmente desorientadora teniendo en cuenta el limitado vocabulario cinematográfico de la audiencia. Usando la secuencia del sueño recordando el crimen, más que una retrospectiva, Zecca le lleva a la audiencia un trabajo que fácilmente puede ser entendido, sin usar el intelecto para racionalizar la historia.

Inicialmente, Historia de un crimen parece ser mas un sencillo cuento de un ladron que fue atrapado por las autoridades, presentando una historia moral. Mas aun, la trama pivotea desde el punto de vista del acusado (enfatizado por el hecho de que el es el soñador, el dueño del sueño en retrospectiva), significa que se le pide a la audiencia que no piense en retribución, sino en la de avenirse con el ofensor.  Desde esta perspectiva, la simple elaboración de la imagen del film explora las posibilidades de envolver a la audiencia en otras maneras de las hasta ahora maneras convencionales. 

Es en este punto que el entretenimiento popular se vuelve arte popular. El foco en la empatia permite una apreciación universal del film, mas aun, estimula al espectador intelectualmente. Esto nos lleva hasta la escena final de la película. Una vez que el prisionero despierta, es llevado a su ejecución. La guillotina es rapida, efectiva, nada sentimental, ensordecedora, horripilante, espantosa. Zecca cierra la película con la misma toma, la unica diferencia es que el cuerpo decapitado es dejado sin movimiento en la guillotina, su cabeza rodando en el piso, las paredes blancas de la sala de ejecución sucias con las sombras de la pesada y negra maquina, los verdugos discretamente conciliándose con su hazaña. Esta toma, que le pide a la audiencia que vea y piense, contrasta hermosamente con la brusca toma del crimen. La audiencia es hasta aquí no solo una audiencia espantada, sino también abandonada en el delirio de sus propios pensamientos.

Historia de un crimen recuerda una de las piezas del Dekalog (Krzysztof Kieslowski/Polonia/1988), la quinta, en la celebrada versión larga Krótki film o zabijaniu (Un corto film sobre asesinato) (Krzysztof Kieslowski/Poland/1988). La película de Kieslowski es elogiada por su entendimiento en la cuestion del castigo capital: asesinato legal como retribución de un asesinato criminal. La película de Zecca, aunque primitiva en comparación, trata el mismo tema con la misma fascinante efectividad. La diferencia yace en la manera en que ambos directores arriban a la misma conclusión. El inconformista frances emplea un acercamiento a traves del arte popular, usando la historia para elevar el estatus tecnico del cine, logrando en consecuencia un rebelde trabajo de arte en un tiempo en el cual el castigo capital era la norma. El director polaco, en cambio, emplea el medio para entregar un manifiesto contra la pena capital.

La película de Ferdinand Zecca es una de las muchas producciones de su epoca que trataron temas importantes, pero por varias razones han sido abandonadas en estantes polvorientos. Pero este film captura el momento cuando el cine fue elevado al estatus de arte capaz de atraer a su audiencia.

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