François Truffaut (1932 – 1984)

François Truffaut nació en Paris el 6 de Febrero de 1932. Su madre soltera, Janine de Monferrand, tenía 19 años en ese momento y provenía de una respetable familia de clase media. Truffaut nunca conoció a su padre biológico, el cual, descubrió mucho mas tarde, era un dentista judío. Dieciocho meses después, Janine se casó con Roland Truffaut, un dibujante y diseñador de arquitectura, quien acepto al niño como su propio hijo y le dio su apellido. La gran pasión de Roland era el montañismo, Janine estaba más interesada en los libros, el teatro, el cine y el romance. A François no se le permitió interrumpir sus vidas y hasta la edad de 10 años fue criado principalmente por su abuela materna. Solo cuando su abuela fallece es que el va a vivir con sus padres por primera vez.

La nueva vida de François con sus padres no le da el amor y el apoyo que necesitaba. Una y otra vez lo dejan solo los fines de semana e incluso en Navidades. Su madre, en particular, encontró su presencia en su pequeño apartamento como una distracción, y se vio obligado a sentarse tranquilamente a leer libros por temor a molestarla. Cuando descubrió la verdad sobre su padre, su relación con su madre se volvió aún más tensa. A menudo se quedaba con amigos y trataba de estar fuera de su casa tanto como sea posible. Truffaut pasó gran parte de su tiempo con mejor amigo Robert Lacheney, a menudo pasando la noche en el apartamento de la familia Lacheney.

Fue el cine el que le ofreció el mayor escape de una vida familiar insatisfactoria. Su obsesión comenzó a los ocho años cuando vio su primera película, Paradis perdu de Abel Gance. A medida que fue creciendo se ausentaba de la escuela con frecuencia para colarse en los cines porque no tenía suficiente dinero para la admisión. El cine se convirtió tanto en un refugio como en un aula alternativa. A la edad de catorce años, después de haber sido expulsado de la escuela, decidió ser autodidacta. Entre sus objetivos “académicos” estaba el ver tres películas al día y leer tres libros a la semana.

Para cuando llega a la adolescencia, Truffaut ya es un serio estudiante de cine, creando carpetas donde colocaba artículos recortados de periódicos y revistas de cine sobre sus cineastas favoritos. Su conocimiento impresiona a sus amigos que lo veían como una  “cinemateca viva”. Su erudición era principalmente el resultado de su asistencia a los cines y clubes de cine. Hubo más de 400 cines en la París de posguerra; 200 de ellos estaban en la zona del apartamento de Truffaut. La posguerra fue la edad de oro del cine y Truffaut no perdió tiempo en formar parte de este movimiento. “Yo estaba deseoso de formar parte,” dijo, “tuve esta compulsión de unirse y formar parte de esos lugares donde las películas eran programadas, presentadas y discutidas“.

Fue en estos clubes, como el Delta, que presentaba películas francesas de los años treinta por directores como Jean Renoir y Sacha Guitry, que Truffaut aprendió a analizar la estética del cine en profundidad. La escuela de cine más grande de todas fue la Cinematheque Francaise de Henri Langlois, donde fue expuesto a la más amplia gama de películas, desde los clásicos del cine a un sinnúmero de películas extranjeras de todo el mundo. Fue aquí donde por primera vez se enamoró del cine estadounidense y la obra de directores como Orson Welles, Howard Hawks, y Alfred Hitchcock.

Luego de iniciar su propio club de cine, Cercle Cinemane (Club Cinemanía) en 1948, Truffaut conoció a André Bazin, quien tendría un gran impacto en su vida profesional y personal. Bazin fue un crítico brillante y la cabeza de otra sociedad cine de la época. Se convirtió en amigo y mentor de Truffaut y el que le ayudaría a salir de varias situaciones financieras y penales en los siguientes años.

Pero Bazin fue incapaz de ayudar a Truffaut cuando fue sorprendido robando una máquina de escribir de las oficinas de su padre y cuando falsifica las nóminas en un esfuerzo desesperado por mantener el Cinemane Cercle. Un furioso Roland Truffaut, informa a las autoridades sobre las deudas de su hijo, lo que lleva a François a firmar una confesión. Luego es llevado a la comisaría, donde pide que su hijo sea internado en un reformatorio para delincuentes.

En total, François pasó tres meses en el Centro de Observación de Menores de París en Villejuif, la mayor parte del tiempo en confinamiento solitario. El Centro de Observación era un edificio grande y gris protegido del exterior por altas paredes oscuras. Las aulas, refectorio y dormitorio se mantenían bajo vigilancia, y los castigos corporales, así como las humillaciones psicológicas, se aplicaban cuando se consideraba pertinente. Para empeorar las cosas, los análisis de sangre realizados varios días después de la llegada de Truffaut, mostró que tenía sífilis – probablemente contraída de una prostituta. El tratamiento consistió en siete inyecciones al día, cada tres horas, comenzando a las seis de la mañana.

Pero no todo fue malo para Truffaut durante su detención. El director del Centro se encariñó con él, a pesar de sus fechorías, y le trajo un suministro regular de periódicos y revistas de cine. Su psicólogo también intercedió en su favor, escribiéndole a André Bazin y solicitando su ayuda para conseguir una pronta liberación de François. Bazin acordó hacerse cargo de François, prometiendo encontrarle un trabajo cuando fuese puesto en libertad. Gracias a estas garantías, el juez decidió liberar al adolescente en un hogar religioso en Versalles tres meses antes de su salida programada.

Cuando el hijo pródigo regresó a su casa desde el albergue, las relaciones con sus padres, en especial con su madre, fueron más tensas de lo que habían sido antes. Bazin no había olvidado su promesa de encontrar un trabajo para su joven protegido, nombrándolo a Truffaut como su secretario personal. Con el dinero que ganó con este nuevo puesto, François pudo mudarse a su propio apartamento, un pequeño cuarto alquilado en el quinto piso de un edificio en la Rue des Martyrs.

Gracias a Bazin, Truffaut asistió a las reuniones de la sociedad de cine Objectif 49. Fundada por los defensores de la nueva crítica como el propio Bazin, Alexandre Astruc, Pierre Kast, Jacques Doniol Valcroze, y Claude Mauriac, y patrocinado por figuras establecidas como Jean Cocteau, Robert Bresson, Clemente René y Roger Leenhardt. La sociedad se convirtió en el foro de la nueva crítica. Sus proyecciones estaban siempre colmadas de público, y cineastas importantes como Roberto Rossellini, Orson Welles, William Wyler, Preston Sturges o Jean Grémillon, llegaron a presentar sus trabajos. Envalentonado por su éxito, los organizadores decidieron crear un festival.

El primer festival se llevó a cabo a finales de julio 1949, en Biarritz. Una vez allí, el pobre Truffaut se alojó en los dormitorios del Liceo de Biarritz, donde conoció a Jacques Rivette y Claude Chabrol por primera vez. Los jóvenes cinéfilos se quedaban hasta altas horas de la noche hablando de sus directores favoritos y los actores y despreciando a la vieja generación.

Cuando regresó a París a finales del verano de 1949, Truffaut comenzó su período más intenso como un cinéfilo entusiasta. Su soledad y problemas habían terminado, ahora formaba parte de un grupo. Otros se unieron a los de la residencia Biarritz – Jean-Luc Godard, Suzanne Schiffman, Jean Gruault, Paul Gegauff, Jean-Marie Straub, entre otros. Se reunían en las proyecciones semanales de las principales sociedades de cine de París. Otro de sus nuevos amigos fue Eric Rohmer, organizador del Cine-Club du Quartier Latin.

Fue en una proyección en la Cinemateca Francais que Truffaut conoció a Liliane Litvin. Liliane era una hermosa joven muy poco convencional, tan hermosa que Truffaut tuvo que competir por su atención con sus amigos Jean Gruault y Jean-Luc Godard. Cada uno trató de ganar su afecto añadiendo a sus conversaciones referencias literarias pero ella no se interesó por ninguno de ellos. Sin inmutarse, con el tiempo Truffaut se instala en un hotel enfrente del apartamento de la familia Litvin.

Fue con la intención de impresionar a Liliane que Truffaut empezó a ir a la Club du Faubourg, un lugar de encuentro de la intelectualidad, el cual daba la bienvenida a las mentes curiosas, aficionados, periodistas y a la buena sociedad de París, tres veces a la semana para reunirse y discutir los últimos shows, libros, y cuestiones sociales. A través de los amigos que hizo en el club fue que consiguió sus primeros trabajos como periodista en la revista Elle.

A pesar de su forma de vida más emocionante y con mayores ingresos que llegó con su nueva ocupación, Truffaut pronto se cansó de la superficialidad de la clase de periodismo que estaba escribiendo. Tambien fue consumido por su pasión no correspondida por Liliane. El 4 de julio, asistió a su fiesta de cumpleaños número 18, que se convirtió en una escena de farsas e intrigas, mientras sus distintos pretendientes luchaban por su atención. Para el frustrado Truffaut, la noche terminó con un intento fallido de suicidio. Unas semanas más tarde se decidió a tratar de olvidar Liliane al unirse al ejército.

En pocos días, Truffaut estaba lamentando su decisión. Él se había alistado por un término de tres años en la artillería, lo que implicaría meses de tiempo de formación básica en el cuartel del ejército en Coblenz, Alemania, seguido de un período de servicio pasado luchando en la guerra de Indochina.

Durante su entrenamiento François pasó mucho tiempo en la enfermería sufriendo de problemas de sinus y oído, pero en mayo de 1951, fue declarado apto para el servicio militar por el médico, y su partida a Saigón fue fijada para el 14 de julio. Al tiempo que partía de París, toma la decisión de desertar. Luego de dos semanas en casa de varios amigos, Bazin lo convenció de que se entregara a las autoridades. Fue acusado de absentismo ilegal y enviado a la cárcel, donde pasó un mes en el hospital recibiendo tratamiento debido a otro ataque de sífilis.

Después de su curación, fue devuelto a Coblenz y encerrado en el área disciplinaria. Fue una época horrible en la que Truffaut otra vez intentó suicidarse. Este intento lo llevó a la unidad del hospital neuropsiquiátrico en Andernach. Truffaut pasó un mes y medio allí custodiado por antipáticos enfermeros. El 27 de noviembre de 1951 fue puesto en libertad y enviado de vuelta al cuartel.

Mientras tanto, en París, André Bazin trató de rescatar a Truffaut de su difícil situación. Sus apelaciones a las autoridades militares fueron infructuosas. Fue sólo cuando se reclutó la ayuda de amigos influyentes que Truffaut fue llevado ante la junta. Después de dos horas de audiencia ante sus superiores, se le dio finalmente la baja temporal.

Libre al fin, Truffaut, ahora un joven de veinte años, regresó a vivir a París, y se instaló en la habitación del ático sobre el apartamento de la familia Bazin. Mientras consigue una serie de trabajos a corto plazo, se fija como objetivo escribir para Cahiers du Cinema, la revista fundada por Jacques-Doinel Valcroze y Andre Bazin. Un largo artículo que escribe en el transcurso del siguiente año, titulado “Una cierta tendencia del cine francés“, resulta clave para conseguir que lo publiquen en la revista y así poder establecer su reputación.

Finalmente, publicada en Cahiers du Cinema en enero de 1954, tuvo un impacto inmediato y generalizado. Los blancos de las críticas de Truffaut fueron los directores franceses más conocidos y junto con los guionistas de la época. Ellos fueron los principales responsables de lo que Truffaut etiquetó como la “tradición de calidad” y de la moda del realismo psicológico. Los acusó de ser anti-clericales, blasfemos, sarcásticos y decididos a engañar a su público. Sus películas eran, sugirió, artificiales y no naturales, y marcadas por un diálogo “literario”, un uso excesivo de los platós y la fotografía excesivamente brillante. Su realismo psicológico fue, según declaró sin rodeos Truffaut, ni real ni psicológico.

Entre marzo de 1953 y noviembre de 1959, Truffaut publicó 170 artículos en Cahiers du Cinema, la mayoría críticas de cine de cinco o seis páginas escritas a máquina, o entrevistas con directores. Su escritura era directa, centrada y obstinada. Estaba en el centro de un grupo de jóvenes críticos en Cahiers du Cinema quien André Bazin apodado el “Hitchcocko-Hawksians“, en referencia a sus dos directores favoritos. Otros miembros del grupo fueron Jacques Rivette, Eric Rohmer, Claude Chabrol y Jean-Luc Godard, quienes, en conjunto, pasan a formar el núcleo de la Nouvelle Vague francesa.

Después de la publicación de “Una cierta tendencia del cine francés“, otras publicaciones pujaban por contar con Truffaut en sus filas. Principalmente entre ellos se encontraba Arts-Lettres-Spectacles para quien escribió 528 artículos a lo largo de cinco años. Una película por día, un artículo cada dos días, este era el paso que el joven mantuvo, trabajando todas las noches, impulsado por los cigarrillos y el café. Sus juicios críticos también le hizo ganar algunos enemigos entre aquellos a los que dirigió sus críticas. Entre los intelectuales de izquierda, se le consideraba un reaccionario que valoraba la estética sobre el contenido.

Aunque era un crítico de éxito, Truffaut alimentaba el deseo de convertirse en un director. Su primer intento, en 1954, fue un corto de 8 minutos, Une visite, filmado en el apartamento de Jacques Doinel -Valcroze, con Jacques Rivette como camarógrafo, y Robert Lachenay como asistente. La historia era sobre un hombre joven que se muda para compartir piso con una mujer joven y fallidamente trata de conquistarla. Truffaut utiliza la película como un ejercicio de entrenamiento y no cree que sea digna de distribución.

La próxima aventura de François Truffaut en el cine se produjo en gran parte como resultado de su encuentro con Madeleine Morgenstern en el Festival de Cine de Venecia en 1956. Madeleine era la hija de Ignace Morgenstern, director gerente de una de las mayores empresas francesas de distribución de medios. François había elegido una historia titulada Les Mistons, de Maurice Pons, la cual quería adaptar al cine. Madeleine le preguntó a su padre si podía ayudar en la financiación del proyecto. El señor Morgenstern le pasó el trabajo a su colega Marcel Berbert, pero lo más importante es que insistió en que se creara una empresa para recibir el dinero y gestionar así la producción de la película. Truffaut nombró a la compañía “Films du Carrosse” después de la película de Jean Renoir Le Carrosse d’or. Tener su propia productora iba a ser de crucial importancia para Truffaut, lo que garantizaba una independencia casi única en toda su carrera como director.

El rodaje de Les Mistons comenzó en Nimes el 2 de agosto de 1957, y continuó a lo largo de agosto, con un equipo pequeño y un presupuesto modesto. Los actores eran Gerard Blain y Bernadette Lafont. La historia, que transcurre en la Francia provincial, trata sobre un grupo de niños de corta edad (“mistons” se podría traducir como “mocosos”), que se enamoran de una mujer joven y bella. Celosos de su apasionado romance con su novio, son víctimas de sus travesuras.

Aunque sólo es un filme de 20 minutos de duración, Les Mistons contó muchos de los temas que Truffaut volvería a tocar una y otra vez en sus películas: el amor, los hijos, la escritura y la muerte. Aunque la historia es simple, la habilidad de Truffaut como cineasta es ya evidente. Su uso de la composición, la iluminación, la música y el entorno, se combinan para crear una narrativa satisfactoria cuya estructura episódica transmite perfectamente los motivos y emociones subyacentes.

La película se estrenó en noviembre y ganó el premio al Mejor Director en el Festival de Cine de Bruselas. Entretanto François y Madeleine Morgenstern se había enamorado durante el rodaje y en el otoño se casaron. A los veinticinco años, Truffaut se había establecido finalmente. La pareja se mudó al apartamento que Ignace Morgenstern había comprado para su hija en Saint-Ferdinand. El apartamento de tres habitaciones era cómodo y muy bien amueblado y, lo más importante es que finalmente permitió a Truffaut tener un espacio para todos sus libros y archivos, los cuales había acumulado desde la infancia.

En mayo de 1958, Truffaut fue al Festival de Cine de Cannes como crítico por última vez. El año anterior había generado una discusión particularmente virulenta en Artes acusando a la industria del cine francés de producir ” demasiadas películas mediocres” y describió Cannes como un “fracaso dominado por los compromisos, maquinaciones y pasos en falso.” En represalia, los directores del festival se habían negado a acreditarlo como periodista, aunque asistió todos modos.

En el mismo artículo, escribió: “Las películas del mañana no serán dirigidas por funcionarios de la cámara, sino por artistas para quienes la filmación de una película constituye una aventura maravillosa y emocionante“. Truffaut pronto tendría la oportunidad de poner sus teorías en práctica. El éxito de Les Mistons le trajo el reconocimiento, y aunque a su suegro no le gustó especialmente este film, admiraba el talento y juicio de François, y puso dinero para una función.

En colaboración con Marcel Moussey, un escritor experimentado, Truffaut escribió un guión basado en sus propias experiencias infantiles que llamó Les Quatre cents coups (Los 400 golpes). La historia episódica sigue las aventuras, Antoine Doinel, un adolescente de trece años de edad, se desarrolla a través de sus problemas en la escuela, su infeliz vida familiar, sus huidas de casa, hasta que finalmente es confinado para luego escapar del reformatorio.

Con el guión completo Truffaut se dedicó al casting de los actores y el equipo técnico. Decidió rodar en blanco y negro Cinemascope e invertir una gran parte de su modesto presupuesto en la contratación de uno de los mejores cineastas, Henri Decaë, que había trabajado con Jean-Pierre Melville, Louis Malle y Claude Chabrol. El reto más difícil fue encontrar un niño actor para hacer el papel de Antoine Doinel. Varios cientos de niños de 13 años fueron audicionados, y Jean-Pierre Léaud fue el elegido. Su prueba de pantalla fue animada y espontánea, así como su gran parecido con Truffaut a la misma edad, haciéndolo la elección natural y definitiva para el papel.

La filmación comienza el 10 de noviembre de 1958. Esa noche André Bazin muere de leucemia. Truffaut se apresuró a ir al apartamento de Bazin al final del día y pasó la noche con la familia, antes de regresar al día siguiente para reanudar la filmación. El 16 de noviembre, el día del funeral, llevaba un traje negro mientras filmaba su película. Al final le dedicaría su película “a la memoria de André Bazin.

El rodaje se completó el 5 de enero de 1959. Un par de semanas más tarde, Madeleine Truffaut dio a luz a una niña a la que llamaron Laura. La edición de la película se completó en un par de meses y las primeras proyecciones fueron muy bien recibidas, tanto es así, de hecho, que la película se incluyó como una de las películas oficiales francesas a Cannes.

Les Quatre cents coups fue ampliamente aclamado en su lanzamiento, ganando numerosos premios, incluyendo el Premio al Mejor Director en el Festival de Cine de Cannes de 1959. El éxito de la película ayudó a establecer el Movimiento de la Nouvelle Vague francesa en la escena mundial y abrió la puerta para que otros directores llegaran a un público más amplio. Su estilo despreocupado, al mismo tiempo realista y lírico, se convertiría en característico de la obra de Truffaut, y los temas que trata – la necesidad de pertenencia y la búsqueda del amor – saldrían a la superficie una y otra vez en sus películas posteriores.

Con el éxito, sin embargo, también llegó la hostilidad. Algunos lo criticaron por llegar a ser igual a lo que había criticado previamente. Un crítico escribió: “Se quedó vestido con un esmoquin, dejó ser tragado por la gran fábrica. Tirado en azúcar granulada, domesticado y endulzado, ¿qué quedará del antiguo Truffaut?” Otros lo acusaron de ser un arribista consumido por la ambición, que se había casado con la hija de su peor enemigo con el fin de conseguir el financiamiento. Sus padres también, tal vez como era de esperar, se vieron afectados por la forma en que había sido retratado y le escribieron una carta exigiéndole una explicación. Él les contestó una larga confesión llena de recuerdos detallando su infeliz infancia para justificar la película.

El éxito de Les Quatre cents coups de Truffaut cambió su forma de vida. Ahora podía permitirse un apartamento más grande en una zona más de moda de París, ropa cara, un coche deportivo y una creciente colección de discos y libros. También fue capaz de ayudar a sus amigos Jacques Rivette, Jean-Luc Godard y Claude de Givray hacer sus primeras películas. Además, el interés por la película en el extranjero le dio la oportunidad de viajar. En Nueva York se le concedió el Premio Críticos de la ciudad a la Mejor Película Extranjera y se hizo amigo de Helen Scott, jefe de prensa de la Oficina de Cine Francés, que se convertiría en una colaboradora cercana y confidente.

A medida que la fama se calmó, Truffaut se puso ansioso por empezar a trabajar en su próxima película. Él decidió adaptar la novela del escritor noir norteamericano David Goodis, Down There, que había sido publicada en Francia bajo el título Tirez sur le pianiste (Disparen sobre el pianista). La historia, que se refiere a un pianista melancólico que toca en un bar de noche con un pasado secreto que se mezcla con gangsters, atrajo a Truffaut. Aquí había una oportunidad de hacer su propio film noir como los que había visto y discutido por tantos años. Al mismo tiempo, la historia explora temas clásicos del estilo de Truffaut, como la euforia y la desesperación del amor, la dificultad de la comunicación, la capacidad de adaptación de los niños. También hay mas de un parecido entre Truffaut y el personaje principal, Charlie, y entre Truffaut y Charles Aznavour, el actor que lo interpretó en la película. Ambos son hombres tímidos con pasados problemáticos que se sienten atraídos por las mujeres, pero les resulta difícil hablar con ellos, y ambos han probado el éxito temprano, que sospechan que puede deberse más a la influencia de otros que a su propio talento.

Tirez sur le pianiste fue quizá la más experimental y nouvelle vague de todas las películas de Truffaut. Después de haberse dado cuenta a mitad del film que odiaba los gangsters, Truffaut se puso a subvertir el género. Hay constantes cambios de ritmo y humor. Voces en off extensas, tomas fuera de secuencia y los cortes bruscos buscan interrumpir la acción. Como había hecho Godard en À bout de souffle, Truffaut parece estar haciendo la pregunta “¿Qué es el cine?” Desafortunadamente tan difícil película resultó ser demasiado para el público contemporáneo y fue un fracaso de taquilla.

En 1960, en gran parte debido a los acontecimientos relacionados con la guerra de Argelia, François Truffaut comenzó a moverse ideológicamente hacia la izquierda. El uso por parte del gobierno de De Gaulle de torturas contra el movimiento de liberación argelino conocido como el FLN, y la erosión de las libertades básicas en Francia a causa de la guerra, le convenció para tomar una posición pública. Lo hizo mediante la firma del “Manifiesto de los 121” – llamado así por los 121 artistas, escritores y académicos que lo firmaron. El manifiesto denunciaba la tortura, rechazaba las acciones del ejército, exigía la libertad de expresión y respaldaba a los desertores. En cuanto al gobierno, el ejército y gran parte de la opinión pública se refiere, la declaración era una traición, y los que habían firmado fueron puestos en una lista negra y se les prohibió trabajar. Truffaut fue convocado a la sede de la policía, pero gracias a las campañas en la prensa francesa e internacional, las sanciones contra él y los otros firmantes del manifiesto se levantaron pronto.

Para su próxima película, Truffaut elige un proyecto que había estado preparando desde hace tiempo: una adaptación de la novela de Henri-Pierre Roché, Jules et Jim. Había llegado a cruzarse con el libro a mediados de los ´50, mientras buscaba entre algunos libros de segunda mano y más tarde llegando a hacerse amigo del anciano autor. La historia, que tiene lugar en el período de la Belle Epoque en París, habla sobre la historia de Jules y Jim, dos amigos cercanos, quienes se enamoran de la belleza y el espíritu de Catherine.

Trabajando con Jean Gruault, un escritor que admiraba, Truffaut finalmente consigue un guión con el que era feliz, y rápidamente reunió a un equipo. Muchos de los miembros del equipo de Tirez sur le painiste fueron contratados de nuevo, creándose una atmosfera de “familia”, que era lo que prefería Truffaut en el set. Eligió a Henri Serre, un joven actor hasta ahora desconocido que tenia un dúo cómico, para retratar a Jim, y que se parecía a Roche tanto en apariencia y formas. En el papel de Jules, contrató a Oskar Werner, un aclamado actor de teatro en Alemania y Austria. Sin embargo, la verdadera estrella de la película era Jeanne Moreau, que había nacido para representar a la enigmática Catherine.

Truffaut se había portado muy amistosamente con Jeanne Moreau unos años antes en Cannes, en 1957. Estaba fascinado con ella, en parte porque ella era una gran estrella, y en parte debido a su sentido de la libertad y el amor de la vida. En los meses previos a la producción, Truffaut pasaba mucho tiempo en la casa de Moreau, donde disfrutaba de algunos de los días más felices de su vida. Su estrecho vínculo se convirtió en un apasionado, si breve, romance que, para el final de la filmación, se había convertido en una amistad duradera. “Jeanne Moreau me dio coraje cada vez que tenía dudas“, Truffaut escribió más tarde. “Sus cualidades como actriz y como mujer hicieron de Catherine real ante nuestros ojos, la hizo plausible, loca, posesiva y apasionada, pero sobre todo adorable.

Truffaut se animó mucho con las primeras proyecciones privadas de Jules et Jim antes de su lanzamiento oficial. Entre las personas alabandola estaba Jean Renoir, quien le escribió una larga carta desde Hollywood. La crítica se hizo eco de la respuesta positiva. “Una celebración de la ternura y la inteligencia“, fue el titular de un periódico. La película resultó ser popular entre el público también, a pesar de certificarse solo para mayores de 18 años. Después de su estreno francés, Truffaut viajó mucho al extranjero para promover la película, que siguió recibiendo una cálida recepción donde quiera que se la proyectó.

A principios de 1961, Truffaut aceptó un encargo para dirigir un cortometraje para el productor Pierre Roustang, que debía ser presentado con otros cuatro en una compilación titulada L’Amour à vingt ans. Decidió aprovechar la oportunidad para continuar las aventuras de Antoine Doinel, basándose en sus propios recuerdos de juventud para la historia, en particular, su amor frustrado con Liliane Litvin. Filmado en un corto plazo en enero de 1962 y de nuevo protagonizado por Jean-Pierre Léaud, Antoine et Colette es a la vez una historia agridulce como una vívida evocación del París de la década de 1960.

En 1962 hubo una crisis de confianza en el cine francés. La asistencia a las salas de cine se había reducido considerablemente y la euforia de la Nouvelle Vague había desaparecido con el una vez unificado y ahora fragmentado por rivalidades movimiento. Algunos críticos culparon a los “sobre-intelectuales” películas de la Nouvelle Vague por hacer caer las cifras de audiencia. Un síntoma de la crisis fue un conflicto en el que el propio Truffaut estaba involucrado. Su amigo Jean Aurel había comenzado a dirigir una película protagonizada por Brigitte Bardot, cuando, después de sólo tres días de rodaje, los productores trajeron a Roger Vadim, ex marido de Bardot, para supervisar el rodaje. Aurel abandonó el set denunciando el comportamiento de Vadim y Bardot. Truffaut, poniéndose del lado de su amigo, escribió un artículo exponiendo la situación. Vadim contraatacó llevando a Truffaut a los tribunales por difamación.

Se llegó a un juicio sensacional, que comenzó en enero de 1962 en París. Del lado de Vadim se encontraban Louis Malle, Michel Subor, y Brigitte Bardot. Del lado de Truffaut se encontraban Alain Resnais, Melville, Godard, Chabrol y Kast. Al final, el juez falló a favor de Vadim y Truffaut fue condenado a pagarle un franco por daños. Los periódicos de gran circulación llamó la “muerte de la Nouvelle Vague“. Gracias al éxito de Jules et Jim, sin embargo, Truffaut fue capaz de escapar del malestar general, pero otros directores luchaban para poder hacerlo, algo que lo hacia sentir culpable. Ya había sido forzado a abandonar sus planes de producción de las películas de la serie de los protegidos por Carrosse, después de las primeras producciones había fracasado y casi arrastró a la compañía al fondo junto con el.

Poco después del juicio, Truffaut visitó Nueva York, donde por primera vez tuvo la idea de un análisis exhaustivo de la obra de Alfred Hitchcock. Se acercó a Helen Scott para trabajar como su intérprete y le escribió a Hitchcock con una propuesta de una serie de entrevistas que abarcaban toda su carrera. El gran director estuvo de acuerdo y ese mismo año las entrevistas se llevaron a cabo durante varios días en el bungalow de Hitchcock en los Estudios Universal. El libro se publicó en 1966 y fue un éxito de crítica y público.

La influencia de Hitchcock es claramente evidente en las próximas tres películas dirigidas por Truffaut comenzando con La Peau douce (Piel Suave, 1964). Con la inspiración de historias reales de adulterio y asesinato que habían estado recientemente en las noticias y reflejando los puntos de vista de Truffaut sobre la hipocresía de la vida conyugal, La Peau douce cuenta la historia de un famoso académico que tiene un romance secreto con una azafata. Cuando la esposa del académico se entera de la verdad, ella lo mata en un restaurante lleno de gente.

Con destacadas actuaciones de Jean Desailly, Nelly Benedetti y Francoise Dorleac, La Peau douce era un sombrío pero perfectamente elaborado drama. Deliberadamente poco romántico, el tono refleja el deseo de Truffaut para contar una “historia de amor verdaderamente moderna, que tiene lugar en los aviones, ascensores, y cuenta con todos los agobios de la vida moderna“.

Poco después del lanzamiento de la película, la propia vida de Truffaut entra en un período de agitación. A principios de 1965, Madeleine le pidió el divorcio. Se habían separado ya varios años antes por pedido de Truffaut, pero habían vuelto en gran parte por el bien de sus dos hijas, Laura y Eva. Ahora, en gran parte como resultado de numerosas aventuras de Truffaut, más recientemente con Françoise Dorleac, Madeleine había tenido suficiente. A pesar de la separación, sin embargo, seguirían siendo amigos.

La decepcionante performance de Le peau douce en las taquillas significaba que Truffaut necesitaba comenzar a trabajar en una nueva película. Se le ofreció la oportunidad de dirigir Bonnie y Clyde por sus dos escritores norteamericanos y trabajó en el guión durante un tiempo antes de rechazarla en favor de una adaptación de la novela de ciencia ficción Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, un proyecto que había estado desarrollando durante varios años, pero que se había retrasado debido a su alto coste y las dificultades del casting.

La historia de una sociedad futurista donde se han prohibido los libros tenía que ser contada por un amante de los libros, como Truffaut. Además, el argumento basado en la acción era para él una oportunidad para enfatizar la narrativa visual de los pasos de los directores de cine mudo que tanto admiraba. Varios actores se presentaron para el papel de Montag, el bombero que empieza como un quemador de libro, pero más tarde se convierte en un salvavidas de libros, incluyendo a Paul Newman, Jean-Paul Belmondo, y Terence Stamp. Finalmente Oskar Werner fue elegido en el último minuto junto a Julie Christie como su esposa y la heroína Clarissa. La película se rodó en Inglaterra en color con un equipo principalmente inglés, pero no fue una experiencia feliz para Truffaut que fue frustrado por su incapacidad de hablar inglés y la desalentadora magnitud del proyecto. La película fue bien recibida en el Festival de Cine de Venecia en 1966, pero le fue mal en la taquilla.

Una vez más Truffaut necesitaba un éxito para restaurar la fortuna de su empresa. Eligió adaptar la novela negra de Cornell WoolrichLa novia vestía de negro” pensando en Jeanne Moreau quien interpretaría a la novia perjudicada cuyo marido es asesinado en las escaleras de la iglesia, donde se acaban de casar. Una vez más el rodaje resultó difícil. Truffaut y su director de fotografía desde hace mucho tiempo Raoul Coutard discutieron acerca de la iluminación y la composición (esta sería su última colaboración). Truffaut posteriormente lamentó haber filmado en color “que le robó a la historia todo el misterio“. Sin embargo, la película fue bien recibida por el público que disfrutó de su suspenso Hitchcockiano y su humor negro.

En 1968, Truffaut hizo su próxima incursión en la vida de su alter ego Antoine Doinel. Titulada Baisers voles (Besos robados) en honor a la canción de Charles Trenet, la historia sigue a Antoine a través de una sucesión de puestos de trabajo, incluido el de detective privado con las intrigas románticas que encuentra en el camino. Como escribió Truffaut, “llenamos la película con todo tipo de cosas relacionadas con el tema que Balzac llamó “un buen comienzo en la vida.” Alegre, cómica y encantadora, la película fue un sorprendente éxito en su lanzamiento.

Una de las últimas escenas en Baisers voles fue filmada delante de las puertas cerradas de la Cinematheque Francais y la película fue dedicada a Henri Langlois. A lo largo de gran parte del rodaje, Truffaut había estado haciendo campaña en nombre de Langlois y la Cinematheque, que estaba bajo la amenaza de los ministros del gobierno que querían remover a Henri Langlois, fundador y director, y reemplazarlo con alguien de su propia elección. Truffaut, Godard, Rivette, Chabrol, y muchos otros nombres más importantes en el cine francés, como Jean Renoir y Jacques Tati se movilizaron en apoyo de Langlois, prohibiendo que sus trabajos sean proyectados en la Cinematheque hasta que se restablezca a Langlois. Otros siguieron su ejemplo, con los principales directores extranjeros como Charlie Chaplin, Fritz Lang, Akira Kurosawa y Carl Dreyer.

El 12 de febrero, Truffaut y otros doscientos o trescientos directores, actores y cinéfilos llevaron la acción mas allá, bloqueando la sala de proyecciones de la Cinematheque. Dos días después, tres mil personas volvieron a reunirse enfrente del edificio y fueron atacados por la policía y fuerzas de seguridad. Gracias a esta demostración, la opinión pública hizo suya la causa de los defensores de Langlois y el gobierno tuvo que retroceder. Los partidarios de Langlois, sin embargo, mantuvieron la presión, con Truffaut creando un “comité para la defensa de la Cinematheque Francaise.” El 22 de abril de 1968, Langlois fue reelegido por unanimidad para continuar con sus funciones como director artístico y técnico.

El ‘Affair Langlois” fue una experiencia rejuvenecedora para Truffaut. Vivió durante este período una fiebre de entusiasmo, sobreviviendo con sólo unas pocas horas de sueño cada noche, y dividiendo su tiempo entre la filmación y el activismo. Pero estos hechos no eran la única causa para que Truffaut se sintiese eufórico, era la primavera de 1968. Él también se había enamorado de Claude Jade, una joven actriz de 20 años había protagonizado Baisers voles. Esa primavera hicieron planes para casarse. En mayo, sin embargo, rompió el compromiso consciente de la brecha generacional que los separaba y de sus muy diferentes puntos de vista sobre la vida.

Mientras tanto, a través de una empresa de detectives privados descubrió la identidad de su padre biológico. Esto resultó ser un tal Roland Levy, un dentista judío. Aunque Truffaut decidió no tomar contacto con su padre, el descubrimiento de que su padre era judío fue una revelación para él. Creía que explicaba ciertos aspectos de su carácter, como “su simpatía por los marginados, los mártires y los que viven en los márgenes de la sociedad“. La agitación emocional del descubrimiento se vio agravada por la repentina muerte de su madre en agosto de 1968.
 
El inesperado éxito de Baisers voles le permitió a Truffaut encarar la producción de una película más ambiciosa. La Sirene du Mississippi (Mississippi Mermaid, 1969) se basó en otra novela de Cornel Woolrich, “Waltz into Darkness”, acerca de un hacendado rico y su misteriosa novia. Truffaut adaptó la acción llevandola desde Nueva Orleans a la francesa Isla de la Reunión, en la costa de África. Los dos papeles principales fueron para los ya grandes nombres del cine francés: Jean-Paul Belmondo y Catherine Deneuve.

La filmación comenzó a principios de diciembre de 1968 en la Isla de la Reunión, luego se trasladó a finales del mes al sur de Francia, y finalmente a la cordillera de Chartreuse. Inicialmente preocupado por trabajar con Catherine Deneuve, los temores de Truffaut pronto se disiparon cuando la encontró centrada y simpática. Al final de la filmación estaban teniendo un romance. Él se describió a un amigo como “el hombre más feliz del mundo.” Nadie sabía de la relación fuera del reparto y el equipo de la película, y el romance siguió a su regreso a París, donde llevaban una vida discreta en conjunto, compartida con sólo unos pocos amigos íntimos.

La Sirene du Mississippi recibió una tibia acogida en su estreno. Mientras que algunos admiraban la combinación de giros en la trama de suspenso y el romance pintoresco, muchos críticos estaban decepcionados. Uno de ellos escribió: “Es la metamorfosis de Maten al pianista en un producto boutique de ultraposh. Colores ideales y estrellas internacionales. Echo de menos la vieja, pobre y en blanco y negro película…” El público estuvo de acuerdo y la película pronto fue retirada de las carteleras de los cines.

Para el momento en el que las cifras de la decepcionante audiencia se hicieron evidentes, Truffaut ya estaba inmerso en la preproducción de su próxima película, L’Enfant sauvage (El pequeño salvaje, 1970). La idea de una película basada en la historia real de un niño salvaje que se encontró viviendo en el bosque alrededor de Aveyron, en 1798, había estado en los planes de Truffaut desde hacía algún tiempo y reflejaba su interés de larga data en el bienestar y la educación de los niños. El financiamiento no fue fácil, pero al final, United Artists respaldó el proyecto. Después de pensarlo mucho, Truffaut se hizo cargo del papel del Dr. Itard, el dedicado educador que enseña al niño a caminar, vestirse, dormir, comer, y, finalmente, a hablar y a comunicarse. El rodaje tuvo lugar durante el verano de 1969. Fue la primera colaboración de Truffaut con el cineasta Néstor Almendros, una sociedad altamente productiva que continuaría durante otras nueve películas.

Truffaut consideró a L’Enfant sauvage demasiado austera e intransigente para interesar a un público más amplio, por lo que se sorprendió cuando se convirtió en un éxito en la taquilla. Los críticos elogiaron por unanimidad la película. Esto provocó un gran debate en Francia y en otros lugares, inspirando más de 150 artículos en la prensa. Truffaut apareció en numerosos programas de radio y televisión para discutir cuestiones planteadas por la película y recibió una avalancha de cartas, muchos de los profesores y estudiantes de secundaria, con ganas de compartir sus propias experiencias.

Antes de L’Enfant sauvage fuese estrenada, Truffaut estaba en las calles de París con el rodaje de Domicile conjugal (Domicilio conyugal), la tercera entrega de las aventuras de Antoine Doinel. Antoine está casado con Christine y vive con ella en un pequeño apartamento. Su rutina diaria consiste en comer con sus padres, conversaciones en la cama y encuentros divertidos con los diversos personajes excéntricos que comparten el mismo bloque de departamentos. Son, en general, felices, hasta que Antoine tiene un romance con una chica japonesa que conoce en el trabajo. Aunque en la superficie de una obra desenfadada e intrascendente, Truffaut pone gran parte de sus propias experiencias de vida, especialmente su matrimonio con Madeleine, en esta película. Una vez más la combinación “Doinel” de la comedia chiflada y los enredos románticos prueban ser populares con el público.

A principios de la década de 1970, François Truffaut se estableció a nivel internacional como uno de los pocos directores de “cine arte” cuyo trabajo llegó a un público más amplio. Él contribuyó a su éxito al viajar al extranjero con cada una de sus películas, los entrevistadores lo adoraban, con su aire pensativo y su capacidad para hacer que cada periodista se sintiese que era su mejor amigo. En casa, él era una figura cultural importante que aparecía regularmente en la televisión y la radio. Como personaje público, se le preguntaba a menudo sobre su posición con respecto a cuestiones políticas importantes, pero en la mayoría de los casos se negó a tomar partido por la izquierda o derecha. Como él mismo dijo, “la vida no es ni nazi, comunista, ni gaullista, es anarquista.

Con el éxito de sus dos películas anteriores, Truffaut debería haber estado alentado, sin embargo, después de hacer cuatro películas en poco más de dos años, estaba mental y físicamente agotado. Esto, combinado con la ruptura de su relación con Catherine Deneuve en el otoño de 1970, condujo a un período de severa depresión. Por unos meses se retiró a una habitación de hotel y pasó días solo sin salir y sin poder dormir. Finalmente, un médico le recetó pastillas para dormir y lo convenció de hacer una cura de sueño de diez días.

Durante este tiempo oscuro, Truffaut encontró consuelo en la novela de Henri-Pierre Roche Les Deux Anglaises et le Continent (Las dos inglesas y el continente). Renunció a sus planes de tomarse un año sabático, y decidió en cambio que el trabajo era su mejor esperanza de recuperación, y se dedicó a la adaptación de la obra para la pantalla. En base a la reputación del director la financiación llegó con facilidad y en la primavera de 1971 preproducción ya estaba en marcha. Jean-Pierre Léaud fue elegido como Claude, el joven francés que se enamora de las dos hermanas, Anne y Muriel Brown. El rodaje tuvo lugar entre mayo y junio, principalmente en la costa de Normandía.

Le fue bien con la producción de la película y en el momento de la primera proyección Truffaut sintió que había realizado su obra maestra. Gracias al apoyo de los amigos, y su inmersión en el trabajo, había recuperado la confianza en sí mismo. La realización de películas resultó ser la forma más efectiva para ahuyentar sus “pensamientos oscuros” y lograr poder descansar “sin pastillas para dormir“. Les Deux Anglaises fue lanzado en noviembre de 1971 y recibió críticas mixtas por parte de los críticos. Algunos pensaban que la película era demasiado fría y se opusieron a su gráfico carácter físico como la toma de las sabanas manchadas de sangre después de la desfloración de Muriel. La película fue recibida con más simpatía en el extranjero y su reputación creció con el tiempo.

Con apenas una pausa para tomar aliento, Truffaut se volvió hacia su próximo proyecto, una comedia surrealista titulada Une belle fille comme moi (Una chica tan decente como yo). Bernadette Lafont interpretó a una astuta asesina que usa sus armas de mujer para atrapar a los hombres a ayudarla a salir de una serie de líos. A pesar de que se benefician de una enérgica actuación de Lafont y un picante trabajo de Georges Delerue, la película fue rechazada por crítica y público, y rápidamente desapareció de las pantallas.

Durante la edición de Les Deux Anglaises en Victorine Studios en Niza, Truffaut se intrigó por un enorme set que se había erigido varios años antes, que consistía en varias fachadas de edificios, una entrada de metro, y un café de París. Había mucho tiempo quería hacer una película sobre la filmación de una película, y esto, pensó, sería el escenario perfecto. Comenzó a trabajar en un guión con Jean-Louis Richard, en el verano de 1971 y volvió a el después de terminar el rodaje de Une belle fille comme moi. El rodaje de La Nuit Americaine (La noche americana) comenzó en el Victorine Studios en septiembre de 1972, con Jean-Pierre Aumont, Jacqueline Bisset, Jean-Pierre Léaud, Nathalie Baye y él mismo Truffaut como parte del elenco.

Apropiadamente, para una película que lleva el nombre de un término técnico para las escenas nocturnas tomadas en luz del día con un filtro especial, La Nuit Americaine (La noche americana) era una fascinante visión de la realidad detrás del artificio de la cinematografía. Como un mago que revela los secretos de su magia, Truffaut da a conocer los trucos del oficio de cineasta. La Nuit Americaine fue acogida con entusiasmo por la crítica y el público. Ganó el premio BAFTA de 1974 a la mejor película y recibió cuatro nominaciones a los Oscar, para llevarse a casa el Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera.

No todos, sin embargo, admiraban La noche americana. Jean-Luc Godard estaba exasperado por la película y le escribió a Truffaut una carta despectiva en la que se le llamó “mentiroso” y condenó “la ausencia de una visión crítica” en la película. Sostuvo que Truffaut debería financiar su próximo proyecto, un film sencillo, “para que el público no crea que el único tipo de películas que se están realizando son las de este tipo.Truffaut le escribió una respuesta feroz de veinte páginas. En ella denunció las mentiras de Godard, su tono de superioridad, su “habilidad para hacerse pasar por una víctima… mientras que, de hecho, siempre se ha arreglado para hacer exactamente lo que el quería, cuando quería, como lo hubiera querido, y siempre lo ha logrado, sobre todo, para mantener la imagen pura, de línea dura que ha cultivado, aunque sea a costa de personas indefensas… “Al final, él sugiere que podrían llegar a discutir sus diferencias. Sin embargo, la ruptura era irrevocable y nunca le volvió a hablar. La amistad y la camaradería en el corazón de la Nouvelle Vague habían terminado para siempre.

El éxito de La noche americana le permitió a Truffaut la libertad de tomar un descanso. Alquiló un enorme nuevo apartamento con vista a la Torre Eiffel, y pasó mucho tiempo con sus dos hijas, Laura y Eva. Evitó eventos sociales, prefiriendo pasar sus noches en casa en compañía femenina o viendo la televisión. Durante estos dos años sabáticos, pasó todo el tiempo que le fue posible en el extranjero, vivió en Los Angeles en el hotel Beverly Hills en el verano de 1973. Allí estudió Inglés con Michel Thomas, observó la cobertura del caso Watergate, y visitó a amigos como Jean Renoir. Su reciente éxito con el Oscar lo puso entre un selecto grupo de directores extranjeros que ahora se consideraban confiables económicamente y recibió una serie de ofertas de Hollywood para dirigir proyectos en idioma inglés, que cortésmente rechazó, ya que no se sintió listo para aceptar el desafío de hacer otra película en inglés.

A finales de 1974, con varios proyectos en desarrollo y con los fondos de Carosse agotándose, Truffaut decidió que su siguiente película sería una adaptación de la biografía de Adele Hugo, la hija del gran escritor Víctor Hugo. La película detallará su amor obsesivo por un soldado británico, y el posterior descenso a la locura después de su rechazo. Truffaut sabía que encontrar a la actriz adecuada para retratar a Adele era crucial y había puesto su corazón en una joven actriz de 19 años de edad, Isabelle Adjani. Ella fue contratada para la compañía de teatro Comedie Francaise, sin embargo en un principio se negó a romper con ellos. Tomó meses de presión por parte de Truffaut sobre ella y el director de la empresa para que la dejaran libre, pero al final lo consiguió.

El rodaje de L’Histoire d’Adele H (Diario íntimo de Adele H, 1975) se llevó a cabo en las islas de Guernsey y Goree frente a las costas de Senegal en los tres primeros meses de 1975. El aislamiento de las locaciones y las intensas demandas realizadas para con Adjani hizo de este un rodaje difícil. Truffaut parecía casi hipnotizado por la belleza de la joven actriz. Le escribió a un amigo: “Filmarla a ella es todo lo contrario al placer, es un sufrimiento diario para mí, y casi una agonía para ella” En su estreno en París la película recibió críticas decepcionantes y luchó para mantenerse en cartelera. Le fue mejor en el extranjero, en gran parte como resultado de la atención generada por Adjani, quien recibió una nominación al Oscar por su actuación.

Apenas cuatro meses después de la finalización del rodaje de Adele H, Truffaut comenzó a rodar una película todo sobre niños en la localidad rural de Thiers. Extraídas de anécdotas, noticias e ideas originales que se remontan a su juventud, L’Argent de poche (La piel dura, 1976) es una colección de relatos entrelazados centrados en varios personajes, que van desde un recién nacido hasta un adolescente. Divertido, emocionante y de suspenso, la película refleja la creencia de Truffaut en “la tremenda capacidad de los niños para hacer frente a la vida y sobrevivir.

L’argent de poche fue un gran éxito, pero una vez más Truffaut sufría de agotamiento y su médico le ordenó descansar. Sin más rodajes programados hasta el otoño de 1976, tenía la intención de tomarse seis meses para descansar, pero sus planes fueron interrumpidos por una llamada de Hollywood. En la otra línea era un llamado de un joven Steven Spielberg, de 29 años, quien acababa de dirigir la película más exitosa de todos los tiempos, Tiburón. Quería a Truffaut para el papel de Claude Lacombe en su próxima película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Después de algunas dudas, Truffaut aceptó y pasó unos cuatro meses filmando en Estados Unidos, sobre todo en un estudio en Alabama. Aunque a menudo se sentía nostálgico y estaba frustrado por todas las interminables esperas, Truffaut se llevaba bien con Spielberg y valoró la experiencia.

Mientras filmaba en Estados Unidos, Truffaut pasó gran parte del tiempo entre tomas trabajando en el guión de su próxima película. L’Homme qui aimait les femmes (El amante del amor) se basó en parte en sus propias experiencias y las de un viejo amigo, Michel Fermaud. La película cuenta la historia de un seductor en serie que relata sus muchas aventuras con el sexo opuesto al escribir sus memorias. El héroe de la historia, Bertrand Morane, interpretado magistralmente por Charles Denner, es un despiadado Don Juan, pero sin embargo un depresivo incapaz de formar una relación duradera por su compulsión.

La intención de Truffaut en la película era la de crear un retrato de un galán cuyas muchas conquistas son una forma de compensar el cariño que le negaron en la infancia por parte de una madre cruel e indiferente. De este modo logró retratar con precisión un aspecto de su propio carácter. Aunque tímido, Truffaut era un hombre realmente encantador, cuyas muchas relaciones incluían a algunas de las más bellas actrices de cine de la época. Su experiencia en el matrimonio, sin embargo, lo convenció de que no podía vivir a largo plazo en pareja. Era consciente de su propia irresponsabilidad y el egoísmo, y que a menudo le hacía feliz, pero no podía dejar de seguir actuando como siempre lo había hecho. Este conflicto está en el corazón de la comedia de L’Homme qui aimait les femmes, que, a pesar de su tono un tanto melancólico, fue otro gran éxito en la taquilla.

Ahora, de unos cuarenta años, François Truffaut se volvió cada vez más preocupado por la muerte y por aquellos cercanos a él que habían fallecido. “Yo soy fiel a los muertos, vivo con ellos. Tengo cuarenta y cinco años y ya empiezo a estar rodeado de gente muerta“. Desde la muerte de André Bazin en 1958, había perdido a muchos amigos cercanos, amantes y compañeros de trabajo. La muerte de Francoise Dorleac en un accidente automovilístico fue un golpe particularmente duro para el. En 1977, dos hombres que habían sido como padres para él, Roberto Rossellini y Henri Langlois también murieron. La Chambre verte (La habitación verde, 1978) se basó en varios cuentos de Henry James y se trata de un hombre, Julien Davenne, que no puede olvidar a los que han muerto. Toda su vida se dedica a mantener viva la memoria de su esposa Julie, que murió a la edad de 19 años. Su “sala verde” es un santuario que él ha creado a su memoria y para otros que también fueron parte de su vida.

Truffaut eligió a Nathalie Baye como Cecile, la heroína de la película, y él mismo como Davenne. El rodaje tuvo lugar en el otoño de 1977 en los alrededores de Honfleur. Muchos de los interiores fueron filmados con luz de velas, dando a la película una atmósfera fantasmal. A pesar del tema tétrico de la película, la filmación fue con frecuencia alegrada con “incontenibles ataques de risa antes de las tomas“. Truffaut tenía serias dudas acerca de si la película en última instancia funcionaría, debido más que nada a su propio desempeño, creyéndose demasiado viejo para el papel. Sus temores se disiparon inicialmente por las primeras proyecciones de la película. La respuesta por parte de amigos y críticos fue unánimemente favorable. El público, sin embargo no estuvo de acuerdo y la película fue otro fracaso de taquilla, tanto en Francia como a nivel internacional.

Truffaut estaba amargado y desilusionado por el fracaso de La Chambre verte para llegar a un público más amplio. Además de todo esto sufría problemas de salud y las reservas Carosse se estaban agotando una vez más. Necesitaba un éxito y se volvió una vez más a Antoine Doinel. Ahora, a sus 30 años, la vida amorosa de Antoine es tan complicada como siempre. Mientras esta en medio de su divorcio con Christine, tiene un romance con Sabine, a continuación, llevando a su hijo Alphonse a la estación, se encuentra con Colette, su primer amor. Filmada rápidamente con un bajo presupuesto, L’Amour en fuite (El amor en fuga, 1979), demostró ser sólo la máquina de hacer dinero que el necesitaba. Truffaut, sin embargo, no estaba satisfecho con la película, que el describió como “una estafa“.

Ansiosos por recuperarse de sus dos películas anteriores, los cuales habían sido unos fracasos en su opinión, Truffaut desarrolló una serie de proyectos, todos los cuales, por una razón u otra, no pudo llevar a buen término. Uno de ellos, L’Agence Magique, era acerca de un grupo de artistas de variedades en una aventurera gira por Senegal. En su lugar, decidió seguir adelante con la historia de una compañía de teatro, pero lo puso en la París ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Antes de escribir el guión,Truffaut y Suzanne Schiffman, su más fiel colaboradora, se abrieron paso a través de archivos históricos y estudiaron minuciosamente libros de historia, recopilación de memorias y materiales de actores y directores. También se basó en sus propios recuerdos, así como anécdotas de la familia, para retratar con precisión un momento en que las detenciones eran comunes, judíos fueron deportados de forma masiva, y los ciudadanos de París tuvieron que cumplir con el racionamiento estricto y el toque de queda de medianoche, lo que significaba que no podían permitirse el lujo de perder el último metro.

Pero no era la intención de Truffaut hacer una película política. Lo que más le interesaba, como siempre, eran las emociones humanas y las relaciones cambiantes entre los personajes. Por consiguiente, mucho se basaba en la presencia y las actuaciones de los actores principales. En la elección de Catherine Deneuve para el papel de Marion Steiner, la actriz y directora de la compañía de teatro, Truffaut comentó: “Me encanta la forma en que ella proyecta dos facetas: un personaje visible y otro subterráneo. Ella parece sugerir su vida interior secreta al menos como algo tan importante como su aspecto exterior“. En cuanto a Gerard Depardieu, que había sido durante mucho tiempo un admirador, y ahora, en el papel de Bernard, el actor impetuoso y combatiente de la resistencia, tenía el papel perfecto para ofrecer.

Le Dernier Metro (El último metro) entró en producción el 28 de enero de 1980 en una fábrica abandonada en los suburbios de París. Recaudar los fondos necesarios no ha sido fácil. Varios distribuidores rechazaron el guión, oponiéndose a la situación histórica del mismo. A pesar de sus reservas, la película fue un gran éxito. Más de un millón de personas lo vieron sólo en París. Seis meses después, la película ganó 10 Cesars incluyendo Mejor Película y Mejor Director para Truffaut.

El gran éxito de crítica y público de Le Dernier metro elevó el perfil de Truffaut a un nivel sin precedentes. Había retrospectivas de su obra en ciudades de todo el mundo, y el Carosse ahora era una base financiera más firme, como nunca lo había antes. La película no estuvo exenta de detractores, sin embargo. Un crítico escribió mordazmente de “ver a Truffaut y sus amigos tambaleándose bajo el peso de esos pequeños y feos objetos con los que honramos el éxito en el séptimo arte.” Mientras que otro acusó a Truffaut de haberse unido a las filas del “cine de calidad“, que él mismo alguna vez denunció.

Truffaut se aprovechó de su larga entrevista en Cahiers du cinema para exponer su versión de los hechos. Habló largo y tendido sobre su carrera y sus relaciones con los colaboradores y otros directores. Cuando el tema de Godard se acercó, estaba arrepentido de sus críticas a su antiguo amigo. “Incluso en el momento de la Nouvelle Vague, la amistad era una relación de una sola vía para el. Ya que era muy talentoso y listo para atraer la compasión, nos acostumbramos a perdonar su pequeñez, pero, todo el mundo le dirá que ya tenía su lado resbaladizo, que ahora no se puede ocultar”. Sobre la cuestión de los proyectos futuros, el director dijo: “Mi única táctica es alternar, filmar una película de muy bajo presupuesto después de cada película costosa, por lo que no sería arrastrado a una escalada que conduce a serias concesiones, megalomanía y desempleo.

En contraste, por tanto, a la anterior película de Truffaut, La Femme d’à côte (La mujer de la puerta de al lado, 1981) se rodó con rapidez y con un presupuesto modesto. Inspirado por su relación con Catherine Deneuve, se trataba de otro estudio de una pasión obsesiva que destruye a los que entran en ella. En el rol femenino principal, junto a Gerard Depardieu, eligió a Fanny Ardent, una joven actriz que había visto por primera vez en la televisión francesa. “Inmediatamente que vi a Fanny Ardent la valoré,” explicó, “las cualidades que más busco en los protagonistas de mis películas: vitalidad, coraje, entusiasmo, humor, intensidad, pero también, para contrarrestar estos, el gusto por el secreto, un lado salvaje, un toque de salvajismo y, sobre todo, algo vibrante.

Durante el rodaje, esta admiración profesional se convirtió en personal, y el director y su actriz comenzaron una relación. Este iba a ser su última gran pasión romántica en la vida de Truffaut. Similar en el temperamento, de común acuerdo, decidieron no vivir juntos, para mantener su independencia, a pesar de que eran prácticamente vecinos en el distrito XVI. En septiembre de 1983, Fanny dio a luz a una niña llamada Josephine, tercera hija de Truffaut.

Para gran alivio de Truffaut, La Femme d’à côte fue un éxito, y el fue capaz de tomar un merecido descanso antes de comenzar a trabajar en su próxima película a principios de 1982. La idea de este nuevo trabajo había llegado durante la visualización de escenas de La Femme d’à côte. “Estábamos mirando a una escena de noche en la que Fanny Ardent caminaba alrededor de la casa en un impermeable. Alguien dijo: “Me recuerda a una novela de suspense“.

Al igual que su anterior intento en el género negro, Tirez sur le pianiste (Disparen sobre el pianista, 1960), Vivement dimanche! (Confidencialmente tuya) se basó en una novela americana, esta vez por Charles Williams, rodada en blanco y negro, y con un fuerte sentido del humor subversivo. En la película Fanny Ardent hace el papel de una secretaria de un agente inmobiliario interpretado por Jean-Louis Trintignant, sospechado de asesinar a su esposa y su amante. En la novela, es la secretaria la que lleva a cabo la investigación y resuelve el crimen, mientras que su jefe se esconde en su oficina.

Vivement dimanche! fue lanzado el 10 de agosto de 1983. Truffaut pasó algún tiempo en París promocionando la película, antes de retirarse a una casa alquilada en Normandía, donde tenía previsto pasar dos meses de descanso y de trabajo en futuros proyectos. Estos incluyen una remake de Nez-de-Cuir, una nueva adaptación de la novela de La Varende que quería filmar con Gerard Depardieu y Fanny Ardent, y la historia de una chica delincuente llamada La Petite Voleuse.

En la noche del 12 de agosto, después de un día de trabajo con el guionista Claude de Givray, Truffaut experimentó lo de Givray describió como “un petardo explotando su cabeza“. Después del examen, los médicos descubrieron un tumor en el cerebro y, al mes siguiente, fue operado y el tumor fue removido correctamente. Para el próximo año, Truffaut continuó trabajando en posibles escenarios, y comenzó a trabajar en su autobiografía. Sin embargo, su condición se deterioró y fue readmitido en el hospital, donde murió el 21 de octubre de 1984.

Tal como lo había solicitado, el cuerpo de François Truffaut fue incinerado en el crematorio del cementerio de Pere-Lachaise y sus cenizas enterradas en el cementerio de Montmartre. Miles de personas asistieron a su entierro. Un mes después, el 21 de noviembre de 1984, se celebró una misa en la iglesia de Saint-Roch, donde, en una escena que recuerda de La Chambre verte, cientos de velas ardían en la nave de la iglesia.

Hoy en día, no sólo tienen sus veinticinco películas convertidas en clásicos, sino que también Truffaut es ampliamente reconocido hoy como uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos.

6 Comments so far

  1. [...] –Autonomía. Creo que en los aspectos más fundamentales todos los hombres se comportan de forma autónoma siempre que pueden, es decir, siempre que encuentran un hueco en la opresión. En las artes en particular, la autonomía es especialmente importante. El cardenal de Salzburgo tenía un gusto musical completamente diferente del de Mozart, desdeñaba su música, pero no por eso Mozart comenzó a componer de otro modo. La autonomía es eso. Godard nunca va a ser obediente. Incluso habiendo hecho películas publicitarias, sigue siendo autónomo. Eso es el cine de autor. Otro ejemplo es Truffaut. [...]

  2. [...] se va uno de los mayores talentos vivos que tenía hoy la Nouvelle Vague, que integró junto a François Truffaut, Claude Chabrol, Alain Resnais, Jean Luc Godard y Jacques [...]

  3. Mi noche con Maud | Cinematismo on Abril 18th, 2013

    [...] apartado de las películas de los otros miembros fundadores claves Claude Chabrol, Jean-Luc Godard, François Truffaut y Jacques Rivette. Generalmente asociamos este movimiento con un estilo que rompe las convenciones [...]

  4. [...] 513.30 El mundo frente a míde Tony Richardson 15.40 Los 400 golpesde François Truffaut 17.00 Un pogrom en Buenos Airesde Herman Szwarcbart 18.30 Hiroshima mon amourde Alain Resnais 20.00 [...]

  5. [...] romper. Es posible que el Free Cinema no haya tenido una personalidad tan compleja como la de François Truffaut, pero sus convicciones y su mirada crítica sobre el cine pueden encontrarse en Anderson mientras [...]

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    [...] mas activo venia de la critica, del semanario Arts y de los insurrectos Cahiers du Cinema: Godard, Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette, Pierre Kast y sus mayores: Jacques Doniot-Valcroze y Eric Rohmer, [...]

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