La naranja mecánica

Stanley Kubrick
Título Original: A clockwork orange
País: Gran Bretaña
Año: 1971
Género: Drama, Thriller, Ciencia Ficción
Guión: Anthony Burgess, Stanley Kubrick
Director: Stanley Kubrick
Fotografía: John Alcott
Edición: Bill Butler
Música: Wendy Carlos
Producción: Stanley Kubrick
Duración: 136 minutos
Intérpretes: Malcolm McDowell (Alex), Patrick Magee (Sr. Alexander), Michael Bates (Jefe de Guardias), Warren Clarke (Dim), John Clive (Actor), Adrienne Corri (Sra. Alexander), Carl Duering (Dr. Brodsky), Paul Farrell (Tramp), Clive Francis (Lodger), Michael Gover (Alcalde de la prisión), Miriam Karlin (Catlady), James Marcus (Georgie), Aubrey Morris (Deltoid), Godfrey Quigley (Capellán de la prisión), Sheila Raynor (Mamá), Madge Ryan (Dra. Branom), John Savident (Conspirador), Anthony Sharp (Ministro), Philip Stone (Papá).
Consistente con el sexo y la brutalidad, teutónico en su humor, La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick puede ser el trabajo de un estricto y minucioso profesor alemán quien se propone realizar una comedia porno violenta de ciencia ficción. Hay algo mas sádico –y al final mas repelente- que un pornógrafo con pensamientos limpios? Las numerosas violacio0nes y golpizas no tienen ferocidad ni sensualidad; carecen de sentimiento, pedantemente calculadas, y porque no hay emoción motivante, el espectador puede experimentarlas como indignas y desear marcharse. La película se basa en la novela de Anthony Burgess tan estrechamente que el libro podría haber servido como el guión.
La novela de Burgess de 1962 se ubica en una futura Inglaterra socialista (aproximadamente finales de la década de 1970 o comienzos de 1980) –una aburrida, rutinaria Inglaterra que errantes bandas de adolescentes aterrorizan por las noches. En observación del potencial amoral y destructivo de estas bandas de adolescentes, la fábula irónica de Burgess difiere de la novela 1984 de Orwell de una manera que parece proféticamente certera. La novela es narrada por el líder de una de estas bandas –Alex, un estudiante sádico falto de conciencia- y, narrada en su propia jerga (Nadsat, el dialecto especial de los adolescentes). El libro es de fácil lectura; Burgess, un compositor convertido en novelista, tiene un brillante sentido del lenguaje musical, y puedes captar los significados de las extrañas palabras mientras que los ritmos de la prosa se aceleran. Alex disfruta robar, violar, y destruir hasta que mata a una mujer y es enviado a prisión por catorce años. Luego de servir dos, se las arregla para salir con la condición de formar parte de un experimento, y es transformado en un robot moral que se enferma cuando piensa en sexo y violencia.
Puesto en libertad cuando es inofensivo, cae presa de sus antiguas victimas, quienes lo golpean y atormentan hasta que intenta suicidarse. Esto llega a la critica del gobierno que lo robotizó –transformado en una naranja mecánica- y es decondicionado, volviéndose nuevamente un matón, y ahora suelto y triunfante. Las ironías son diversas, pero Burgess es claramente un humanista; su punto de vista es la de un cristiano horrorizado por la posibilidad de una sociedad transformada en una naranja mecánica, en la cual la vida es tan mecanizada que los hombres pierden su capacidad de elección moral. Parece no haber otra forma en esta aburrida, y deshumanizada sociedad para los muchachos que soltar sus energías en el vandalismo y el crimen; hacen lo que hacen como algo habitual. Alex el sadista esta mecanizado tanto como el Alex bueno.
El Alex (Malcolm McDowell) de Stanley Kubrick no es mas que la expresión de cómo esta sociedad ha perdido su alma mientras que el es forzado a oponerse a la sociedad, y haciendo que las victimas de los matones sean mas repulsivas y despreciables que los matones, Kubrick ha aprendido a amar el sadismo punk. El final no es el irónico triunfo del matón mecanizado sino un triunfo real. Alex es la única persona agradable que vemos –su sádica bravuconería lo sugiere claramente- más vivo que cualquier otra persona en la película, y más joven y más atractivo, y McDowell hace el papel exuberantemente, con el poder y astucia de un joven Cagney. A pesar de lo que Alex hace al comienzo, McDowell es torturado, golpeado y humillado, pero cuando su descarada, agresiva naturaleza es restaurada es una victoria que compartimos. La mirada de Alex al final nos cuenta que no es solo un mecanizado sadista sin elección, sino que prefiere el sadismo y sabe que puede obtenerlo. Lejos de ser una pequeña parábola sobre los peligros de la falta de cualidades humanas y los horrores de la fuerza, ya sea empleado por individuos unos contra otros o por la sociedad en “condicionamiento”, la película se vuelve una vindicación de Alex, diciendo que el joven era un ser humano libre y solo el Alex bueno era un robot.
El truco de hacer al atacado menos humano que a los atacantes, por lo que usted no siente ninguna simpatía por ellos es, a mi entender, un síntoma de una nueva actitud en las películas. Esta actitud dice que no hay diferencia moral. Stanley Kubrick asumió su deforme y presumida perspectiva de un joven vicioso que dice: “Todo esta podrido. Porque no puedo hacer lo que quiero? Son peores de lo que soy yo”. En este nuevo humor (talvez las películas en sus efectos acumulativos son parcialmente responsables de ello), la gente quiere creer en la degradación de las victimas.
Esta película juega con la violencia en una manera seductivamente intelectual. Y aunque no tiene profundidad, esta hecho en un estilo tan lento y pesado que aquellos preparados pueden tratar sus aspectos intrincados como oraculares. Puede ser fácilmente interpretada como una ambigua obra de misterio, una visionaria advertencia contra el “Sistema”. Hay un millón de maneras de justificar la identificación con Alex: Alex esta luchando contra la represión; esta solo contra el sistema. Lo que el hace no es ni cercanamente tan malo como lo que hace el gobierno. Porque no debería ser violento? Eso es todo lo que el Sistema le enseñó (y a nosotros) a ser. El punto del libro es que nosotros como hombres debemos ser capaces de responsabilizarnos por lo que somos. Kubrick removió muchos de los obstáculos para que nos sintiésemos identificados con Alex: el Alex del libro tenía sus hábitos personales un poco mas ordenados –su afición a aplastar pequeños animales bajo sus ruedas, su gusto por niñas de diez años, sus golpizas hacia otros prisioneros, y así con muchas cosas mas. Y Kubrick ayuda a la identificación con Alex con elecciones directorales. El escritor al cual Alex deja paralítico (Patrick Magee) y la mujer a la que mata son caricaturas desagradables con acento de clase alta. Burgess nos mostró a la sociedad a través de los ojos de Alex, la visión estaba deformada, y Kubrick, trayendo la visión adolescente de las hipócritas y sexualmente sucias autoridades y extendiéndola hacia todos los adultos de Dr. Strangelove, le agregó un capa más de deformidad. La gente “recta” esta mas torcida que Alex; parecen inhumanos e incapaces de sufrir. El sufre solo. Y como sufre! Lo que le hacen a Alex es mucho peor de lo que Alex ha hecho, así que la misma sociedad justifica la violencia de Alex.


Posteado Mayo 29, 2008
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