
A diferencia de Nosferatu, su mas horrorífica creación, F. W. Murnau fue condenado a una joven tumba. Pero sus trabajos viven aun, triunfantes sinfonías de estilo.
Nada es más atractivo, por supuesto, que un aliento de escándalo –especialmente un escándalo hollywoodense- y los rumores sobre las exactas circunstancias del accidente fatal el 22 de Marzo de 1931, en la ruta de Los Angeles a Carmel, no dudo en pintar la mas morbosa imagen sobre lo sucedido. De hecho, todo lo que parece haber sucedido es que F. W. Murnau viajaba en un Packard con chofer, el que eventualmente cedió su lugar a las suplicas de su joven valet filipino al que se le permitió tomar el volante. Manejando demasiado rápido da un viraje brusco para evitar un camión y el automóvil se sale del camino. La mayoría de sus ocupantes no salieron lastimados, pero Murnau sufrió una fractura de cráneo y falleció en el hospital poco después. Esta parece ser la insulsa verdad, pero lo suficientemente extraña como para que se tejan una red de fantasías alrededor del evento que le aseguró a Murnau ser conocido por mucha gente, la que nunca ha visto siquiera uno de sus películas.
Deberían por supuesto conocer más. Murnau esta lejos de ser un don nadie en su natal Alemania, y por lejos podría ser juzgado como el mas distinguido y talentoso de todos los directores traídos a Hollywood en la década de 1920 con la máxima publicidad y un tratamiento de carpeta roja. Y la primera película de Murnau en Hollywood, Sunrise (1927) fue, en los últimos veinte años, restituida en la lista de las “diez mejores” por críticos e historiadores de cine de todo el mundo.
Sunrise es un asombroso logro –prueba viviente de que los grandes realizadores europeos no vendían su alma automáticamente al ir a Hollywood, o producir películas menos sorprendentes de las que hacían en Alemania en la era del cine mudo. Junto con Fritz Lang y G. W. Pabst, estuvo a la vanguardia de un increíble y creativo cine alemán a comienzos de la década de 1920.
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