Bela Lugosi: Triunfo y Tragedia de un Mito

Bela Lugosi es con toda seguridad una de las figuras más trágicas e icónicas de la historia del cine, entendido éste tanto en su totalidad como en su vertiente del género de terror. Lugosi se haya, sin dudas, entre las grandes figuras del género, codeándose con genios de la talla de Lon Chaney, Boris Karloff, Vincent Price, Peter Cushing y Christopher Lee. Pero tiene algo de lo que todos ellos carecen. La figura de Lugosi siempre ha estado envuelta en un halo de misterio y drama, gloria y decadencia, que lo configuran como una estrella única dentro del celuloide.

Lugosi fue un gran hombre, de inmenso talento, cuya vida estuvo plagada de desgracia, sinsabores, frustración y humillación. Saboreó las mieles del éxito, tocó el cielo con su genial e insuperable interpretación del vampiro más famoso, el Conde Drácula, pero todo fue efímero. Consiguió hacer sus sueños realidad, pero despertó de ellos demasiado pronto y la gloria se le escapó de entre los dedos. Como Ícaro, voló demasiado alto, y el sol derritió sus alas. La caída fue muy dura. Pero ahí es donde reside su mayor logro, ahí está lo que hace que además de un gran actor, fuera una gran persona: demostró una inigualable tenacidad para enfrentarse a la adversidad de su destino, nunca flaqueó, y siempre mantuvo sus esperanzas. Su fe en su trabajo nunca se debilitó, y ahora su legado está más vivo que nunca, pues Lugosi nos dejó un buen número de clásicos imprescindibles para todo cinéfilo que se precie, y entre ellos, su Drácula, con el que nos mostró al que muy posiblemente es el villano más carismático y elegante que haya alumbrado Hollywood jamás.

Ahora, repasaremos la vida y la obra de este genio.

Bela Lugosi (1882 - 1956) nació el 20 de octubre de 1882 en Lugos, por aquel entonces, parte del Imperio Austro-Húngaro, y ahora conocido como Lugoj, en el Estado de Rumanía. De nombre real Béla Ferenc Dezso Blaskó, hijo de Paula de Vojnich y de István Blasko, católicos y familia numerosa (Bela tenía tres hermanos, de nombres Vilma, Laszlo y Lajos), la cual gozaba de buena posición social y económica (el padre era banquero). Pronto, el joven Lugosi empezó a demostrar afición por la interpretación.

Sin embargo, esta situación idílica acabó pronto, y Bela sufrió el primer golpe duro de la vida cuando su padre falleció teniendo él solo 12 años, y la economía familiar se desestabilizó tan rápidamente que el pequeño Lugosi tuvo incluso que trabajar como minero, en la mina de Resicabanya (hoy Resita) en muy duras condiciones. Pasar del cielo al infierno en tan poco tiempo parecía, irónicamente, una premonición de lo que luego sufriría en Hollywood. Cabe decir, en todo caso, que tal vez la vida de Bela antes de este hecho no fuera, en todo caso, tan idílica, pues en diversas entrevistas comentó sutilmente el haber recibido maltratos psicológicos por parte de su padre, persona dominante y absorbente.
Además de minero, Bela también desempeñó las profesiones de ferroviario, y de peón, levantando puentes, además de probablemente otras semejantes.

Tiempo después de la muerte de su padre, cuando la situación familiar se estabilizó, Bela comenzó a estudiar interpretación en la Academia de música y artes de Budapest. Había cursado sus estudios previos en el llamado Gymnasium estatal superior de Lugos, con buenas calificaciones.

Pronto comenzó su carrera teatral, con tal fuerza que a los 19 años ya era una estrella en su país. Por aquel entonces usaba el nombre artístico de Arisztid Olt (no imaginaba el peso que tendría el nombre “Bela Lugosi” en el futuro). En el teatro, encarnó toda clase de personajes, muchos de ellos provinentes de obras de Shakespeare, pero también indagó en géneros que luego Hollywood le vetaría, como la comedia. En cierta ocasión, llegó incluso a interpretar a Jesucristo. Fue Romeo, Hamlet y Macbeth, así como el conde Weonsky de “Ana Karenina”, por citar roles de protagonista. Con frecuencia interpretaba papeles de galán. En esta época, ya tenía fama de mujeriego, y tuvo múltiples conquistas. “Ligón” crónico, en todos sus posteriores matrimonios demostraría ser infiel por naturaleza. Sin embargo, y pese a ello, Bela era una persona muy seria y dedicada a su trabajo. Actuó en los mejores escenarios de su país, como el teatro de Szeged, el Magyar Szinh de Budapest y el Teatro Nacional Húngaro de Budapest, con una profesionalidad intachable.

Pese a su condición de estrella naciente, participó en la 1ª Guerra Mundial, como teniente del 43 regimiento de infantería en el ejército del Imperio Austrohúngaro (que fue el bando derrotado), distinguiéndose en un par de acciones, y recibiendo incluso una herida en la pierna que nunca llegó a sanar. Tras el derrumbamiento del Imperio, Bela siguió participando en política, e incluso fundó un sindicato de actores.

En 1917 se casó con Ilona Szmik, de quién se divorciaría en 1920 (por motivos ya indicados). Sería el primero de sus 5 matrimonios. Su vida sentimental fue tan turbulenta como la profesional. Pero entonces, 1917 le resultó un año dulce. En dicho año, protagonizó su primera película: “Az ezredes” (“El coronel”). Entre 1917 y 1918, protagonizó otras veinte más, como “Droschke 99”, “Az Élet királya” (el retrato de Dorian Gray, en versión de 1918), "Nagymama naplójából” / “Lili”, “Álarcosbál”, “Lulu”, “Tavaszi vihar”, “Casanova” “Küzdelem a létért”, “A Régiséggyüjtö”, “Leoni Leo” y “Nászdal”, entre otras, y aunque la mayor parte de las cuales están perdidas, otras se conservan como tesoros en la filmoteca de su país.
Pero, nuevamente, su tranquilidad fue efímera: las crisis políticas de su país le obligaron a emigrar, primero a Alemania y luego a los Estados Unidos.

En Alemania interpretó diversos títulos comerciales y de calidad, principalmente adaptaciones de novelas de Karl May, como “Auf den Trümmern des Paradieses” y “Die Todeskarawane”, siendo su pareja habitual la actriz judía Dora Gerson. Alcanzó prestigio crítico y social, y tuvo la ocasión de trabajar con grandes directores como Michael Curtiz (futuro director de “Casablanca”, y por aquel entonces acreditado como Kertesz) y Murnau (irónicamente, realizador de “Nosferatu”) que le brindó la ocasión de aparecer en su primera gran película de terror, “Des Januskopft”, de 1920, adaptación / plagio de la clásica historia de Jekyll y Hyde (como “Nosferatu” con Drácula), siendo aquí conocido el personaje como Dr. Warren (el título alude a Jano, el dios romano de las dos caras). Bela encarnó en la cinta al mayordomo de Jekyll, y su personaje, al igual que en la mejor versión del relato, la protagonizada por el oscarizado Fredric March en 1931, “El hombre y el monstruo”, tiene un papel importante pero no crucial en el relato. Por lo demás, también co-protagonizó una de las primeras versiones de “El último mohicano”, en esta etapa de su carrera.

La situación en la Alemania de los albores del nazismo no era agradable, lo que motivó su partida casi furtiva a los EEUU en octubre de 1920, pese a no desenvolverse con soltura en el inglés. Otros, como Fritz Lang o los citados Curtiz y Murnau, acabarían siguiendo sus pasos.

Con sus recursos muy limitados, pero ya en América, Bela no pudo legalizar su entrada en el país hasta marzo de 1921. Según los registros, medía 1.85 m y pesaba 82 kilos.
Ese mismo año conoció a Ilona Von Montag, pero también se divorciaría de ella al poco tiempo, en 1924. Los motivos, los habituales….

Fue en esta etapa de emigrante cuando empezó a utilizar de forma definitiva el nombre de Bela Lugosi (que vendría a significar “Bela de Lugos”), que utilizó ocasionalmente en Europa (como en la película “99”; de 1918).

Bela, empobrecido, se encontró con que su estatus de estrella en Hungría y Alemania no le servía de nada en América, lastrado por su marcado acento húngaro (un problema que Peter Lorre, compatriota suyo, no tenía), del que no se desprendería nunca. Pero, orgulloso, pretendió obtener en América aquello que ya consiguió en su tierra: el estrellato.

Tras deambular por el país en representaciones ocasionales, y desempeñando diversos oficios no teatrales, participó en una obra de teatro en 1922 (“The red poppy”) y consiguió debutar en Hollywood con la película "The silent comand", con un brevísimo papel. Apareció en diversas producciones mudas de la época, destacando entre todas ellas con luz propia “He who gets slapped” en la cual compartía cartel con el genial Lon Chaney (“El fantasma de la ópera”, “El jorobado de Notredame”), la gran leyenda del cine de terror mudo. El papel de Lugosi era en ésta, como en todas las otras, muy pequeño. Hoy en día resulta casi imposible encontrarle en dicha película si no se sabe previamente quien es, pues no llega a tener ni siquiera diálogo. Otra película destacable sería “Black camel”, casi contemporánea de Drácula, donde interpretaba el papel de jeque.

Lentamente, su condición de extranjero le iba encaminando a interpretar papeles de villano y le encasillaba. Tenía un contrato fijo (aunque no exclusivo) con la Metro Goldwyn Mayer, pero ésta le asignaba papeles de escaso interés. El estrellato quedaba lejos y la Metro no le valoraba (irónicamente, en un reciente documental conmemorativo del aniversario de la Metro, ésta se vanagloria de haber “descubierto” a Bela Lugosi…).

Sin embargo, pudo aproximarse al mundo del cine y llegó incluso a contraer matrimonio con la millonaria Beatrice Woodruf Week, que duró escaso tiempo, debido a una aventura de Bela con la estrella del cine mudo Clara Bow. El matrimonio duró, pues, menos de un año.

Bela tuvo más suerte en el teatro: se presentó a las pruebas para la nueva obra de Hamilton Deane y John L. Balderston. El título: Drácula. El éxito: inmediato, tanto de crítica como de público. Lugosi era el villano, pero al fin, también la estrella. Tan arrollador fue el impacto de la obra, que Carl Laemmle Jr. pensó que su compañía, la Universal, podría adaptarla al cine en 1930. Pero Lugosi no fue considerado para el papel, que debía ser interpretado por Lon Chaney, el cual ya dio vida a un vampiro en “London after midnight” (si no consideramos el giro argumental final del relato). Su trágica enfermedad y consiguiente muerte, de cáncer, así como la renuncia de otro gran actor, Conrad Veidt (“El gabinete del doctor Caligari”, “Casablanca”), posibilitaron que Lugosi tuviera opciones. Pero ni aún así fue fácil. Pese a su éxito previo teatral en el rol del Conde, Universal no le quería.

Lugosi se esforzó mucho para lograr el papel. Inició una larga y duradera correspondencia con la viuda Stoker para que cediera los derechos al cine de la novela Drácula (recordemos el escándalo habido por el plagio de la genial “Nosferatu”, que no pagó por los derechos de la obra). Lugosi, con su labia, convenció a la viuda para que vendiera los derechos de la obra, y no solo eso, sino que incluso por un precio muy bajo. Siempre se ha rumoreado, un tanto maliciosamente, que el carismático Bela consiguió seducir a la viuda Stoker por carta. Otras versiones indican que llegó a conocerla en persona. No sería extraño todo lo anterior, ya que de las pretensiones originales de Florence Stoker (200.000 dólares) a la cantidad finalmente estipulada (40.000) hay un gran trecho.

Exhibiendo estos logros, así como su éxito en el teatro, y aceptando cobrar un salario muy bajo (el insufrible David Manners, que encarna en la película a Jonathan Harker, cobró mucho más que él, en concreto, frente a los 3500 de Bela, posiblemente hasta 4 veces más), Lugosi consiguió el papel. El mito había nacido.

El director Tod Browning (responsable de obras maestras como “Freaks” / “La parada de los monstruos), maestro de lo oscuro, lo macabro y lo trágico en el cine (a día de hoy su equivalente sería el no menos magnífico Tim Burton) dirigió la película, que bebía más de la obra de teatro que de la novela. Hubo limitaciones presupuestarias, desconfianza por parte de Universal (que dudaba del potencial de la cinta), e incluso Tod Browning parecía tan incómodo por no poder trabajar con Lon Chaney, como con el cine sonoro, que era aún una novedad entonces. También la censura puso trabas, dañando el guión y limitando bastante algunos aspectos de la cinta, a diferencia de lo ocurrido con la antes citada “El hombre y el monstruo”, también excelente película de terror del mismo año, pero posterior, que mostraba escenas de violencia y sexo más explícitas de lo que se podía esperar por aquel entonces (y tal vez por ello estuvo retirada del mercado 30 años y dada por perdida hasta los años 70).

Volviendo a nuestro “Drácula”, la película superó todos los problemas y se convirtió en una obra maestra, pionera del género de terror y título referencial de éste. Se estrenó el 12 de febrero de 1931 en el Teatro Roxy de Los Ángeles, con éxito inmediato.

La película resultó enormemente impactante: la atmósfera macabra que creó Karl Freund (director de fotografía), así como el extraño ritmo de la cinta, casi onírico, debido al modo en que fue adaptada la obra de teatro y al montaje, fueron el perfecto marco para la poderosa interpretación de Bela Lugosi como el malvado conde vampiro, frío, cruel, desalmado, elegante, carismático, sutil, manipulador, culto, aristocrático y muy inteligente. Era un villano como el público jamás había conocido. Si todos los villanos con protagonismo del cine mudo eran en general grotescos y deformes (como los magníficos personajes de Lon Chaney o las brutales encarnaciones de Mister Hyde), con la salvedad de los de Theda Bara, Drácula era todo lo contrario: fascinante, carismático, “glamuroso”, distinguido e incluso atractivo para las mujeres (se cuenta que muchas se desmayaban en el cine o en las obras de teatro de Lugosi, y no precisamente de terror…), como un nuevo Rodolfo Valentino. Este Drácula contiene elementos de sátira social, al ser un hipócrita, un monstruo que se oculta tras su fachada socialmente respetable para perpetrar sus acciones. Va a la ópera, se mueve en los círculos sociales más sofisticados, haciendo gala de su educación y su buen gusto, e incluso visita a sus víctimas, regodeándose en su impunidad. Se trata de un perfecto antecedente para villanos mucho más modernos (y no vampíricos) como Hannibal Lecter, Catherine Tramell, Hans Gruber o incluso la mitad de la galería de enemigos de James Bond. Así pues y en cierto modo, este Drácula es más cercano a los modernos psicópatas que a la repugnante y odiosa encarnación del mal que magistralmente describió Bram Stoker, y que era siempre instintivamente rechazado por sus semejantes, a los que repugnaba.

El crítico José María Latorre define bien al Drácula de Lugosi como “un personaje a medio camino entre el aristócrata vicioso y decadente y el galán maduro y distinguido cuya aura misteriosa le hace destacar en una sociedad donde la cortesía y las buenas maneras son la fachada de la represión”. José Manuel Serrano Cueto, en su libro sobre el tema, lo define como “un seductor, un encantador de serpientes […] más peligroso que Orlok [Nosferatu] porque la maldad que en Orlok se aprecia a simple vista, en el Drácula Lugosiano está disfrazada de cortesía, de buenos modos, de correcta apariencia. Con su buen trato se gana la confianza de todos los que lo rodean. […] Un Drácula diferente a todos.”. También otros, como el muy prestigioso en EEUU, Leonard Maltin, han analizado y elogiado efusivamente este gran trabajo, por el cual el tiempo no pasa, definiéndolo como carismático y diabólico. Ronald V. Borst afirmó que el arranque de la cinta constituía los que eran probablemente “los mejores primeros 15 minutos de la historia del cine de terror”, y define a Lugosi como “legendario”. El mítico novelista Ray Bradbury afirmó en un artículo, recogido por el crítico anterior, que esta película era una obra de “perfecto terror” y que era uno de los mejores recuerdos de su infancia. También dedicó elogios a su protagonista y a Dwight Frye, que interpreta genialmente a Renfield, el demente, en la misma. Y así, se podrían contar por miles las alabanzas recibidas por el Drácula lugosiano. Y es que este Drácula, sin ni siquiera enseñar los colmillos, creó una atmósfera de terror que otras versiones no pueden igualar ni con sangre a borbotones.

El taquillazo de Drácula fue enorme, incluso pese a la proximidad del crack del 29, y las buenas críticas afloraron por doquier, aunque no con unanimidad, dado el carácter polémico de la cinta. Lugosi fue aclamado. Y aunque bien mereció un Oscar, no recibió ni siquiera una nominación. Lo que sí obtuvo fue un contrato con la Universal, así como la nacionalidad americana en junio de 1931.

Bela se convirtió en la estrella más famosa de ese año. Recibió más cartas de fans que el mismísimo Clark Gable. El público le adoraba. Le llovían las ofertas de papeles. Su caché se multiplicaba…. Y entonces empezó a planear la sombra del fracaso sobre él. Nuevamente, la gloria le sería denegada al poco de empezar a saborearla.

Lugosi cometió un error fatal: la vanidad le impidió aceptar el papel del monstruo de Frankenstein (aún hoy pueden verse fotos de sus pruebas de cámara para el personaje, en las que exhibe un maquillaje semejante al del Golem) puesto que no lo consideraba interesante “al carecer de diálogo”. Debemos recordar que una de las mejores armas de Lugosi era su voz, pues su especial acento había conferido de un carácter único al personaje de Drácula. Su pronunciación y su ritmo lento, casi arrastrando las sílabas fueron la rúbrica de una interpretación genial. Su intensa mirada, otro de sus puntos fuertes, también quedaría empobrecida por un personaje que implicaba párpados caídos. O al menos, así lo veía él. Mudo y grotesco, para Lugosi el monstruo de Frankenstein era un personaje al que consideraba humillante interpretar. Nuevamente el destino se burlaría de él unos cuantos años después, pues se vio obligado a encarnarlo, no para defender su estrellato, sino meramente para sobrevivir económicamente.

Sin Lugosi, Universal buscó a un nuevo actor para la criatura y encontraron a uno conocido como…. Boris Karloff. El reinado de Lugosi duraría solamente desde el estreno de Drácula hasta el de Frankenstein.

Si Drácula era la encarnación pura de la más exquisita maldad, Frankenstein, en cambio, era trágico, un monstruo que al mismo tiempo era una víctima. Un ser que, en vez de fascinar al público (como Drácula), hacía que el espectador se identificara con él. Esta interpretación se asemejaba más al trabajo de Lon Chaney, que gozaba de gran éxito popular.
Siguiendo esta vertiente continuista con Chaney, y aprovechando el inesperado triunfo de Karloff, Lugosi fue progresivamente rechazado. Había interpretado a un personaje que era demasiado moderno para su época. Además, Universal prefería tratar con Karloff que con Lugosi, pues Bela tenía mucho carácter (y algo de mal genio) y siempre que podía, discutía el enfoque artístico y técnico del proyecto.

Otro punto a favor de Karloff consistía en que era británico, mucho más americano ante el público que el húngaro Lugosi. La latente xenofobia del espectador le hizo mucho daño. Lugosi ni siquiera podía ocultar su acento. Y con el tiempo, Karloff pasó de ocupar el registro propio de Chaney (villanos trágicos como su magistral encarnación de “La momia”) a apropiarse también de los del propio Lugosi (como prueba de ello, su excelente interpretación en “Satanás” de un arquitecto psicópata y sádico).

Pero el declive de Lugosi no fue inmediato. Participó en la primera versión de “La isla del doctor Moreau” ("La isla de las almas perdidas" (1932) de Erle C. Kenton), con Charles Laughton, e interpretó a una de las aberraciones mutantes del doctor, demostrando que también podía encarnar personajes deformes. También encarnó al psicópata de "El doble asesinato de la calle Morgue" (1932) de Robert Florey, adaptación libre de la obra de Poe, con muchos elementos del doctor Caligari. Hay dos anécdotas reseñables de la película, una simpática, y la otra odiosa. La simpática radica en que tuvo que repetir muchas veces la escena del discurso inicial, porque un censor consideraba su interpretación “demasiado sexy” (literal, como señala Juan Manuel Serrano Cueto en su libro sobre Lugosi y el terror de Universal). Resulta gracioso ver lo pueril de los censores de la época, considerando el grotesco maquillaje con entrecejo de Lugosi en la película.

La anécdota desagradable tiene que ver con Sidney Fox, la actriz co-protagonista de la película. Resulta que era la amante del productor, y ello motivó que apareciera acreditada la primera, antes que Lugosi, pese a su menor presencia en escena, y su interpretación inferior (Sidney Fox no era precisamente Marlene Dietrich). Esa fue la primera humillación que recibió Lugosi de Universal, que le hizo iniciar una violenta discusión con el productor, que acabó apartando a Bela de la compañía una temporada.

Resentido, Bela empezó a frecuentar el cine independiente (en esto también fue un pionero) y además, en 1933, contrajo matrimonio por tercera vez, con Lillian Arch, su esposa hasta 1953 y su relación más estable. Una parte de su vida comenzaba a equilibrarse, al menos. Con ella tuvo a su único hijo, Bela G. Lugosi.

En el cine independiente protagonizó la mítica “La legión de los hombres sin alma” (“White Zombie”), donde encarnó a un personaje muy “a lo Drácula”, el despiadado y carismático nigromante Murder Legendre, que cimenta su reinado de terror con la ayuda de su ejército de zombis. Es la primera película de zombis de la historia del cine, y otro punto más donde Lugosi resulta pionero. Resulta también uno de los grandes papeles del actor hungaro. La película tuvo una pseudo-secuela (“Revolt of the zombies”, donde Lugosi tuvo solo un breve cameo, fruto de reciclar escenas, y que fracasó estrepitosamente).

En cambio, para los grandes estudios, Bela protagonizó un remake de “London after midnight”, la magnífica película muda de Lon Chaney, hoy perdida, llamada “The mark of the vampire”, que resultó innecesariamente cómica y poco satisfactoria. Lugosi aparecía más en el trailer que en la propia película. Ray Bradbury califica directamente a la cinta como “un timo”. Otros críticos, como Juan Andrés Pedrero Santos, afirman que es una maravilla… En todo caso, la caracterización de vampiro de Lugosi (que diseñó su propio vestuario) fue lo mejor de la cinta.

También protagonizó seriales cinematográficos como el de Chandu y el del Doctor Dorkas, ambos refundidos en películas, que serían respectivamente las curiosas, pero prescindibles “Chandu in the magic island” y “El acecho del fantasma”. De Chandu el mago debe decirse que fue el personaje que inspiró a Stan Lee para crear al Doctor Extraño (Doctor Strange), héroe de cómic.

Bela ansiaba, sin embargo, interpretar papeles “normales”, de héroe o de galán, no siempre de monstruo, y se sentía frustrado por no lograrlo. Movió hilos para ello, pero fracasó de nuevo. Apareció en la comedia “Ninotchka" (1939), de Ernst Lubitsch, pero en vez de dar vida al protagonista, como quería, se tuvo que conformar con un pequeño papel de villano soviético. Dicha película habría sido perfecta para dar un giro a la carrera de Lugosi, pues hablando en ella también la estrella, Greta Garbo, con un marcado acento, la traba habitual de Lugosi en el cine para el público de la época, habría quedado menguada, y Bela habría exhibido sus dotes cómicas y su talento de actor completo. No pudo ser. El premio de consolación fue que al menos, en la segunda temporada de “Chandu”, Lugosi interpretó al héroe, Chandu, en vez de al villano, el megalómano Roxon, como en la primera.

Mientras tanto, Universal decidió emparejar a Lugosi y Karloff en una serie de películas de terror. Karloff (no lo olvidemos, también un gran actor) cobraba el doble que Lugosi, su nombre aparecía el doble de grande en los créditos y su personaje tenía más peso en la película. Lugosi se conformaba con, simplemente, actuar mucho mejor….

"Satanás" (1934) de Edgar G. Ulmer, fue el primero de sus encuentros (ignoraremos “El don de la labia” y “El castillo de los misterios”, al ser comedias en las que hacen meros cameos alargados).

En “Satanás” (“The Black cat”) en referencia a Poe, Lugosi tiene la posibilidad de encarnar a un héroe, aunque de rasgos siniestros, Vitus Verdegast, que pretende vengar a su esposa y su hija fallecidas a manos del sádico y retorcido Poelzieg (Karloff). La escena final en la que Lugosi despelleja salvajemente a Karloff tras una pelea brutal, para así hacerle entender el dolor que ha causado a miles de víctimas inocentes, así como otra escena previa en la que Lugosi y Karloff se juegan la vida de una mujer en una partida de ajedrez (si Karloff gana, la mata, si gana Lugosi, se le permite escapar) son escenas muy poderosas, que configuran a la cinta como una de las mejores de ambos genios.

"El cuervo" (1935) de Louis Friedlander, inmediatamente posterior y estilísticamente casi una secuela de la anterior, motivada por su éxito, muestra a Lugosi y Karloff volviendo a sus roles de siempre. Si el elegante Drácula de Lugosi ya resulta una influencia para Hannibal Lecter (Stephen King afirma en su publicidad del libro “Hannibal” que “Hannibal Lecter es el Drácula de la era de los ordenadores”), el personaje de Bela aquí, en “El cuervo”, el Doctor Richard Vollin, es más todavía, si cabe, un antecedente directo del Doctor Lecter, al ser un doctor en medicina y psicópata, con los atributos habituales de Lugosi (elegancia, inteligencia, refinada crueldad, etc…) y una curiosa sensibilidad literaria y personal. Una nueva interpretación genial.

Siguieron la serie dos títulos (“El poder invisible”, de 1936 y la muy posterior “Viernes negro”, de 1940) en los que el personaje de Lugosi menguaba todavía más frente a Karloff. En “Viernes negro” está totalmente desperdiciado. Da vida a un gangster, pero sus líneas son tan escasas como patéticas (su personaje es simple, cobarde y mezquino) y su muerte (asfixiado en un armario) totalmente ridícula. Bela seguía completamente encasillado, pese a haber interpretado a héroes en “Satanás” y “El poder invisible” (donde da vida a un bondadoso científico). Si salía del registro de villano era solo para convertirse en villano secundario y víctima potencial.

En todo caso, ambos títulos, “El poder invisible” y “Viernes negro”, resultan interesantes, más el primero que el segundo. Debe decirse, a título de anécdota, que “Viernes negro” estuvo a punto de llamarse “Viernes 13” (si vemos los créditos, apreciamos que incluso aparece el dibujo de una hoja de calendario marcando esa fecha). Obviamente, no trata de las andanzas de Pamela y Jason Vorhees, sino de una venganza entre mafiosos, con trasfondo sobrenatural.

“El poder invisible” tiene un guión muy bueno, aunque al servicio de Karloff, con una base psicológica muy trabajada. Karloff interpreta a un científico taciturno e introvertido, que adquiere el poder de destruir todo lo orgánico que toca. Lugosi (en el papel más positivo, a nivel moral, de toda su carrera) es su amigo, un médico filantrópico que pretende ayudarle. Pero la mente de Karloff empieza a retorcerse y comienza a sufrir delirios paranoides y megalómanos. El final degenera en una carnicería y es la propia madre de Karloff la que acabará matándolo. Una cinta muy recomendable para ver a Bela en un registro diferente al que nos tiene acostumbrados, y nueva muestra de su versatilidad.

Sobre “Viernes negro”, debe decirse que fue un descomunal fracaso en taquilla, lo que hizo que Lugosi y Karloff interrumpieran su serie de colaboraciones.

Paralelamente, las películas independientes en las que participaba Bela eran cada vez más mediocres, pero al menos en ellas él aún era el protagonista. Eran técnicamente pobres, pero algunas tenían buenos argumentos. Participó en muchas de la clausurada Monogram, así como en las de otras efímeras compañías, que no conoceríamos de no haber tenido la fortuna de haber contado con Lugosi como protagonista. Llega incluso a viajar a Inglaterra en 1935 para filmar “The Phantom Ship”, la primera película de terror de una incipiente compañía británica. Su nombre: Hammer Films, la mítica compañía que décadas después revitalizaría personajes como Frankenstein y Drácula, y convertiría en estrellas a Peter Cushing y Christopher Lee. Bela les marcó el camino. En esta película, Lugosi interpreta a un marinero psicópata que diezma a la tripulación de un barco, el Mary Celeste. Se infiltra entre ellos haciéndoles creer que es un anciano manco y decrépito. Finalmente, los mata a todos y se alza triunfante como capitán del barco. A continuación, probablemente escapa, o bien, se suicida, tras haber vencido (como en la novela de Agatha Christie “Diez negritos), resulta ambiguo de decir cual de las dos cosas ocurre. Lo que está claro es que es una película realmente atípica, seguramente la primera jamás filmada en la que el asesino resulta triunfante. Toda una rareza muy difícil de encontrar hoy día, pero que vale la pena.

Lugosi fue arruinándose progresivamente. Aunque trabajó en el teatro (en Broadway y en giras por América), recuperando a Drácula, su situación financiera era muy delicada. Tanto que tuvo incluso que pedir prestado dinero para pagar la factura del hospital cuando su hijo nació en 1938.

Revitalizó parcialmente su carrera al interpretar al pérfido y deforme Ygor en 1939, en “El hijo de Frankenstein”, con Basil Rathbone (en un papel que rechazó Claude Rains) y Boris Karloff (en su última y peor encarnación de su magnífico e irrepetible monstruo). Tan bien lo hizo Lugosi que algunos críticos (no quien esto escribe) piensan que su papel de Ygor fue mejor que el de Drácula.

Pero como siempre, las cosas solo mejoraron un poco para empeorar muco más. Como hemos dicho, el batacazo de “Viernes negro” en 1940, le dañó mucho. Por lo menos, recuperó a Ygor en la mediocre “El fantasma de Frankenstein”, siendo nuevamente lo mejor de la película su interpretación.

Siguió protagonizando películas de serie B en compañías paupérrimas, aunque también hubo en ellas algunos buenos títulos como “Los ojos misteriosos de Londres” y “El fantasma invisible”. La primera se basa en un relato de Edgar Wallace, y trata sobre un despiadado timador, que extiende pólizas de seguros a nombre de ciegos (víctimas indefensas), para luego asesinarlas y cobrar la prima. Pese al nombre español (“Los ojos misteriosos…”), resulta mas adecuado el título original, “The human monster”, pues, aunque en ella, Orloff (Lugosi), tiene a su servicio a un ser deforme, el verdadero monstruo es él. Resulta uno de los personajes más malvados del actor, y su muerte, ahogado en cemento y barro, es antológica.

En cambio, “El fantasma invisible”, relata la historia de un viudo atormentado por su amor perdido, que padece un brote esquizoide y se convierte en un asesino en serie. Resulta una película muy recomendable.

Pese a triunfos artísticos como estos, Universal solo le llamaba para papeles ridículos en películas como “El gorila”. No había más suerte con las otras grandes productoras. Aunque encarnó el papel de villano en la cuarta película de “El Santo”, con George Sanders (quien hacía el personaje de Simon Templar que luego interpretarían Roger Moore y Val Kilmer), era un papel muy por debajo de sus posibilidades. De hecho, el gangster al que daba vida Lugosi, se pasaba media película durmiendo (literalmente). Sin embargo, pese a decepciones como éstas, Bela nunca dejó de tomar en serio su trabajo, ni arrinconó su profesionalidad. La interpretación era su vida y se sentía orgulloso de sus logros. Aparecía en 4 o 5 películas por año, cintas que a día de hoy son rarezas buscadas por cinéfilos y mitómanos, con estatus de películas de culto, habiendo algunas especialmente interesantes como “Dragones negros” (película de espías, en la que da vida a un antihéroe que lleva a cabo una sangrienta venganza contra unos agentes japoneses, y en la que incluso interpreta dos escenas de acción) o “The corpse vanishes” (cinta truculenta y con elementos necrofílicos y de amor maldito/imposible), filmes que sin ser excelentes, resultan interesantes, y que de haber tenido mejor director y guionista, serían grandes clásicos. El público, en todo caso, no le olvidaba en aquellos años (ni ahora).

Pero la desgracia le golpeó de nuevo. Las heridas sufridas durante la guerra se habían convertido en un mal crónico para él, y tras probar remedios naturales sin mitigar su dolor, el médico le recetó opiáceos. Lentamente, y sin pretenderlo, se convirtió en un drogadicto.

Gastó su último cartucho al ofrecerle a Universal protagonizar su nuevo proyecto, “El hombre lobo” (1941). Fue rechazado y el papel otorgado a Lon Chaney junior, pero a Bela se le permitió encarnar, a modo de homenaje, el papel del gitano Bela, el otro hombre lobo de la cinta. Completó el reparto el excelente Claude Rains (en el mismo personaje de Anthony Hopkins en el remake de 2009). A día de hoy, revisando este gran clásico, podemos afirmar que Rains y Lugosi superan interpretativamente al protagonista, pese a tener éste el papel más interesante, y a ser su interpretación muy buena, a pesar de su carencia de experiencia.

Paralelamente, Universal había arruinado la franquicia de Drácula con mediocres continuaciones como “La hija de Drácula”, o peor aún, “El hijo de Drácula”. Ésta es muy pobre técnicamente, en parte por culpa de la interpretación de Lon Chaney Jr, que carecía del carisma tanto de su padre biológico (Lon Chaney) como de su padre argumental (Drácula/Lugosi). Cuando el actor intenta ser terrorífico, solo consigue que parezca sufrir dolor de estómago. Conscientes de sus limitaciones, los dirigentes de Universal hicieron que el verdadero villano de la historia fuera una femme fatale que manipula al hijo de Drácula (de nombre, por cierto, Alucard). En defensa de Lon Chaney junior cabe decir que en papeles como el del trágico hombre lobo Larry Talbot, al que encarnó en la franquicia que se abrió, se defendía mucho mejor.

En cambio, en “La zíngara y los monstruos” y “La mansión de Drácula”, el Drácula interpretado muy correctamente por John Carradine, y con porte aristocrático, no era más que un pelele atrapado en un guión confuso y autoparódico que hacía un cóctel de monstruos de la Universal.

En 1943, Lugosi, casi en bancarrota y muy enfermo, finalmente se doblegó y aceptó interpretar a la criatura de Frankenstein en “Frankenstein y el hombre lobo”. El resultado es desastroso. Lugosi interpreta en la película al monstruo como quedó en “El fantasma de Frankenstein”, o sea, ciego y con el cerebro de Ygor en su cráneo. Luego, el montaje final eliminó su ceguera y sus diálogos, dando como resultado un monstruo ridículo y torpe (sin saber que estaba ciego, lo que parecía era que estaba toda la película borracho) que le acarreó la burla del público y la crítica. Lugosi se sintió personalmente humillado, pues la modificación se hizo sin su consentimiento e incluso sin aviso.

Su vida y su obra siguieron una espiral descendiente. Protagonizó películas como “El retorno del vampiro”, revisión de Columbia sobre el vampirismo, y secuela inconfesa de Drácula, donde Lugosi da vida al Conde Tesla, que reside en el Londres asediado por las bombas V-2, y que resulta técnicamente superior a “Drácula”, pero argumentalmente inferior, siendo su mayor acierto las notas de romanticismo y tragedia que incorpora; o bien “One body too many”, una comedia negra que sube enteros cada vez que él aparece, en su caracterización de mayordomo “quemado” por su trabajo y que pretende envenenar a todo aquel al que encuentre, aunque las circunstancias provocan que nadie pueda llegar a beberse los brebajes que él ofrece disfrazados de martinis. Pese a que el guión de la película es muy flojo, y tiene una mezcla mala de comedia y terror que recuerda a los remakes de “The bat” y “The cat and the canary”, lo cierto es que las escenas de Lugosi son muy buenas, al igual que ocurría en la muy mediocre “La casa encantada” (“Ghosts on the loose”) en la que solo se salvan las interpretaciones de Bela y Ava Gardner.

En 1945, RKO volvió a reunir a Lugosi y Karloff para la tardía “El ladrón de cadáveres”, donde el personaje de Lugosi sufrió múltiples recortes, hasta el punto de que apenas aparece en la cinta, y su única escena memorable es la de su muerte. En todo caso, debe decirse que la publicidad de la época mencionaba a Lugosi como si su peso en la cinta fuera mucho mayor. Debe elogiarse el excelente papel de Karloff en la película, que se inspira en un hecho verídico, las andanzas de los ladrones de cadáveres Burke y Hare.

En “Scared to death” (1947), Lugosi aparece en su primera y única película en color. Es casi lo único reseñable, además de que la banda sonora recuerda un poco a la composición de Ennio Morricone para “La cosa” de John Carpenter. Por lo demás, el guión es de los peores que Lugosi interpretó nunca.

En “Abbot y Costello contra los fantasmas” (“Abbott and Costello meet Frankenstein”) (1948), Bela, visiblemente muy envejecido, interpreta por segunda vez al conde Drácula, ahora para ser blanco de las burlas de los payasos Abbott y Costello. La película era una parodia, como casi todo lo que haría a continuación Bela. Y, en cierto modo, graciosa (aunque muy tonta), de no ser por el hecho de que Bela casi parece que se vaya a echar a llorar en cada secuencia. Está deshecho y su tiempo de gloria hace mucho que expiró.

Y a los otros genios del terror de la época (Karloff, Peter Lorre, Conrad Veidt, John Carradine y Claude Rains) las cosas no les van mejor. Sus continuos fracasos en taquilla amenazan entonces la mismísima continuidad del género de terror, que va entrando en decadencia a favor de la ciencia ficción de viajes espaciales, extraterrestres y monstruos gigantes. Claude Rains, Peter Lorre y Conrad Veidt cambian exitosamente de género. Claude Rains (inolvidable como “El hombre invisible”) consigue incluso trabajar con Hitchcock y llega a atesorar cinco nominaciones a los Oscar de la Academia. Bela no tiene tanta suerte. Se dedica al teatro y solo vuelve al cine para protagonizar engendros como “Mother Riley Meets the Vampire” o “Bela Lugosi Meets a Brooklyn Gorilla”, que son presuntas comedias y auténticas tonterías.

Lugosi se divorció de nuevo en 1953. Se quedó solo y enfermo. Su situación personal era extrema. Ni siquiera trabajaba, estaba siendo olvidado. El Bela Lugosi de esta época suele ser descrito como solitario y muy excéntrico, durmiendo en un ataúd, viajando en un coche fúnebre, obsesionado con sus glorias pasadas, y enloquecido por su mejor papel, casi como si Bela fuera un personaje escapado de “El crepúsculo de los dioses”. Es una visión un tanto exagerada. Aunque Lugosi fuera excéntrico, mantuvo los pies en el suelo. Además, seguía en contacto con la realidad social. Incluso llegó a filmar benéficamente unos vídeos, en los que daba clases de matemáticas a los niños (que se pueden encontrar en Youtube). Pero lo cierto es que se encontraba en su peor momento, personal y profesional, muy decadente. Y entonces, Edward D. Wood, Jr (Ed Wood) llamó a su puerta.

Ed Wood era un ferviente fan de Lugosi. Adoraba su trabajo y estaba decidido a devolverlo a la cumbre. El problema es que Ed Wood también es el llamado hoy “peor director de todos los tiempos”. Sin embargo, este hombre tan despreciado por algunos hizo lo que muchos no lograron previamente: respetó a Lugosi. Le ofreció el papel de narrador en “Glen o Glenda” (un esperpento de película), pero principalmente, le dio el papel protagonista de “Bride of the monster”. Bela estaba contento de volver a trabajar. Y tenía un nuevo amigo. Ed Wood perpetró en “Bride of the monster” una cinta de terror muy pobre técnicamente, pero que tiene un grandísimo momento, una escena magnífica y muy conmovedora, un monólogo casi autobiográfico en el que el personaje de Lugosi (y el propio Lugosi) reflexiona sobre su situación (solo, exiliado, olvidado, humillado), demacrado y casi llorando, para al final encontrar fuerzas para seguir adelante. Un momento realmente conmovedor y que bien vale el visionado de la cinta. La película es mala, pero tiene alma, algo de lo que no puede presumir el 90 % de la filmografía de directores como Michael Bay (“Pearl Harbour”).

Bela estaba, de nuevo, ilusionado. Todo lo frustante que le resultó “The Black sleep” (1956, su última película de estudio), en cambio le divirtió su participación en estas cintas. La amistad de Wood dio paz a un viejo atormentado. Lugosi, además, se volvió a casar, esta vez con Hope Linniger, y preparaba nuevos proyectos con Ed Wood, como “The Ghoul Goes West”, “The Phantom Ghoul” y “Dr. Acula” (nótese el juego de palabras del título). Comenzó a rodar con Ed “Plan 9 from outer space”, que contiene otra escena memorable, aquella en la que Bela, dando vida a un anciano viudo, hace una interpretación muy contenida y realmente brillante, sin palabras, transmitiendo su desgracia y su dolor interno mientras huele una flor de su jardín, minutos antes de morir.

Entonces, el 16 de agosto de 1956, Bela Lugosi falleció. Fue enterrado con su capa de Drácula, recuerdo de su momento de esplendor. A su entierro acudieron unas pocas personas, entre ellas, su familia y sus compañeros de profesión. Su viejo rival Boris Karloff estuvo entre los presentes. Afectuosamente, pronunció unas palabras.

Poco después, antes de acabar la década de los 50, se popularizan completamente a escala nacional, estadounidense e internacional, las emisiones de televisión, que ya existían años antes. Se reponen domésticamente películas como “Drácula” y “Frankenstein”, y vuelven a gozar de gran popularidad. La figura de Lugosi es completamente reivindicada. Consigue una legión de seguidores. El género de terror, casi muerto, resucita. En Inglaterra, Hammer Films, la productora a la que Bela ayudó a consolidarse, estrena “Horror of Dracula”, con Peter Cushing y Christopher Lee (el cual, en honor de Lugosi, cuando interpretaba al conde llevaba un anillo que había pertenecido a Bela). La popularidad de Drácula se dispara, los ojos del público se vuelven de nuevo hacia Bela Lugosi. Roger Corman y Vincent Price homenajean a los viejos clásicos. El terror está en completa efervescencia. Lugosi, de actualidad. Stan Lee le hace en algunos de los comics que escribe, pequeñas menciones y homenajes. El cine de terror ha vuelto para quedarse, en los años 60, 70 y 80, hasta nuestros días. Y Bela Lugosi, de haber vivido unos pocos años más, lo habría visto con sus propios ojos.

La herencia fílmica de Lugosi abarca además tres homenajes póstumos:

La película “El corazón delator” (2005) recoge la narración de Lugosi, en su época de inmigrante, del inmortal relato de Poe, y la convierte en un corto de animación. Resulta un homenaje mayúsculo.

Por su parte, “Pickfair 5619 Hollywood”, proyectada en Sitges 2006, y dirigida por el valenciano Santiago Struch, es una excelente reflexión sobre Bela Lugosi y su inmortalidad cinematográfica, una película fascinante, profunda y evocadora.

Pero si hay un homenaje por excelencia a Lugosi, es el dispensado en la película “Ed Wood”, dirigida por el genial Tim Burton (gran fan de Vincent Price y Lugosi), cuyas películas se cuentan por clásicos modernos, y protagonizada por Johnny Depp y Martin Landau (como Lugosi), todo un viaje conmovedor y respetuoso a los últimos días del mito, a su decadencia. Película multigalardonada, le supuso un Oscar a Landau por su papel de Lugosi en sus últimos días, trágico y lastimoso, realmente magnífico.Por cierto, y en referencia al viejo conflicto Lugosi-Karloff, debe decirse, que como el Cid, Bela ganó batallas (y la guerra) después de muerto, y a día de hoy es más popular que Boris Karloff, siendo una figura muy reivindicada. Artistas tan dispares como el genial Tim Burton, y el rockero y director Rob Zombie se confiesan fans suyos.
Incluso Universal, al editar en DVD las colaboraciones de Bela y Boris en el cine, lo llamó “Pack Bela Lugosi”, compensando así los desplantes que tuvo que sufrir Bela durante años. Como bien dice el epílogo de la cinta de Burton, “Ed Wood”: “El legado económico de Lugosi supera hoy día al de Karloff”. A nivel crítico estarían como mínimo a la par. Irónicamente, Bela ganó como siempre, a título póstumo.

La vida de Lugosi, recapitulando, se entrelaza con la consolidación del género de terror, pues Lugosi protagonizó su primer éxito de taquilla (“Drácula”), y la primera franquicia así entendida de la historia del género en los Estados Unidos, además, apareció en la primera película de zombis (“La legión de los hombres sin alma”), y junto a él, Boris Karloff, Vincent Price y la mítica Hammer Films, dieron sus primeros pasos. Incluso llegó a interpretar al primer psicópata de la historia del cine que triunfa en sus propósitos (el de “Phantom ship). Sería imposible entender el género de terror sin Lugosi y sin su conde Drácula, el inmortal al que Lugosi debe que su fama sea imperecedera y que su sombra se extienda a las nuevas generaciones. Dijo Bela Lugosi antes de morir: “Soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal”. No era un delirio, sino la comprensión al fin, en un destello de lucidez, de que toda su amargura, todo su sufrimiento y dedicación habían servido para algo. Habían generado un inolvidable legado. Es más, bien podríamos decir que mientras que Béla Ferenc Dezso Blaskó murió en 1956, Bela Lugosi (y su Conde Drácula) vivirán para siempre.

Por: Javier Bort Estrada

Web: Aullidos

Roberto Rossellini (1906 - 1977)

A menudo identificado con la constrictiva etiqueta de “neorrealista”, Roberto Rossellini se mantiene como uno de los grandes directores de la historia del cine italiano: el hombre responsable del renacimiento del cine italiano en la posguerra y uno de los pocos realmente grandes humanistas (junto con Jean Renoir) que trabajaron en el medio.

Nacido en una familia burguesa romana, Rossellini pasó sus años formativos bajo el puño fascista de Mussolini y, en sus jóvenes 30 años, tomó el rumbo de la cinematografía –un patrón común entre los frívolos ricos italianos. Trabajo con su amigo, el productor Vittorio Mussolini, el hijo de “Il Duce”, en el guión de “Luciano Serra Pilota” (1938), una película propagandística que mostró algunas marcas del estilo neorrealista italiano. Luego de dirigir un puñado de películas bajo la bandera del gobierno oficial, Rossellini, el estereotipo apolítico romano, hizo una marca indeleble en el cine mundial en 1945 con “Roma, ciudad abierta”. A pesar de la indiferente respuesta en Italia, la película fue una sensación en Francia y los Estados Unidos con su cruda, casi documental película: fotografía granulada en blanco y negro, actores amateurs y locaciones reales. Estos fueron los elementos que las audiencias no habían visto en largometrajes previamente, y “Roma, Ciudad Abierta” fue aclamada por traer una nueva clase de realismo, el “neorrealismo”, a la pantalla.

Mientras que sus próximas dos películas –Camarada (1946, uno de sus grandes logros) y Alemania, año cero (1947)- ratificarán el sello del estilo neorrealista italiano, Rossellini atraerá crecientes críticas por su uso del melodrama (especialmente a través de las partituras musicales de su hermano Renzo) y las convenciones narrativas de Hollywood. Nunca ha sido un neorrealista estricto, sin embargo. Su propósito era entender más que recrear la realidad, algunas veces para una función expresamente pedagógica (Las flores de San Francisco, 1948), e incorporó otos elementos expresionistas en casi todo su trabajo. Estos elementos son particularmente evidentes en películas como la menospreciada “El Miedo” (1954), con sus psicológicamente basadas visuales, pero ya habían estado parcialmente presentes en “Roma, ciudad abierta”.

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Luis Buñuel (1900 - 1983)

Luis Buñuel

Luis Buñuel fue una figura singular en el mundo del cine, y un autor consagrado desde el comienzo. Nacido casi con el cine, su trabajo va desde la experimentación surrealista en la década de 1920, pasando por las comedias comerciales y los melodramas en la década de 1950, hasta el cine d´art posmodernista en las décadas de 1960 y 1970. reclamado por Francia, donde hizo sus primeras celebradas películas y las ultimas, por España, donde nació y tenia sus raíces culturales mas profundas, y por México, donde se volvió ciudadano e hizo veinte películas, siendo visto mas recientemente como una figura en permanente exilio quien problematiza la misma idea de lo nacional en sus películas.

Un surrealista, un iconoclasta, un contrario y un provocador, Buñuel alegaba que su proyecto era para perforar la confianza de lo poderoso. Tu trabajo toma forma debajo de “los dobles arcos de la belleza y la rebelión”, como Octavio Paz lo explica. Recientemente, sus hijos han reafirmado la vista de Buñuel de Un Perro Andaluz, como un “llamado al asesinato” contra la “museificación” de las celebraciones de su centenario. Mientras que esto exagera de alguna manera su radicalismo y status de intruso, hay una considerable consistencia en sus ataques hacia la burguesía, cuya hipocresía y apariencia tanto lo divertían como lo enfurecían. “En un mundo tan malo como nuestro” decía, “solo hay un camino –rebelión”.

Buñuel esta de hecho satirizando su propia clase, a la cual el confortable e imperturbablemente pertenecía. El entendió bien la neurosis y mezquindad de la educación de su clase media Católica. “Todavía soy ateo, gracias a Dios”, decía. Esta es una de sus tantas paradojas: el estaba tanto dentro como fuera. Mientras que ferozmente crítica las ideologías de los poderosos en sus películas (la profana trilogía de la complacencia burguesa, la hipocresía religiosa y la autoridad patriarcal), disfrutaba de los frutos de su orden social en su vida personal. Las memorias de su esposa, Mujer sin piano, escritas para completar las de Buñuel, en las cuales ella y su hijo son mencionados a duras penas, se leen como los recuerdos de un cautivo afligido por el síndrome de Estocolmo. Jeanne Rucar, quien conoció a Buñuel en 1926 y se casó con el en 1934, trato de contar una historia de amor pero el dolor y las perdidas que el le infringió, incluyendo la de su amado piano, que Buñuel pierde en una apuesta sin su consentimiento, constantemente se destacan.

Sin ir tan lejos como Paulo Antonio Paranagua, quien aseveraba que el El del título es el mismo Buñuel, es seguro decir que el director de El (1953), adaptación de una novela de Mercedes Pinto, conocía el material íntimamente. Parte de su genialidad fue la habilidad de mantenerse fuera de su ser cultural, diseccionando el deseo y las tortuosas rutas de la supresión en la sociedades católicas patriarcales y burguesas. Sus películas se enfocan en el deseo del hombre, y sus protagonistas femeninas son usualmente meras proyecciones de ello. Pero las caracterizaciones de Viridiana, Tristana, y Sévérine en Belle du jour mas notablemente, también revelan la manera en la cual la sociedad burguesa distorsiona y reprime las necesidades básicas y los deseos de la mujer “conspirando para mantenerlas en una posición de sumisión y servidumbre”.

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Peter Greenaway

Peter Greenaway nació en Newport, Monmouthshire y creció en Essex, Inglaterra. Su familia se mudó de Gales del Sur cuando el tenia tres años. A una temprana edad Greenaway decidió que quería ser pintor. Desarrollo un interés en el cine europeo, enfocándose primero en las películas de Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni, Pier Paolo Pasolini, y luego en los cineastas de la Nouvelle Vague, como Godard, y especialmente Resnais.

En 1962 comenzó sus estudios en el Walthamstow Collage of Art, donde entre sus compañeros se encontraba el músico Ian Dury (al cual Greenaway mas tarde haría actuar en El Cocinero, El Ladrón, Su Mujer y Su Amante). En este lugar, Greenaway pasaría los próximos tres años entrenando para ser un pintor de murales y realizando su primera película, Death of Sentiment, un ensayo sobre el mobiliario de los cementerios, filmado en cuatro grandes cementerios de Londres. En 1965 se une a la Central Office of Information (COI), donde permanece los próximos quince años como editor de películas y luego como director. Durante este tiempo comienza a construir su filmografía personal de cine experimental, comenzando con Train de 1966, compuesta por material de los últimos trenes de vapor en la estación Waterloo (justo detrás de la COI), editada para una pista musical ya existente. Tree, hecho en 1966, era un homenaje a un árbol creciendo en el concreto en las afueras del Royal Festival Hall en el South Bank de Londres. En la década de 1970 Greenaway se volvió más seguro y ambicioso e hizo Vertical Features Remake y A Walk Through H. La primera es un análisis sobre variaciones aritméticas de estructuras, y la última es un viaje a través de varios mapas de un país ficticio.

El sello muchas de las películas de Greenaway es la gran influencia del Renacimiento y, en particular, pintura flamenca en su composición escénica e iluminación, con su concomitante contraste entre vestuario y desnudez naturalizada, naturaleza y arquitectura, mobiliario y personas, placer sexual y muerte dolorosa.

Greenaway a menudo ha trabajado con el compositor Michael Nyman, quien ha hecho las bandas de sonido de muchas de las películas de Greenaway.

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Pier Paolo Pasolini (1922 - 1975)

Pier Paolo Pasolini

Pasolini nació en Bologna, tradicionalmente uno de las ciudades italianas más izquierdistas. Era el hijo de un teniente del ejército italiano, Carlo Alberto, quien se volvió famoso por salvar la vida de Mussolini, y una maestra de escuela, Susana Colussi, y fue nombrado como su tío paterno. Su familia se mudó a Conegliano en 1923 y, dos años luego, a Belluno, donde otro hijo, Guidalberto, nació. En 1926, sin embargo, el padre de Pier Paolo fue arrestado por deudas de juego, y su madre se mudo a la casa de su familia en Casarsa della Delicia, en la región de Friuli.

Pasolini comenzó a escribir poemas a los 7 años, inspirado por la belleza natural de Casarsa. Una de sus primeras influencias fue el trabajo de Arthur Rimbaud. En 1933 su padre fue transferido a Cremona, y luego a Scandiano y Regio Emilia. Pasolini encontró dificultades para adaptarse a tantas mudanzas, si bien mientras tanto amplió sus lecturas poéticas y literarias (Dostoevsky, Tolstoy, Shakespeare, Coleridge, Novalis) y abandonó su fervor religioso. En la escuela secundaria de Regio Emilia conoció su primer gran amigo, Luciano Serra. Los dos se volvieron a encontrar en Bologna, donde Pasolini pasó siete años mientras terminaba la escuela secundaria: aquí cultivó nuevas pasiones, incluyendo el fútbol. Con otros amigos, incluyendo a Ermes Parini, Franco Farolfi, Elio Meli, formó un grupo dedicado a las discusiones literarias.

En 1939 se gradúa y posteriormente entro en la Facultad de Literatura de la Universidad de Bologna, descubriendo nuevos temas como la filosofía y la estética del arte figurativo. También frecuentaba el club de cine local.  Pasolini siempre mostraba a sus amigos un viril y fuerte exterior, ocultando totalmente su mortificado interior: hasta tomó parte de las competiciones culturales y deportivas del gobierno Fascista. En 1941, junto con Francesco Leonetti, Roberto Roversi y otros, trato de publicar una revista de poemas, pero su intento falló debido a la escasez de papel. Los poemas de Pasolini de este periodo comenzaron a incluir fragmentos en lenguaje Friulano, el cual había aprendido con su familia materna.

Luego del verano en Casarsa, en 1941 Pasolini publicó una colección de poemas en Friulano, Versi y Casarsa. El trabajo fue notado y apreciado por intelectuales y críticos como Gianfranco Contini, Alfonso Gatto y Antonio Russi. Sus pinturas también fueron muy bien recibidas. Pasolini fue editor en jefe de la revista Il Setaccio (“El Tamiz”), pero fue despedido luego de varios conflictos con el director, quien estaba alineado con el régimen fascista. Un viaje a Alemania le ayudó a descubrir el status “provincial” de la cultura italiana en esa época. Esas experiencias guiaron a Pasolini a repensar sus opiniones sobre las políticas culturales del Fascismo, y a cambiar gradualmente a una posición comunista.

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Constantin Costa-Gavras

Constantinos Gavras, mejor conocido como (Constantin) Costa-Gavras, nació el 13 de febrero de 1933 en Loutra Iraias, Grecia, es un director greco francés conocido por sus películas sobre temas políticos, mas famoso por su oscura, acelerada película de suspenso, Z (1969). La mayoría de sus películas fueron hechas en Francia; comenzando con Perdido (1982), muchas de ellas fueron hechas en ingles.

Costa-Gavras nació en una familia pobre en el pueblo de Loutra Iraias, Arcadia. Su familia pasó la Segunda Guerra Mundial en un pueblo en el Peloponeso, y se trasladó a Atenas luego de la guerra. Su padre había sido miembro del ala izquierda EAM, una rama de la Resistencia Griega, y fue encarcelado, luego de la guerra, sospechado de ser comunista. Los antecedentes de su padre le impidieron a Costa-Gavras asistir a la universidad o emigrar a los Estados Unidos, por lo que luego de terminar la escuela secundaria se marchó a Francia, donde comenzó la carrera de leyes en 1951.

En 1956, abandonó sus estudios universitarios para estudiar cine en la escuela nacional de cine de Francia, IDHEC. Luego de la escuela de cine, logró ser aprendiz de Yves Allégret, y se volvió asistente de los directores Jean Giono y René Clair. Luego de varios trabajos como primer asistente de director, dirigió su primer largometraje, Los raíles de la muerte, en 1965.

En Z (1969), un juez, papel actuado por Jean-Louis Trintignant, trata de descubrir la verdad sobre la muerte de un prominente político de izquierda, Yves Montand, mientras los oficiales del gobierno y los militares tratan de cubrir sus participaciones en el hecho. La película relata una serie de eventos ficticios alrededor de la muerte del político griego Grigoris Lambrakis en 1963. Tuvo una repercusión adicional porque, al momento de su lanzamiento, Grecia hacia dos años que estaba gobernada por el “Régimen de los Coroneles”. Z ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Costa-Gavras y el coguionista Jorge Semprún ganaron un Premio Edgar, otorgado por Escritores Americanos de Misterio, al Mejor Guión de Película Extranjera.

L'Aveu (La Confesión, 1970) sigue los pasos de Artur London, un ministro comunista checoslovaco arrestado y juzgado por traición y espionaje en un proceso con fines propagandísticos durante la era estalinista.
Estado de Sitio (1973) se lleva a cabo en Uruguay durante un gobierno conservador a comienzos de la década de 1970. Con una trama basada en el caso del oficial de policía norteamericano y presunto experto en torturas Dan Mitrione, un oficial de la Embajada de los Estados Unidos (papel actuado por Yves Montand), que es secuestrado por los Tupamaros, un grupo subversivo de izquierda, quien lo interroga para revelar detalles secretos de la complicidad de los Estados Unidos con los regimenes represivos en América Latina.

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Andrei Tarkovsky (1932 - 1986)

Andrei Arsenyevich Tarkovsky fue un director escritor y director de opera ruso. Aunque Tarkovsky dirigió solo siete largometrajes durante sus veinte años de carrera activa, es ampliamente considerado como uno de los cineastas mas importantes e influyentes del siglo XX. Fue aclamado por los críticos por dirigir películas como Andrei Rublev, Solaris o Stalker.

Tarkovsky también trabajó extensamente como guionista, editor y teórico de cine y director teatral. Dirigió la mayoría de sus películas en la Unión Soviética, con la excepción de sus últimos dos largometrajes que fueron producidos en Italia y Suecia. Sus películas se caracterizan por los temas metafísicos y espirituales cristianos, extremadamente largas tomas, falta de una estructura dramática convencional y trama, e imágenes memorables de excepcional belleza.

Tarkovsky nació en la villa de Zavrazhye en la provincia de Kostroma como el hijo del poeta y traductor Arseny Alexandrovich Tarkovsky y Maria Ivanova Vishnyakova, una graduada del Instituto de Literatura Maximo Gorki. En 1934, su hermana Marina nació. Paso su niñez en Yuryevets en la provincia Ivanovo. En 1937, su padre abandonó a la familia, para unirse posteriormente como voluntario del ejército en 1941. Tarkovsky se quedó con su madre, mudándose con ella y su hermana a Moscú, donde la madre trabajó como correctora en una imprenta. Durante la guerra, Tarkovsky, su madre y su hermana Marina fueron evacuados a Yuryevets, viviendo con su abuela materna.  En 1943, la familia regresó a Moscú. Tarkovsky continuó sus estudios, siendo el poeta Andrev Vosnesensky uno de sus compañeros de clase. También aprendió a tocar el piano en la escuela de música y asistió a clases en una escuela de arte. Desde noviembre de 1947 hasta la primavera de 1948, estuvo internado en un hospital con tuberculosis. Muchos temas de su niñez –la evacuación, su madre con sus hijos, el abandono del padre, el tiempo en el hospital- caracterizaron claramente su obra El Espejo.

Justo después de su graduación de la escuela secundaria, de 1952 a 1953, Tarkovsky estudió árabe en el Instituto Oriental de Moscú, una rama de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética. No terminó sus estudios y abandonó su trabajo para la Academia del Instituto de Ciencias para Metales No Ferrosos y Oro, como buscador. Participó en una expedición de investigación de casi un año en el río Kureikye cerca de Turukhansk en la provincia de Krasnoyarsk. Durante este tiempo en el Taiga Tarkovsky decidió estudiar cine.

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Ingmar Bergman (1918 - 2007)

 

Ernst Ingmar Bergman, nacido en Suecia el 14 de julio de 1918, fue un director de cine, teatro y opera, quien recibió nueve nominaciones a los premios Oscar de la Academia. Encontró tanto desolación y desesperanza como comedia y esperanza en sus exploraciones de la condición humana. Se lo reconoce como uno de los más grandes directores y como uno de los más influyentes en el cine moderno.

Dirigió 62 películas, la mayoría de las cuales escribió, y dirigió más de 170 obras. Algunos de sus actores favoritos fueron Liv Ullmann, Bibi Andersson y Max von Sydow. La mayoría de sus películas fueron filmadas en escenarios en su nativa Suecia. Los temas frecuentemente eran lóbregos, lidiando con la enfermedad, la traición y la locura.

Bergman estuvo activo por mas de 60 años, pero su carrera fue seriamente amenazada en 1976 cuando suspendió un número de producciones pendientes, cerró sus estudios, y se auto exilió en Alemania por ocho años debido a una investigación criminal por una alegada evasión impositiva.

Bergman nació en Uppsala, Suecia, hijo de Erik Bergman, un ministro luterano y más tarde capellán del Rey de Suecia, y su esposa, Karin. Creció rodeado de imágenes religiosas. Su padre era un párroco conservador con simpatías políticas por la extrema derecha y un estricto padre de familia. Ingmar era encerrado en oscuros armarios por infracciones tales como mojar la cama. “Mientras el padre predicaba en el púlpito y la congregación oraba, cantaba, o escuchaba” Ingmar escribió en su autobiografía Laterna Magica: “Consagré mi interés al mundo misterioso de la iglesia de bajos arcos, gruesas paredes, el olor de eternidad, la coloreada luz solar temblando sobre la extraña vegetación de las pinturas medievales y las talladas figuras en los cielorrasos y las paredes. Ahí tenia todo lo que mi imaginación podría desear –ángeles, santos, dragones, profetas, diablos, humanos”.

Aunque creció en una casa devota luterana, Bergman mas tarde indicó que perdió su fe a los ocho años y recién se dio cuenta de este hecho mientras filmaba Los Comulgantes.

El interés en el teatro y el cine por parte de Bergman comenzó a temprana edad: “A la edad de 9 años, canjeo un juego de soldados de lata por una linterna mágica abollada, una posesión que alteraría el curso de su vida. En el periodo de un año, había creado, jugando con sus juguetes, un mundo privado en el cual se sentía completamente en casa, recordaba. Creaba sus propios escenarios, marionetas, y efectos de luces y con las marionetas producía obras de Strindberg en la cual hacía las voces de todos los personajes”.

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Yakov Protazanov (1881-1945)

 

Como un pionero del cine zarista, como un director que filmó en Moscú, Yalta, Paris, y Berlín, y como alguien que trabajo bajo diferentes sistemas sociales y logró sobrevivir, Yakov Protazanov tiene un lugar único en la historia del cine ruso.

Originalmente tenia previsto seguir una carrera comercial, pero cayó bajo el hechizo de las películas y comenzó si aprendizaje con Gloria Films, que luego se convertiría en Thiemann & Reinhardt, en Moscú. El cine en Rusia había sido socialmente aceptado desde el principio y gozaba del patrocinio de los círculos imperiales. Desde escribir guiones hasta actuar, Protazanov comenzó a dirigir. En 1911 hace Pesnya Katorzhanina (La canción del Prisionero) con Vladimir Shaternikov, un actor que había usado en varias oportunidades. Al año siguiente Andreyev escribió una adaptación de su obra Anfisa para Protazanov. El mismo año hace Ukhod velikovo startza (La partida del hombre viejo), de ese modo enemistándose con la Condesa Tolstoy, quien objetó la forma en que describieron a sui marido, papel actuado por Shaternikov. La película fue posteriormente prohibida. Una mas feliz empresa fue Klyuchishchastya (Llaves de Felicidad), escrita por un popular novelista, A. Verbitskaya. El encanto de esta película generó un gran éxito de taquilla a lo largo de toda Rusia.

Para la época de la Primera Guerra Mundial, Protazanov había dirigido alrededor de cuarenta películas cubriendo un amplio rango de temas, desde fervorosos, mórbidos, y hasta decadentes temas tan populares en Rusia en esa época como los espectáculos históricos y películas basadas en la herencia literaria de su país. En Kak khoroshi, kak svezhi byli rosi (Cuan delicadas, cuan frescas las rosas son) de 1913 se inspiró en Turgenev. Utilizó a Shaternikov una vez más en esta película, quien hizo el personaje de Lev Tolstoy.

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Andrzej Wajda

 

Andrzej Wajda, una de las mayores figuras del cine centro europeo y mundial luego de la Segunda Guerra Mundial, ha hecho su reputación como un cronista, de la política de su país y de la evolución social, sensible y sin compromisos. Alguna vez titulado como un símbolo de un país asediado, Wajda es conocido por dibujar la historia polaca para conectar su trágica sensibilidad –creando una composición de trabajo que devasta mientras informa. Sus películas también son famosas por sus planos visuales. Wajda muestra algunas escenas simbólicas, a menudo transforma algunas pinturas en la pantalla o crea nuevas versiones de algunas pinturas de la historia europea y polaca. A menudo trata de crear el correcto humor y atmósfera del periodo del que esta contando, refiriéndose a particulares características visuales. Wajda crea tanto grandes películas épicas como otras psicologías y existenciales. Es el hijo de un oficial de caballería polaco asesinado por los soviéticos en 1940 en la que es conocida como la masacre de Katyn. Luego de la guerra, estudio para ser pintor en la Academia de Finas Artes de Cracovia antes de entrar a la Escuela de Filmes de Łódź.

En la década de 1940, fue miembro del Partido Unido de los Trabajadores de Polonia en Cracovia. Al comienzo de su aprendizaje con el director Alexander Ford, a Wajda fue dada la oportunidad de dirigir su propia película. Con “Generación” (Pokolenie 1955), el director primerizo vierte su desilusión sobre el patriotismo, usando como su alter ego a un joven antihéroe al mejor estilo James Dean, papel protagonizado por Zbigniew Cybulski. Habrían también otras futuras leyendas protagonizando esta película – Tadeusz Łomnicki, Tadeusz Janczar y Roman Polański. La Escuela de Cine Polaca estaba lista para actuar.

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