Bela Lugosi: Triunfo y Tragedia de un Mito

Bela Lugosi es con toda seguridad una de las figuras más trágicas e icónicas de la historia del cine, entendido éste tanto en su totalidad como en su vertiente del género de terror. Lugosi se haya, sin dudas, entre las grandes figuras del género, codeándose con genios de la talla de Lon Chaney, Boris Karloff, Vincent Price, Peter Cushing y Christopher Lee. Pero tiene algo de lo que todos ellos carecen. La figura de Lugosi siempre ha estado envuelta en un halo de misterio y drama, gloria y decadencia, que lo configuran como una estrella única dentro del celuloide.

Lugosi fue un gran hombre, de inmenso talento, cuya vida estuvo plagada de desgracia, sinsabores, frustración y humillación. Saboreó las mieles del éxito, tocó el cielo con su genial e insuperable interpretación del vampiro más famoso, el Conde Drácula, pero todo fue efímero. Consiguió hacer sus sueños realidad, pero despertó de ellos demasiado pronto y la gloria se le escapó de entre los dedos. Como Ícaro, voló demasiado alto, y el sol derritió sus alas. La caída fue muy dura. Pero ahí es donde reside su mayor logro, ahí está lo que hace que además de un gran actor, fuera una gran persona: demostró una inigualable tenacidad para enfrentarse a la adversidad de su destino, nunca flaqueó, y siempre mantuvo sus esperanzas. Su fe en su trabajo nunca se debilitó, y ahora su legado está más vivo que nunca, pues Lugosi nos dejó un buen número de clásicos imprescindibles para todo cinéfilo que se precie, y entre ellos, su Drácula, con el que nos mostró al que muy posiblemente es el villano más carismático y elegante que haya alumbrado Hollywood jamás.

Ahora, repasaremos la vida y la obra de este genio.

Bela Lugosi (1882 - 1956) nació el 20 de octubre de 1882 en Lugos, por aquel entonces, parte del Imperio Austro-Húngaro, y ahora conocido como Lugoj, en el Estado de Rumanía. De nombre real Béla Ferenc Dezso Blaskó, hijo de Paula de Vojnich y de István Blasko, católicos y familia numerosa (Bela tenía tres hermanos, de nombres Vilma, Laszlo y Lajos), la cual gozaba de buena posición social y económica (el padre era banquero). Pronto, el joven Lugosi empezó a demostrar afición por la interpretación.

Sin embargo, esta situación idílica acabó pronto, y Bela sufrió el primer golpe duro de la vida cuando su padre falleció teniendo él solo 12 años, y la economía familiar se desestabilizó tan rápidamente que el pequeño Lugosi tuvo incluso que trabajar como minero, en la mina de Resicabanya (hoy Resita) en muy duras condiciones. Pasar del cielo al infierno en tan poco tiempo parecía, irónicamente, una premonición de lo que luego sufriría en Hollywood. Cabe decir, en todo caso, que tal vez la vida de Bela antes de este hecho no fuera, en todo caso, tan idílica, pues en diversas entrevistas comentó sutilmente el haber recibido maltratos psicológicos por parte de su padre, persona dominante y absorbente.
Además de minero, Bela también desempeñó las profesiones de ferroviario, y de peón, levantando puentes, además de probablemente otras semejantes.

Tiempo después de la muerte de su padre, cuando la situación familiar se estabilizó, Bela comenzó a estudiar interpretación en la Academia de música y artes de Budapest. Había cursado sus estudios previos en el llamado Gymnasium estatal superior de Lugos, con buenas calificaciones.

Pronto comenzó su carrera teatral, con tal fuerza que a los 19 años ya era una estrella en su país. Por aquel entonces usaba el nombre artístico de Arisztid Olt (no imaginaba el peso que tendría el nombre “Bela Lugosi” en el futuro). En el teatro, encarnó toda clase de personajes, muchos de ellos provinentes de obras de Shakespeare, pero también indagó en géneros que luego Hollywood le vetaría, como la comedia. En cierta ocasión, llegó incluso a interpretar a Jesucristo. Fue Romeo, Hamlet y Macbeth, así como el conde Weonsky de “Ana Karenina”, por citar roles de protagonista. Con frecuencia interpretaba papeles de galán. En esta época, ya tenía fama de mujeriego, y tuvo múltiples conquistas. “Ligón” crónico, en todos sus posteriores matrimonios demostraría ser infiel por naturaleza. Sin embargo, y pese a ello, Bela era una persona muy seria y dedicada a su trabajo. Actuó en los mejores escenarios de su país, como el teatro de Szeged, el Magyar Szinh de Budapest y el Teatro Nacional Húngaro de Budapest, con una profesionalidad intachable.

Pese a su condición de estrella naciente, participó en la 1ª Guerra Mundial, como teniente del 43 regimiento de infantería en el ejército del Imperio Austrohúngaro (que fue el bando derrotado), distinguiéndose en un par de acciones, y recibiendo incluso una herida en la pierna que nunca llegó a sanar. Tras el derrumbamiento del Imperio, Bela siguió participando en política, e incluso fundó un sindicato de actores.

En 1917 se casó con Ilona Szmik, de quién se divorciaría en 1920 (por motivos ya indicados). Sería el primero de sus 5 matrimonios. Su vida sentimental fue tan turbulenta como la profesional. Pero entonces, 1917 le resultó un año dulce. En dicho año, protagonizó su primera película: “Az ezredes” (“El coronel”). Entre 1917 y 1918, protagonizó otras veinte más, como “Droschke 99”, “Az Élet királya” (el retrato de Dorian Gray, en versión de 1918), "Nagymama naplójából” / “Lili”, “Álarcosbál”, “Lulu”, “Tavaszi vihar”, “Casanova” “Küzdelem a létért”, “A Régiséggyüjtö”, “Leoni Leo” y “Nászdal”, entre otras, y aunque la mayor parte de las cuales están perdidas, otras se conservan como tesoros en la filmoteca de su país.
Pero, nuevamente, su tranquilidad fue efímera: las crisis políticas de su país le obligaron a emigrar, primero a Alemania y luego a los Estados Unidos.

En Alemania interpretó diversos títulos comerciales y de calidad, principalmente adaptaciones de novelas de Karl May, como “Auf den Trümmern des Paradieses” y “Die Todeskarawane”, siendo su pareja habitual la actriz judía Dora Gerson. Alcanzó prestigio crítico y social, y tuvo la ocasión de trabajar con grandes directores como Michael Curtiz (futuro director de “Casablanca”, y por aquel entonces acreditado como Kertesz) y Murnau (irónicamente, realizador de “Nosferatu”) que le brindó la ocasión de aparecer en su primera gran película de terror, “Des Januskopft”, de 1920, adaptación / plagio de la clásica historia de Jekyll y Hyde (como “Nosferatu” con Drácula), siendo aquí conocido el personaje como Dr. Warren (el título alude a Jano, el dios romano de las dos caras). Bela encarnó en la cinta al mayordomo de Jekyll, y su personaje, al igual que en la mejor versión del relato, la protagonizada por el oscarizado Fredric March en 1931, “El hombre y el monstruo”, tiene un papel importante pero no crucial en el relato. Por lo demás, también co-protagonizó una de las primeras versiones de “El último mohicano”, en esta etapa de su carrera.

La situación en la Alemania de los albores del nazismo no era agradable, lo que motivó su partida casi furtiva a los EEUU en octubre de 1920, pese a no desenvolverse con soltura en el inglés. Otros, como Fritz Lang o los citados Curtiz y Murnau, acabarían siguiendo sus pasos.

Con sus recursos muy limitados, pero ya en América, Bela no pudo legalizar su entrada en el país hasta marzo de 1921. Según los registros, medía 1.85 m y pesaba 82 kilos.
Ese mismo año conoció a Ilona Von Montag, pero también se divorciaría de ella al poco tiempo, en 1924. Los motivos, los habituales….

Fue en esta etapa de emigrante cuando empezó a utilizar de forma definitiva el nombre de Bela Lugosi (que vendría a significar “Bela de Lugos”), que utilizó ocasionalmente en Europa (como en la película “99”; de 1918).

Bela, empobrecido, se encontró con que su estatus de estrella en Hungría y Alemania no le servía de nada en América, lastrado por su marcado acento húngaro (un problema que Peter Lorre, compatriota suyo, no tenía), del que no se desprendería nunca. Pero, orgulloso, pretendió obtener en América aquello que ya consiguió en su tierra: el estrellato.

Tras deambular por el país en representaciones ocasionales, y desempeñando diversos oficios no teatrales, participó en una obra de teatro en 1922 (“The red poppy”) y consiguió debutar en Hollywood con la película "The silent comand", con un brevísimo papel. Apareció en diversas producciones mudas de la época, destacando entre todas ellas con luz propia “He who gets slapped” en la cual compartía cartel con el genial Lon Chaney (“El fantasma de la ópera”, “El jorobado de Notredame”), la gran leyenda del cine de terror mudo. El papel de Lugosi era en ésta, como en todas las otras, muy pequeño. Hoy en día resulta casi imposible encontrarle en dicha película si no se sabe previamente quien es, pues no llega a tener ni siquiera diálogo. Otra película destacable sería “Black camel”, casi contemporánea de Drácula, donde interpretaba el papel de jeque.

Lentamente, su condición de extranjero le iba encaminando a interpretar papeles de villano y le encasillaba. Tenía un contrato fijo (aunque no exclusivo) con la Metro Goldwyn Mayer, pero ésta le asignaba papeles de escaso interés. El estrellato quedaba lejos y la Metro no le valoraba (irónicamente, en un reciente documental conmemorativo del aniversario de la Metro, ésta se vanagloria de haber “descubierto” a Bela Lugosi…).

Sin embargo, pudo aproximarse al mundo del cine y llegó incluso a contraer matrimonio con la millonaria Beatrice Woodruf Week, que duró escaso tiempo, debido a una aventura de Bela con la estrella del cine mudo Clara Bow. El matrimonio duró, pues, menos de un año.

Bela tuvo más suerte en el teatro: se presentó a las pruebas para la nueva obra de Hamilton Deane y John L. Balderston. El título: Drácula. El éxito: inmediato, tanto de crítica como de público. Lugosi era el villano, pero al fin, también la estrella. Tan arrollador fue el impacto de la obra, que Carl Laemmle Jr. pensó que su compañía, la Universal, podría adaptarla al cine en 1930. Pero Lugosi no fue considerado para el papel, que debía ser interpretado por Lon Chaney, el cual ya dio vida a un vampiro en “London after midnight” (si no consideramos el giro argumental final del relato). Su trágica enfermedad y consiguiente muerte, de cáncer, así como la renuncia de otro gran actor, Conrad Veidt (“El gabinete del doctor Caligari”, “Casablanca”), posibilitaron que Lugosi tuviera opciones. Pero ni aún así fue fácil. Pese a su éxito previo teatral en el rol del Conde, Universal no le quería.

Lugosi se esforzó mucho para lograr el papel. Inició una larga y duradera correspondencia con la viuda Stoker para que cediera los derechos al cine de la novela Drácula (recordemos el escándalo habido por el plagio de la genial “Nosferatu”, que no pagó por los derechos de la obra). Lugosi, con su labia, convenció a la viuda para que vendiera los derechos de la obra, y no solo eso, sino que incluso por un precio muy bajo. Siempre se ha rumoreado, un tanto maliciosamente, que el carismático Bela consiguió seducir a la viuda Stoker por carta. Otras versiones indican que llegó a conocerla en persona. No sería extraño todo lo anterior, ya que de las pretensiones originales de Florence Stoker (200.000 dólares) a la cantidad finalmente estipulada (40.000) hay un gran trecho.

Exhibiendo estos logros, así como su éxito en el teatro, y aceptando cobrar un salario muy bajo (el insufrible David Manners, que encarna en la película a Jonathan Harker, cobró mucho más que él, en concreto, frente a los 3500 de Bela, posiblemente hasta 4 veces más), Lugosi consiguió el papel. El mito había nacido.

El director Tod Browning (responsable de obras maestras como “Freaks” / “La parada de los monstruos), maestro de lo oscuro, lo macabro y lo trágico en el cine (a día de hoy su equivalente sería el no menos magnífico Tim Burton) dirigió la película, que bebía más de la obra de teatro que de la novela. Hubo limitaciones presupuestarias, desconfianza por parte de Universal (que dudaba del potencial de la cinta), e incluso Tod Browning parecía tan incómodo por no poder trabajar con Lon Chaney, como con el cine sonoro, que era aún una novedad entonces. También la censura puso trabas, dañando el guión y limitando bastante algunos aspectos de la cinta, a diferencia de lo ocurrido con la antes citada “El hombre y el monstruo”, también excelente película de terror del mismo año, pero posterior, que mostraba escenas de violencia y sexo más explícitas de lo que se podía esperar por aquel entonces (y tal vez por ello estuvo retirada del mercado 30 años y dada por perdida hasta los años 70).

Volviendo a nuestro “Drácula”, la película superó todos los problemas y se convirtió en una obra maestra, pionera del género de terror y título referencial de éste. Se estrenó el 12 de febrero de 1931 en el Teatro Roxy de Los Ángeles, con éxito inmediato.

La película resultó enormemente impactante: la atmósfera macabra que creó Karl Freund (director de fotografía), así como el extraño ritmo de la cinta, casi onírico, debido al modo en que fue adaptada la obra de teatro y al montaje, fueron el perfecto marco para la poderosa interpretación de Bela Lugosi como el malvado conde vampiro, frío, cruel, desalmado, elegante, carismático, sutil, manipulador, culto, aristocrático y muy inteligente. Era un villano como el público jamás había conocido. Si todos los villanos con protagonismo del cine mudo eran en general grotescos y deformes (como los magníficos personajes de Lon Chaney o las brutales encarnaciones de Mister Hyde), con la salvedad de los de Theda Bara, Drácula era todo lo contrario: fascinante, carismático, “glamuroso”, distinguido e incluso atractivo para las mujeres (se cuenta que muchas se desmayaban en el cine o en las obras de teatro de Lugosi, y no precisamente de terror…), como un nuevo Rodolfo Valentino. Este Drácula contiene elementos de sátira social, al ser un hipócrita, un monstruo que se oculta tras su fachada socialmente respetable para perpetrar sus acciones. Va a la ópera, se mueve en los círculos sociales más sofisticados, haciendo gala de su educación y su buen gusto, e incluso visita a sus víctimas, regodeándose en su impunidad. Se trata de un perfecto antecedente para villanos mucho más modernos (y no vampíricos) como Hannibal Lecter, Catherine Tramell, Hans Gruber o incluso la mitad de la galería de enemigos de James Bond. Así pues y en cierto modo, este Drácula es más cercano a los modernos psicópatas que a la repugnante y odiosa encarnación del mal que magistralmente describió Bram Stoker, y que era siempre instintivamente rechazado por sus semejantes, a los que repugnaba.

El crítico José María Latorre define bien al Drácula de Lugosi como “un personaje a medio camino entre el aristócrata vicioso y decadente y el galán maduro y distinguido cuya aura misteriosa le hace destacar en una sociedad donde la cortesía y las buenas maneras son la fachada de la represión”. José Manuel Serrano Cueto, en su libro sobre el tema, lo define como “un seductor, un encantador de serpientes […] más peligroso que Orlok [Nosferatu] porque la maldad que en Orlok se aprecia a simple vista, en el Drácula Lugosiano está disfrazada de cortesía, de buenos modos, de correcta apariencia. Con su buen trato se gana la confianza de todos los que lo rodean. […] Un Drácula diferente a todos.”. También otros, como el muy prestigioso en EEUU, Leonard Maltin, han analizado y elogiado efusivamente este gran trabajo, por el cual el tiempo no pasa, definiéndolo como carismático y diabólico. Ronald V. Borst afirmó que el arranque de la cinta constituía los que eran probablemente “los mejores primeros 15 minutos de la historia del cine de terror”, y define a Lugosi como “legendario”. El mítico novelista Ray Bradbury afirmó en un artículo, recogido por el crítico anterior, que esta película era una obra de “perfecto terror” y que era uno de los mejores recuerdos de su infancia. También dedicó elogios a su protagonista y a Dwight Frye, que interpreta genialmente a Renfield, el demente, en la misma. Y así, se podrían contar por miles las alabanzas recibidas por el Drácula lugosiano. Y es que este Drácula, sin ni siquiera enseñar los colmillos, creó una atmósfera de terror que otras versiones no pueden igualar ni con sangre a borbotones.

El taquillazo de Drácula fue enorme, incluso pese a la proximidad del crack del 29, y las buenas críticas afloraron por doquier, aunque no con unanimidad, dado el carácter polémico de la cinta. Lugosi fue aclamado. Y aunque bien mereció un Oscar, no recibió ni siquiera una nominación. Lo que sí obtuvo fue un contrato con la Universal, así como la nacionalidad americana en junio de 1931.

Bela se convirtió en la estrella más famosa de ese año. Recibió más cartas de fans que el mismísimo Clark Gable. El público le adoraba. Le llovían las ofertas de papeles. Su caché se multiplicaba…. Y entonces empezó a planear la sombra del fracaso sobre él. Nuevamente, la gloria le sería denegada al poco de empezar a saborearla.

Lugosi cometió un error fatal: la vanidad le impidió aceptar el papel del monstruo de Frankenstein (aún hoy pueden verse fotos de sus pruebas de cámara para el personaje, en las que exhibe un maquillaje semejante al del Golem) puesto que no lo consideraba interesante “al carecer de diálogo”. Debemos recordar que una de las mejores armas de Lugosi era su voz, pues su especial acento había conferido de un carácter único al personaje de Drácula. Su pronunciación y su ritmo lento, casi arrastrando las sílabas fueron la rúbrica de una interpretación genial. Su intensa mirada, otro de sus puntos fuertes, también quedaría empobrecida por un personaje que implicaba párpados caídos. O al menos, así lo veía él. Mudo y grotesco, para Lugosi el monstruo de Frankenstein era un personaje al que consideraba humillante interpretar. Nuevamente el destino se burlaría de él unos cuantos años después, pues se vio obligado a encarnarlo, no para defender su estrellato, sino meramente para sobrevivir económicamente.

Sin Lugosi, Universal buscó a un nuevo actor para la criatura y encontraron a uno conocido como…. Boris Karloff. El reinado de Lugosi duraría solamente desde el estreno de Drácula hasta el de Frankenstein.

Si Drácula era la encarnación pura de la más exquisita maldad, Frankenstein, en cambio, era trágico, un monstruo que al mismo tiempo era una víctima. Un ser que, en vez de fascinar al público (como Drácula), hacía que el espectador se identificara con él. Esta interpretación se asemejaba más al trabajo de Lon Chaney, que gozaba de gran éxito popular.
Siguiendo esta vertiente continuista con Chaney, y aprovechando el inesperado triunfo de Karloff, Lugosi fue progresivamente rechazado. Había interpretado a un personaje que era demasiado moderno para su época. Además, Universal prefería tratar con Karloff que con Lugosi, pues Bela tenía mucho carácter (y algo de mal genio) y siempre que podía, discutía el enfoque artístico y técnico del proyecto.

Otro punto a favor de Karloff consistía en que era británico, mucho más americano ante el público que el húngaro Lugosi. La latente xenofobia del espectador le hizo mucho daño. Lugosi ni siquiera podía ocultar su acento. Y con el tiempo, Karloff pasó de ocupar el registro propio de Chaney (villanos trágicos como su magistral encarnación de “La momia”) a apropiarse también de los del propio Lugosi (como prueba de ello, su excelente interpretación en “Satanás” de un arquitecto psicópata y sádico).

Pero el declive de Lugosi no fue inmediato. Participó en la primera versión de “La isla del doctor Moreau” ("La isla de las almas perdidas" (1932) de Erle C. Kenton), con Charles Laughton, e interpretó a una de las aberraciones mutantes del doctor, demostrando que también podía encarnar personajes deformes. También encarnó al psicópata de "El doble asesinato de la calle Morgue" (1932) de Robert Florey, adaptación libre de la obra de Poe, con muchos elementos del doctor Caligari. Hay dos anécdotas reseñables de la película, una simpática, y la otra odiosa. La simpática radica en que tuvo que repetir muchas veces la escena del discurso inicial, porque un censor consideraba su interpretación “demasiado sexy” (literal, como señala Juan Manuel Serrano Cueto en su libro sobre Lugosi y el terror de Universal). Resulta gracioso ver lo pueril de los censores de la época, considerando el grotesco maquillaje con entrecejo de Lugosi en la película.

La anécdota desagradable tiene que ver con Sidney Fox, la actriz co-protagonista de la película. Resulta que era la amante del productor, y ello motivó que apareciera acreditada la primera, antes que Lugosi, pese a su menor presencia en escena, y su interpretación inferior (Sidney Fox no era precisamente Marlene Dietrich). Esa fue la primera humillación que recibió Lugosi de Universal, que le hizo iniciar una violenta discusión con el productor, que acabó apartando a Bela de la compañía una temporada.

Resentido, Bela empezó a frecuentar el cine independiente (en esto también fue un pionero) y además, en 1933, contrajo matrimonio por tercera vez, con Lillian Arch, su esposa hasta 1953 y su relación más estable. Una parte de su vida comenzaba a equilibrarse, al menos. Con ella tuvo a su único hijo, Bela G. Lugosi.

En el cine independiente protagonizó la mítica “La legión de los hombres sin alma” (“White Zombie”), donde encarnó a un personaje muy “a lo Drácula”, el despiadado y carismático nigromante Murder Legendre, que cimenta su reinado de terror con la ayuda de su ejército de zombis. Es la primera película de zombis de la historia del cine, y otro punto más donde Lugosi resulta pionero. Resulta también uno de los grandes papeles del actor hungaro. La película tuvo una pseudo-secuela (“Revolt of the zombies”, donde Lugosi tuvo solo un breve cameo, fruto de reciclar escenas, y que fracasó estrepitosamente).

En cambio, para los grandes estudios, Bela protagonizó un remake de “London after midnight”, la magnífica película muda de Lon Chaney, hoy perdida, llamada “The mark of the vampire”, que resultó innecesariamente cómica y poco satisfactoria. Lugosi aparecía más en el trailer que en la propia película. Ray Bradbury califica directamente a la cinta como “un timo”. Otros críticos, como Juan Andrés Pedrero Santos, afirman que es una maravilla… En todo caso, la caracterización de vampiro de Lugosi (que diseñó su propio vestuario) fue lo mejor de la cinta.

También protagonizó seriales cinematográficos como el de Chandu y el del Doctor Dorkas, ambos refundidos en películas, que serían respectivamente las curiosas, pero prescindibles “Chandu in the magic island” y “El acecho del fantasma”. De Chandu el mago debe decirse que fue el personaje que inspiró a Stan Lee para crear al Doctor Extraño (Doctor Strange), héroe de cómic.

Bela ansiaba, sin embargo, interpretar papeles “normales”, de héroe o de galán, no siempre de monstruo, y se sentía frustrado por no lograrlo. Movió hilos para ello, pero fracasó de nuevo. Apareció en la comedia “Ninotchka" (1939), de Ernst Lubitsch, pero en vez de dar vida al protagonista, como quería, se tuvo que conformar con un pequeño papel de villano soviético. Dicha película habría sido perfecta para dar un giro a la carrera de Lugosi, pues hablando en ella también la estrella, Greta Garbo, con un marcado acento, la traba habitual de Lugosi en el cine para el público de la época, habría quedado menguada, y Bela habría exhibido sus dotes cómicas y su talento de actor completo. No pudo ser. El premio de consolación fue que al menos, en la segunda temporada de “Chandu”, Lugosi interpretó al héroe, Chandu, en vez de al villano, el megalómano Roxon, como en la primera.

Mientras tanto, Universal decidió emparejar a Lugosi y Karloff en una serie de películas de terror. Karloff (no lo olvidemos, también un gran actor) cobraba el doble que Lugosi, su nombre aparecía el doble de grande en los créditos y su personaje tenía más peso en la película. Lugosi se conformaba con, simplemente, actuar mucho mejor….

"Satanás" (1934) de Edgar G. Ulmer, fue el primero de sus encuentros (ignoraremos “El don de la labia” y “El castillo de los misterios”, al ser comedias en las que hacen meros cameos alargados).

En “Satanás” (“The Black cat”) en referencia a Poe, Lugosi tiene la posibilidad de encarnar a un héroe, aunque de rasgos siniestros, Vitus Verdegast, que pretende vengar a su esposa y su hija fallecidas a manos del sádico y retorcido Poelzieg (Karloff). La escena final en la que Lugosi despelleja salvajemente a Karloff tras una pelea brutal, para así hacerle entender el dolor que ha causado a miles de víctimas inocentes, así como otra escena previa en la que Lugosi y Karloff se juegan la vida de una mujer en una partida de ajedrez (si Karloff gana, la mata, si gana Lugosi, se le permite escapar) son escenas muy poderosas, que configuran a la cinta como una de las mejores de ambos genios.

"El cuervo" (1935) de Louis Friedlander, inmediatamente posterior y estilísticamente casi una secuela de la anterior, motivada por su éxito, muestra a Lugosi y Karloff volviendo a sus roles de siempre. Si el elegante Drácula de Lugosi ya resulta una influencia para Hannibal Lecter (Stephen King afirma en su publicidad del libro “Hannibal” que “Hannibal Lecter es el Drácula de la era de los ordenadores”), el personaje de Bela aquí, en “El cuervo”, el Doctor Richard Vollin, es más todavía, si cabe, un antecedente directo del Doctor Lecter, al ser un doctor en medicina y psicópata, con los atributos habituales de Lugosi (elegancia, inteligencia, refinada crueldad, etc…) y una curiosa sensibilidad literaria y personal. Una nueva interpretación genial.

Siguieron la serie dos títulos (“El poder invisible”, de 1936 y la muy posterior “Viernes negro”, de 1940) en los que el personaje de Lugosi menguaba todavía más frente a Karloff. En “Viernes negro” está totalmente desperdiciado. Da vida a un gangster, pero sus líneas son tan escasas como patéticas (su personaje es simple, cobarde y mezquino) y su muerte (asfixiado en un armario) totalmente ridícula. Bela seguía completamente encasillado, pese a haber interpretado a héroes en “Satanás” y “El poder invisible” (donde da vida a un bondadoso científico). Si salía del registro de villano era solo para convertirse en villano secundario y víctima potencial.

En todo caso, ambos títulos, “El poder invisible” y “Viernes negro”, resultan interesantes, más el primero que el segundo. Debe decirse, a título de anécdota, que “Viernes negro” estuvo a punto de llamarse “Viernes 13” (si vemos los créditos, apreciamos que incluso aparece el dibujo de una hoja de calendario marcando esa fecha). Obviamente, no trata de las andanzas de Pamela y Jason Vorhees, sino de una venganza entre mafiosos, con trasfondo sobrenatural.

“El poder invisible” tiene un guión muy bueno, aunque al servicio de Karloff, con una base psicológica muy trabajada. Karloff interpreta a un científico taciturno e introvertido, que adquiere el poder de destruir todo lo orgánico que toca. Lugosi (en el papel más positivo, a nivel moral, de toda su carrera) es su amigo, un médico filantrópico que pretende ayudarle. Pero la mente de Karloff empieza a retorcerse y comienza a sufrir delirios paranoides y megalómanos. El final degenera en una carnicería y es la propia madre de Karloff la que acabará matándolo. Una cinta muy recomendable para ver a Bela en un registro diferente al que nos tiene acostumbrados, y nueva muestra de su versatilidad.

Sobre “Viernes negro”, debe decirse que fue un descomunal fracaso en taquilla, lo que hizo que Lugosi y Karloff interrumpieran su serie de colaboraciones.

Paralelamente, las películas independientes en las que participaba Bela eran cada vez más mediocres, pero al menos en ellas él aún era el protagonista. Eran técnicamente pobres, pero algunas tenían buenos argumentos. Participó en muchas de la clausurada Monogram, así como en las de otras efímeras compañías, que no conoceríamos de no haber tenido la fortuna de haber contado con Lugosi como protagonista. Llega incluso a viajar a Inglaterra en 1935 para filmar “The Phantom Ship”, la primera película de terror de una incipiente compañía británica. Su nombre: Hammer Films, la mítica compañía que décadas después revitalizaría personajes como Frankenstein y Drácula, y convertiría en estrellas a Peter Cushing y Christopher Lee. Bela les marcó el camino. En esta película, Lugosi interpreta a un marinero psicópata que diezma a la tripulación de un barco, el Mary Celeste. Se infiltra entre ellos haciéndoles creer que es un anciano manco y decrépito. Finalmente, los mata a todos y se alza triunfante como capitán del barco. A continuación, probablemente escapa, o bien, se suicida, tras haber vencido (como en la novela de Agatha Christie “Diez negritos), resulta ambiguo de decir cual de las dos cosas ocurre. Lo que está claro es que es una película realmente atípica, seguramente la primera jamás filmada en la que el asesino resulta triunfante. Toda una rareza muy difícil de encontrar hoy día, pero que vale la pena.

Lugosi fue arruinándose progresivamente. Aunque trabajó en el teatro (en Broadway y en giras por América), recuperando a Drácula, su situación financiera era muy delicada. Tanto que tuvo incluso que pedir prestado dinero para pagar la factura del hospital cuando su hijo nació en 1938.

Revitalizó parcialmente su carrera al interpretar al pérfido y deforme Ygor en 1939, en “El hijo de Frankenstein”, con Basil Rathbone (en un papel que rechazó Claude Rains) y Boris Karloff (en su última y peor encarnación de su magnífico e irrepetible monstruo). Tan bien lo hizo Lugosi que algunos críticos (no quien esto escribe) piensan que su papel de Ygor fue mejor que el de Drácula.

Pero como siempre, las cosas solo mejoraron un poco para empeorar muco más. Como hemos dicho, el batacazo de “Viernes negro” en 1940, le dañó mucho. Por lo menos, recuperó a Ygor en la mediocre “El fantasma de Frankenstein”, siendo nuevamente lo mejor de la película su interpretación.

Siguió protagonizando películas de serie B en compañías paupérrimas, aunque también hubo en ellas algunos buenos títulos como “Los ojos misteriosos de Londres” y “El fantasma invisible”. La primera se basa en un relato de Edgar Wallace, y trata sobre un despiadado timador, que extiende pólizas de seguros a nombre de ciegos (víctimas indefensas), para luego asesinarlas y cobrar la prima. Pese al nombre español (“Los ojos misteriosos…”), resulta mas adecuado el título original, “The human monster”, pues, aunque en ella, Orloff (Lugosi), tiene a su servicio a un ser deforme, el verdadero monstruo es él. Resulta uno de los personajes más malvados del actor, y su muerte, ahogado en cemento y barro, es antológica.

En cambio, “El fantasma invisible”, relata la historia de un viudo atormentado por su amor perdido, que padece un brote esquizoide y se convierte en un asesino en serie. Resulta una película muy recomendable.

Pese a triunfos artísticos como estos, Universal solo le llamaba para papeles ridículos en películas como “El gorila”. No había más suerte con las otras grandes productoras. Aunque encarnó el papel de villano en la cuarta película de “El Santo”, con George Sanders (quien hacía el personaje de Simon Templar que luego interpretarían Roger Moore y Val Kilmer), era un papel muy por debajo de sus posibilidades. De hecho, el gangster al que daba vida Lugosi, se pasaba media película durmiendo (literalmente). Sin embargo, pese a decepciones como éstas, Bela nunca dejó de tomar en serio su trabajo, ni arrinconó su profesionalidad. La interpretación era su vida y se sentía orgulloso de sus logros. Aparecía en 4 o 5 películas por año, cintas que a día de hoy son rarezas buscadas por cinéfilos y mitómanos, con estatus de películas de culto, habiendo algunas especialmente interesantes como “Dragones negros” (película de espías, en la que da vida a un antihéroe que lleva a cabo una sangrienta venganza contra unos agentes japoneses, y en la que incluso interpreta dos escenas de acción) o “The corpse vanishes” (cinta truculenta y con elementos necrofílicos y de amor maldito/imposible), filmes que sin ser excelentes, resultan interesantes, y que de haber tenido mejor director y guionista, serían grandes clásicos. El público, en todo caso, no le olvidaba en aquellos años (ni ahora).

Pero la desgracia le golpeó de nuevo. Las heridas sufridas durante la guerra se habían convertido en un mal crónico para él, y tras probar remedios naturales sin mitigar su dolor, el médico le recetó opiáceos. Lentamente, y sin pretenderlo, se convirtió en un drogadicto.

Gastó su último cartucho al ofrecerle a Universal protagonizar su nuevo proyecto, “El hombre lobo” (1941). Fue rechazado y el papel otorgado a Lon Chaney junior, pero a Bela se le permitió encarnar, a modo de homenaje, el papel del gitano Bela, el otro hombre lobo de la cinta. Completó el reparto el excelente Claude Rains (en el mismo personaje de Anthony Hopkins en el remake de 2009). A día de hoy, revisando este gran clásico, podemos afirmar que Rains y Lugosi superan interpretativamente al protagonista, pese a tener éste el papel más interesante, y a ser su interpretación muy buena, a pesar de su carencia de experiencia.

Paralelamente, Universal había arruinado la franquicia de Drácula con mediocres continuaciones como “La hija de Drácula”, o peor aún, “El hijo de Drácula”. Ésta es muy pobre técnicamente, en parte por culpa de la interpretación de Lon Chaney Jr, que carecía del carisma tanto de su padre biológico (Lon Chaney) como de su padre argumental (Drácula/Lugosi). Cuando el actor intenta ser terrorífico, solo consigue que parezca sufrir dolor de estómago. Conscientes de sus limitaciones, los dirigentes de Universal hicieron que el verdadero villano de la historia fuera una femme fatale que manipula al hijo de Drácula (de nombre, por cierto, Alucard). En defensa de Lon Chaney junior cabe decir que en papeles como el del trágico hombre lobo Larry Talbot, al que encarnó en la franquicia que se abrió, se defendía mucho mejor.

En cambio, en “La zíngara y los monstruos” y “La mansión de Drácula”, el Drácula interpretado muy correctamente por John Carradine, y con porte aristocrático, no era más que un pelele atrapado en un guión confuso y autoparódico que hacía un cóctel de monstruos de la Universal.

En 1943, Lugosi, casi en bancarrota y muy enfermo, finalmente se doblegó y aceptó interpretar a la criatura de Frankenstein en “Frankenstein y el hombre lobo”. El resultado es desastroso. Lugosi interpreta en la película al monstruo como quedó en “El fantasma de Frankenstein”, o sea, ciego y con el cerebro de Ygor en su cráneo. Luego, el montaje final eliminó su ceguera y sus diálogos, dando como resultado un monstruo ridículo y torpe (sin saber que estaba ciego, lo que parecía era que estaba toda la película borracho) que le acarreó la burla del público y la crítica. Lugosi se sintió personalmente humillado, pues la modificación se hizo sin su consentimiento e incluso sin aviso.

Su vida y su obra siguieron una espiral descendiente. Protagonizó películas como “El retorno del vampiro”, revisión de Columbia sobre el vampirismo, y secuela inconfesa de Drácula, donde Lugosi da vida al Conde Tesla, que reside en el Londres asediado por las bombas V-2, y que resulta técnicamente superior a “Drácula”, pero argumentalmente inferior, siendo su mayor acierto las notas de romanticismo y tragedia que incorpora; o bien “One body too many”, una comedia negra que sube enteros cada vez que él aparece, en su caracterización de mayordomo “quemado” por su trabajo y que pretende envenenar a todo aquel al que encuentre, aunque las circunstancias provocan que nadie pueda llegar a beberse los brebajes que él ofrece disfrazados de martinis. Pese a que el guión de la película es muy flojo, y tiene una mezcla mala de comedia y terror que recuerda a los remakes de “The bat” y “The cat and the canary”, lo cierto es que las escenas de Lugosi son muy buenas, al igual que ocurría en la muy mediocre “La casa encantada” (“Ghosts on the loose”) en la que solo se salvan las interpretaciones de Bela y Ava Gardner.

En 1945, RKO volvió a reunir a Lugosi y Karloff para la tardía “El ladrón de cadáveres”, donde el personaje de Lugosi sufrió múltiples recortes, hasta el punto de que apenas aparece en la cinta, y su única escena memorable es la de su muerte. En todo caso, debe decirse que la publicidad de la época mencionaba a Lugosi como si su peso en la cinta fuera mucho mayor. Debe elogiarse el excelente papel de Karloff en la película, que se inspira en un hecho verídico, las andanzas de los ladrones de cadáveres Burke y Hare.

En “Scared to death” (1947), Lugosi aparece en su primera y única película en color. Es casi lo único reseñable, además de que la banda sonora recuerda un poco a la composición de Ennio Morricone para “La cosa” de John Carpenter. Por lo demás, el guión es de los peores que Lugosi interpretó nunca.

En “Abbot y Costello contra los fantasmas” (“Abbott and Costello meet Frankenstein”) (1948), Bela, visiblemente muy envejecido, interpreta por segunda vez al conde Drácula, ahora para ser blanco de las burlas de los payasos Abbott y Costello. La película era una parodia, como casi todo lo que haría a continuación Bela. Y, en cierto modo, graciosa (aunque muy tonta), de no ser por el hecho de que Bela casi parece que se vaya a echar a llorar en cada secuencia. Está deshecho y su tiempo de gloria hace mucho que expiró.

Y a los otros genios del terror de la época (Karloff, Peter Lorre, Conrad Veidt, John Carradine y Claude Rains) las cosas no les van mejor. Sus continuos fracasos en taquilla amenazan entonces la mismísima continuidad del género de terror, que va entrando en decadencia a favor de la ciencia ficción de viajes espaciales, extraterrestres y monstruos gigantes. Claude Rains, Peter Lorre y Conrad Veidt cambian exitosamente de género. Claude Rains (inolvidable como “El hombre invisible”) consigue incluso trabajar con Hitchcock y llega a atesorar cinco nominaciones a los Oscar de la Academia. Bela no tiene tanta suerte. Se dedica al teatro y solo vuelve al cine para protagonizar engendros como “Mother Riley Meets the Vampire” o “Bela Lugosi Meets a Brooklyn Gorilla”, que son presuntas comedias y auténticas tonterías.

Lugosi se divorció de nuevo en 1953. Se quedó solo y enfermo. Su situación personal era extrema. Ni siquiera trabajaba, estaba siendo olvidado. El Bela Lugosi de esta época suele ser descrito como solitario y muy excéntrico, durmiendo en un ataúd, viajando en un coche fúnebre, obsesionado con sus glorias pasadas, y enloquecido por su mejor papel, casi como si Bela fuera un personaje escapado de “El crepúsculo de los dioses”. Es una visión un tanto exagerada. Aunque Lugosi fuera excéntrico, mantuvo los pies en el suelo. Además, seguía en contacto con la realidad social. Incluso llegó a filmar benéficamente unos vídeos, en los que daba clases de matemáticas a los niños (que se pueden encontrar en Youtube). Pero lo cierto es que se encontraba en su peor momento, personal y profesional, muy decadente. Y entonces, Edward D. Wood, Jr (Ed Wood) llamó a su puerta.

Ed Wood era un ferviente fan de Lugosi. Adoraba su trabajo y estaba decidido a devolverlo a la cumbre. El problema es que Ed Wood también es el llamado hoy “peor director de todos los tiempos”. Sin embargo, este hombre tan despreciado por algunos hizo lo que muchos no lograron previamente: respetó a Lugosi. Le ofreció el papel de narrador en “Glen o Glenda” (un esperpento de película), pero principalmente, le dio el papel protagonista de “Bride of the monster”. Bela estaba contento de volver a trabajar. Y tenía un nuevo amigo. Ed Wood perpetró en “Bride of the monster” una cinta de terror muy pobre técnicamente, pero que tiene un grandísimo momento, una escena magnífica y muy conmovedora, un monólogo casi autobiográfico en el que el personaje de Lugosi (y el propio Lugosi) reflexiona sobre su situación (solo, exiliado, olvidado, humillado), demacrado y casi llorando, para al final encontrar fuerzas para seguir adelante. Un momento realmente conmovedor y que bien vale el visionado de la cinta. La película es mala, pero tiene alma, algo de lo que no puede presumir el 90 % de la filmografía de directores como Michael Bay (“Pearl Harbour”).

Bela estaba, de nuevo, ilusionado. Todo lo frustante que le resultó “The Black sleep” (1956, su última película de estudio), en cambio le divirtió su participación en estas cintas. La amistad de Wood dio paz a un viejo atormentado. Lugosi, además, se volvió a casar, esta vez con Hope Linniger, y preparaba nuevos proyectos con Ed Wood, como “The Ghoul Goes West”, “The Phantom Ghoul” y “Dr. Acula” (nótese el juego de palabras del título). Comenzó a rodar con Ed “Plan 9 from outer space”, que contiene otra escena memorable, aquella en la que Bela, dando vida a un anciano viudo, hace una interpretación muy contenida y realmente brillante, sin palabras, transmitiendo su desgracia y su dolor interno mientras huele una flor de su jardín, minutos antes de morir.

Entonces, el 16 de agosto de 1956, Bela Lugosi falleció. Fue enterrado con su capa de Drácula, recuerdo de su momento de esplendor. A su entierro acudieron unas pocas personas, entre ellas, su familia y sus compañeros de profesión. Su viejo rival Boris Karloff estuvo entre los presentes. Afectuosamente, pronunció unas palabras.

Poco después, antes de acabar la década de los 50, se popularizan completamente a escala nacional, estadounidense e internacional, las emisiones de televisión, que ya existían años antes. Se reponen domésticamente películas como “Drácula” y “Frankenstein”, y vuelven a gozar de gran popularidad. La figura de Lugosi es completamente reivindicada. Consigue una legión de seguidores. El género de terror, casi muerto, resucita. En Inglaterra, Hammer Films, la productora a la que Bela ayudó a consolidarse, estrena “Horror of Dracula”, con Peter Cushing y Christopher Lee (el cual, en honor de Lugosi, cuando interpretaba al conde llevaba un anillo que había pertenecido a Bela). La popularidad de Drácula se dispara, los ojos del público se vuelven de nuevo hacia Bela Lugosi. Roger Corman y Vincent Price homenajean a los viejos clásicos. El terror está en completa efervescencia. Lugosi, de actualidad. Stan Lee le hace en algunos de los comics que escribe, pequeñas menciones y homenajes. El cine de terror ha vuelto para quedarse, en los años 60, 70 y 80, hasta nuestros días. Y Bela Lugosi, de haber vivido unos pocos años más, lo habría visto con sus propios ojos.

La herencia fílmica de Lugosi abarca además tres homenajes póstumos:

La película “El corazón delator” (2005) recoge la narración de Lugosi, en su época de inmigrante, del inmortal relato de Poe, y la convierte en un corto de animación. Resulta un homenaje mayúsculo.

Por su parte, “Pickfair 5619 Hollywood”, proyectada en Sitges 2006, y dirigida por el valenciano Santiago Struch, es una excelente reflexión sobre Bela Lugosi y su inmortalidad cinematográfica, una película fascinante, profunda y evocadora.

Pero si hay un homenaje por excelencia a Lugosi, es el dispensado en la película “Ed Wood”, dirigida por el genial Tim Burton (gran fan de Vincent Price y Lugosi), cuyas películas se cuentan por clásicos modernos, y protagonizada por Johnny Depp y Martin Landau (como Lugosi), todo un viaje conmovedor y respetuoso a los últimos días del mito, a su decadencia. Película multigalardonada, le supuso un Oscar a Landau por su papel de Lugosi en sus últimos días, trágico y lastimoso, realmente magnífico.Por cierto, y en referencia al viejo conflicto Lugosi-Karloff, debe decirse, que como el Cid, Bela ganó batallas (y la guerra) después de muerto, y a día de hoy es más popular que Boris Karloff, siendo una figura muy reivindicada. Artistas tan dispares como el genial Tim Burton, y el rockero y director Rob Zombie se confiesan fans suyos.
Incluso Universal, al editar en DVD las colaboraciones de Bela y Boris en el cine, lo llamó “Pack Bela Lugosi”, compensando así los desplantes que tuvo que sufrir Bela durante años. Como bien dice el epílogo de la cinta de Burton, “Ed Wood”: “El legado económico de Lugosi supera hoy día al de Karloff”. A nivel crítico estarían como mínimo a la par. Irónicamente, Bela ganó como siempre, a título póstumo.

La vida de Lugosi, recapitulando, se entrelaza con la consolidación del género de terror, pues Lugosi protagonizó su primer éxito de taquilla (“Drácula”), y la primera franquicia así entendida de la historia del género en los Estados Unidos, además, apareció en la primera película de zombis (“La legión de los hombres sin alma”), y junto a él, Boris Karloff, Vincent Price y la mítica Hammer Films, dieron sus primeros pasos. Incluso llegó a interpretar al primer psicópata de la historia del cine que triunfa en sus propósitos (el de “Phantom ship). Sería imposible entender el género de terror sin Lugosi y sin su conde Drácula, el inmortal al que Lugosi debe que su fama sea imperecedera y que su sombra se extienda a las nuevas generaciones. Dijo Bela Lugosi antes de morir: “Soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal”. No era un delirio, sino la comprensión al fin, en un destello de lucidez, de que toda su amargura, todo su sufrimiento y dedicación habían servido para algo. Habían generado un inolvidable legado. Es más, bien podríamos decir que mientras que Béla Ferenc Dezso Blaskó murió en 1956, Bela Lugosi (y su Conde Drácula) vivirán para siempre.

Por: Javier Bort Estrada

Web: Aullidos

Comienza en Nueva Delhi festival de cine latinoamericano

Con la proyección del filme argentino “Historias mínimas”, del realizador Carlos Sorin, comenzó hoy aquí el Festival de Cine Contemporáneo Latinoamericano, descrito como puente de acercamiento entre los pueblos.

El evento emana del esfuerzo conjunto de las embajadas aquí del Grupo de Países Latinoamericanos (GRULAC) y el prestigioso Centro Internacional de la India (IIC), en cuyo auditorio se mostrarán hasta el día 14 cintas de 11 países.

El embajador ecuatoriano y actual coordinador rotativo del GRULAC, Carlos Abad, dijo a Prensa Latina que “la idea es presentar una faceta de la filmografía latinoamericana al público indio acostumbrado al cine que sale de Bolliwood, que es básicamente musical y de entretenimiento.

Poseemos un cine que revela otras cosas: las realidades, luchas, padecimientos, los problemas de nuestros pueblos, como también sus costumbres y arraigos culturales, y queremos mostrar todo eso”, señaló.

“Los espectadores no solo verán los colores de nuestros países, sino también el carácter de nuestros pueblos”, recalcó Abad.

En la muestra de 11 películas hay comedias, dramas, reseñas históricas y ficciones. Entre ellas están “El Benny” (Cuba), “Nueba Yol” (República Dominicana), “El Cobrador” (México), “Profesión Cinero” (Paraguay), “Que tan lejos” (Ecuador) y “Mi Mejor Enemigo” (Chile).

También figuran “Os Normais” (Brasil), “El embajador de la India” (Colombia) y “Tinta Roja” (Perú).

La directora del IIC, Kavita Sharma, afirmó que el objetivo del centro es servir de puente entre las culturas del mundo, y en ese empeño se fundamenta este Festival.

Sharma resaltó que el objetivo “de este esfuerzo es promover la amistad y solidaridad, así como un mejor entendimiento de nuestras realidades”.

La ejecutiva recordó que en dos ocasiones anteriores, en 1995 y 2003, el IIC acogió muestras del cine latinoamericano, aunque la idea ahora –señaló el embajador Abad- “es lograr que el Festival se convierta en un evento anual”.

Inauguran en La Habana Festival de Cine Indio

Con los auspicios del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la Cinemateca  de Cuba, se inició hoy en La Habana el III Festival de Cine  Contemporáneo de la India.

El festival, que concluirá el domingo 7 de septiembre, incluirá  la exhibición de tres películas de estreno, y es también auspiciado  por la embajada de India, país cuya filmografía figura entre las más  importantes del llamado tercer mundo.

Entre los filmes que serán proyectados por primera vez en Cuba está "Adelante, India" (Chak de India), con la que se inició este lunes el festival.

El filme podrá ser visto otra vez mañana martes en la tarde y el  próximo sábado por la noche, en la sala habanera de proyecciones "Chaplin".

Dirigido por Shimit Amin y protagonizado por una de las estrellas  más cotizadas de la pantalla india, Shahrukh Khan, "Adelante, India"  es una cinta de entretenimiento acerca del juego de hockey sobre  césped.

La película trata sobre el espíritu de lucha y en ella el valor,  la determinación y fortaleza se ponen a prueba cuando un equipo de  jóvenes indias se enfrenta a los mejores equipos del mundo.

Otro atractivo de la muestra será la película "Pushpak", una  comedia de dos horas y cinco minutos, dirigida por Singeetam Srinivasa Rao, y que narra los avatares de un rico beodo y un  universitario pobre, sin que medie diálogo alguno.

La muestra de cine indio en La Habana incluirá también el filme  "Krrish", de Raken Roshan, así como "Bunti y Babli", de Shaad Alí Sargal, dos producciones de Bollywod, la gran industria fílmica  india.

La primera de ellas trata de aventuras y fantasía, y la segunda, de una historia de amor, con bailes y canciones.

Bolivia es la capital del cine indígena con el IX Festival

Con una serie de actividades en la ciudad de El Alto, comienza el IX Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas que este mes estrenará más de 80 audiovisuales, realizará mesas de trabajo y presentará muestras itinerantes en las ciudades de Santa Cruz y La Paz.

El evento bianual, que ahora tiene sede en Bolivia, es organizado por la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI) con el objetivo de “afirmar el reconocimiento social, político y cultural de los pueblos indígenas y motivar la producción de obras cinematográficas y videográficas que los retraten dignamente”.

De acuerdo a los organizadores, este año se han recibido más de 250 obras de todo el mundo, de las cuales se han seleccionado 86 trabajos de países tan distantes como Argelia, Australia, Canadá, Guatemala o la India, que serán presentados en la muestra oficial, que comenzará el 10 de septiembre en La Paz y Santa Cruz.

Las actividades paralelas al Festival comenzaron el 25 de agosto con una muestra itinerante en comunidades indígenas bolivianas y desde ayer presentan actividades en El Alto.

En el programa oficial destacan los Foros: VI Encuentro Internacional de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas, que reflexionará sobre el papel de la comunicación indígena en el contexto actual, y la retrospectiva del Plan Nacional Indígena Originario de Comunicación Audiovisual.

Las mesas temáticas, que tratarán problemáticas diversas como Mujeres Indígenas: ¿Objeto o Sujeto de la comunicación?, se complementarán con presentaciones artísticas y exposiciones.

Entre los invitados internacionales figuran: Humberto Solás, Tania Valette (Cuba), Martha Rodríguez (Colombia) y Juan Mora (México), entre otros.

PARA LOS JÓVENES

Muestra • El 3, 5 y 9 de septiembre, la muestra Jóvenes y miradas indígenas presentará documentales, ficciones y animaciones a estudiantes alteños.

Inauguración •
La muestra fue abierta ayer, en el Teatro Raúl Salmón, en presencia de los colegios Mejillones y Santa María de los Ángeles.

Bigas Luna diseñará el cartel del Festival de Cine Europeo de Sevilla

El director de cine y pintor Bigas Luna, responsable de películas como Jamón, jamón, que supuso el descubrimiento de actores como Javier Bardem y Penélope Cruz, será el responsable del diseño del cartel de la quinta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, que arranca en la capital andaluza el próximo 7 de noviembre. Según ha informado la organización del festival, el cartel y su posterior desarrollo videográfico “contribuirán a mejorar la imagen nacional e internacional del festival, dado el gran prestigio que el cineasta tiene en Europa”.

La obra del responsable de títulos como Son de mar, La teta y la luna o Las edades de Lulú será presentado en público el próximo 17 de septiembre, en un acto en el que estarán presentes el artista y el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín. La organización ha explicado que este acto se enmarca “dentro del cambio de identidad corporativa” que ha iniciado el festival, que incluye un nuevo color en la cartelería, más identificado con los colores de la ciudad.

Bigas Luna será además el invitado especial en el festival. El cineasta ha expuesto sus creaciones, paralelas a su actividad como director, en la galería Bitforms de Nueva York, especializada en arte digital.

II Festival de Cine Latinoamericano inicia este fin de semana

Este viernes 29 de agosto se inicia el II Festival de Cine Latinoamericano 2008, con una muestra cinematográfica de 23 películas pertenecientes a 12 países de Latinoamérica, incluyendo Venezuela. Dichas obras rotarán por las salas del Circuito Gran Cine, Cinemateca Nacional, Cines Unidos, Cinex, Trasnocho Cultural, La Previsora, Celarg y el Ateneo de Caracas.

La información se dio a conocer este miércoles en rueda de prensa, donde Bernardo Rotundo, presidente de Gran Cine, afirmó que el II Festival de Cine Latinoamericano 2008 contará con la mejor y más reciente producción realizada en esta parte del continente. En tal sentido, agradeció la colaboración de las Embajadas de Ecuador, Bolivia, Perú, Colombia, Brasil, México, Argentina, Chile, Cuba, Uruguay y República Dominicana, así como el apoyo del Ministerio del Poder Popular para La Cultura, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), la Distribuidora Amazonia Films y a la Cinemateca Nacional, entre otras organizaciones.

"El objetivo es copar las salas de cine y lograr que el público venezolano se reencuentre con el cine latinoamericano y que este festival tenga futuras ediciones", señaló Rotundo.

Por su parte Douglas Palumbo, miembro de la junta directiva de Gran Cine y director de Queiroz Publicidad, informó que en el marco del festival, Venezuela estará representada por la película "El Infierno Perfecto", de Leonardo Henríquez, interpretada por Leandro Arvelo y Alfonso Urdaneta. Dicho film es una versión libérrima de la obra "El Cándido", de Voltaire y es una comedia trágica que trata de cómo Cándido fue criado en el mejor de los mundos posibles, y cómo lo echaron de él, de cómo perdió a su amada Beatriz y a su maestro Azcárate.

Los representantes del Festival informaron que este año el país invitado es Argentina, en tal sentido se estará presentando en la sala Celarg 3 y en la red de salas de la Cinemateca Nacional en todo el país, una muestra paralela compuesta por 12 títulos de producción argentina, en formato digital.

De igual forma, el Cine Móvil Popular estará proyectando en los distintos espacios públicos de la ciudad, una selección de obras premiadas por Telesur, seleccionadas en festivales internacionales: Un tigre de Papel, de Luis Ospina (Colombia); ¿Quién soy yo? Los niños encontrados de Argentina, de Estela Bravo (Argentina); Pirinop, mi primer contacto, de Mari Corre y Karané Ikpeng (Brasil), Colegiales, de Gustavo Laskier (Argentina); San Ernesto nace en la Higuera, Isabel Santos y Rafael Solis (Cuba).

Para mayor información sobre la programación del festival visita www.grancine.net

Arranca el Festival de Cine de Venecia

Cuando los hermanos Coen idearon su nueva película, luego de ganar el Oscar, sabían que tenían que contar con George Clooney y Brad Pitt como protagonistas.

El resultado es una comedia sobre dos hombres que atienden un gimnasio y en sus manos cae un disco con las memorias y secretos de un agente de la CIA, que ellos intentan vender.

La cinta estrenó en la apertura del famoso Festival de Cine de Venecia, donde Clooney y Pitt, acompañado por sus hijos Madox y Pax, fueron la sensación.

Los papeles de ambos fueron escritos especialmente para ellos, han dicho Joel y Ethan Coen, ganadores del Oscar este año por su cinta “No Country for Old Men''.

"Mirando los roles que interpretamos, me siento preocupado acerca de lo que ustedes piensan de nosotros'', dijo Pitt en una rueda de prensa para hablar de la cinta. "No sé si sentirme halagado o insultado. Todavía no estoy seguro''.

El compañero de Angelina Jolie se permitió bromear sobre los directores: “Primero ellos no son hermanos realmente y creo que es importante que la gente lo sepa. Es una completa basura eso''.

"Trabajamos con ellos porque somos lo más barato que pudieron conseguir. Somos lo menos caro'', continuó.

No obstante, también aseguró que había tratado de trabajar con ellos desde hacía mucho tiempo.

Durante su encuentro con los medios Clooney y Pitt no pudieron evitar las preguntas sobre sus respectivas vidas personales, pero también tomaron el asunto con humor y sarcasmo.

Clooney, quien acabó su más reciente relación sentimental hace pocos meses, le contestó a un reportero que quiso saber cuándo se casaba: “Estoy tan sorprendido de escuchar esa pregunta. Hosnestamente, es es la primera vez que me perguntan eso'', señaló. “Me voy a casar y a tener hijos hoy mismo''.

Pitt le siguió la corriente: "Mientras tanto voy a compartir mis hijos con él y voy a tener dos más el año que viene''.

El reparto de la cinta también incluye a Tilda Swinton y Frances McDormand.

The Venice Film Festival abrió oficialmente el 27 de agosto y se extiende hasta el 6 de septiembre.

Celebrarán en Uruguay festival de cine sobre diversidad sexual

El II Festival Internacional de Cine sobre Diversidad Sexual y de Género del Uruguay se celebrará en esta capital del 5 al 11 de septiembre.

Llámale H” -como se le denomina- presentará una selección de cortos y largometrajes que abordan la temática homosexual realizados en Estados Unidos, Argentina, España, Austria, Italia, Francia, Canadá y Alemania, entre otros países.

La muestra, con sede en la sala Cine Hoyts Alfabeta de la capital uruguaya, exhibirá “The Gymnast” (Estados Unidos), “Blue” (Argentina-Gran Bretaña) y “Dos Miradas” (España).

También, “Amnesia” (Canadá), “Los susurros de la luna” (Austria) y “Hatsu Koi” (Japón), entre otros filmes.

El Festival es auspiciado por la Intendencia (Alcaldía) de Montevideo.

La Academia de Cine Española ofrecerá una doble exposición homenaje a Luis Buñuel

La Academia de Cine ha organizado una doble exposición en homenaje a Luis Buñuel, fallecido en México el 29 de julio de 1983 y que lleva por título '25 años sin Luis Buñuel'. La muestra estará abierta del 16 de septiembre al 24 de octubre y mostrará la Colección Lucio Romero de carteles y una serie de fotografías que recuerdan al realizador como creador de cine.

Así, en la primera de estas exposiciones se recuerda cómo la obra de Buñuel ha servido de inspiración a algunos de los mejores diseñadores de carteles de la historia del cine, como Iván Zulueta. Como complemento, una serie de instantáneas muestran al cineasta en pleno trance creador, dirigiendo algunas de las películas con las que cimentó su leyenda. Esta última parte ha sido creada por la Casa Buñuel de Calanda.

Por otra parte, la Academia ha programado también un ciclo especial en Homenaje al Festival de Cine de San Sebastián que se ofrecerá del 23 al 25 de septiembre con la proyección de 'El espíritu de la colmena' de Víctor Erice (1973); 'Las cartas de Alou' de Montxo Armendáriz (1990) y 'Alas de mariposa' de Juanma Bajo Ulloa (1991).

Arranca el Festival de Cine de Valparaíso

El duodécimo Festival Internacional de Cine de Valparaíso, (FICVALPO) comenzó hoy con un programa en el que destaca la restauración y recuperación de archivos fílmicos y de obras clásicas nacionales y extranjeras.

Este certamen chileno pondrá en escena durante una semana cerca de un centenar de filmes, entre estrenos, restauraciones de clásicos del país y cintas internacionales, además de los documentales en competición, señalaron sus organizadores.

Participarán producciones de Alemania, Argentina, Bélgica, Chile, España, Francia y Tailandia, que competirán por el "Santiaguillo", máximo galardón.

Durante el festival se exhibirán además las versiones restauradas de Berlin Alexanderplatz, de Rainer Werner Fassbinder; "Shoah", de Claude Lanzmann, con una duración total de 566 minutos, y una función especial con una versión musicalizada del filme mudo "Maridos Ciegos", de Eric von Stroheim.

Entre los filmes chilenos recuperados están, entre otros, "Caliche Sangriento", "Lunes 1, Domingo 7" ambos de Helvio Soto; "Largo Viaje", de Patricio Kaulen y "Así es Hollywood", de Jorge Délano (Coke).

Se presentará además una versión musicalizada de "El Húsar de la Muerte"; una muestra del pionero del cine chileno, Armando Sandoval, y tres cortos de la colección Cineteca Nacional de Chile, "La Escala", "Combate entre Tany Loayza y Jimmy Goodrich" y "Terremoto de Chillán".

También habrá una retrospectiva del director chileno Sergio Castilla, quien, además, estrenará tres de sus trabajos realizados en el extranjero, Prisioneros desaparecidos (1979), La niña en la sandía (1994) y Take de bridge (2007).

El director técnico del certamen, Jaime Córdova, destacó que el festival "pone a disposición de la gente películas antiguas, mudas, o perdidas, que ahora están recuperadas y restauradas".

Además, habrá "talleres de restauración cinematográfica y algo que es inédito en este festival: se van a dictar dos talleres especiales, uno para composición de música para cine y otro de composición de música para cine mudo", indicó.

El Festival de Cine de Valparaíso cuenta con financiación especial del Área de Difusión del Patrimonio Audiovisual Nacional del Consejo del Arte y la Industria Audiovisual y del Gobierno Regional de Valparaíso.

Realizarán en Cuba Tercer Festival de Cine de la India

El Tercer Festival de Cine Contemporáneo de la India, una de las cinematografías más poderosas del Tercer Mundo, tendrá como sede esta capital a partir del 1 de septiembre próximo.

En la apertura se exhibirá el filme Chak de India, que narra el espíritu de lucha humano, protagonizado por Shah Rukh Khan en el papel de entrenador del equipo de jockey femenino de la India.

En el filme, dirigido por Shimit Amin, la determinación, valor y fortaleza se pondrán a prueba cuando el equipo de jóvenes muchachas indias se enfrenten a los mejores equipos del mundo.

Festival de cine con cámara de móvil en Sant Feliu de Guíxols

El músico Miqui Puig será el encargado de conducir la fiesta dj de presentación del festival de cine con cámara de móvil MovieMobile, organizado por el Ayuntamiento de Sant Feliu de Guíxols. Tras el éxito del año pasado, la segunda edición de este certamen de cortometrajes y fotografías realizadas con el teléfono móvil se celebra del 29 al 31 de agosto. La fiesta se celebrará esta noche a las 22.00 en la playa de Sant Feliu (Baix Empordà).

Más información en www.moviemobile.org.

David Lynch, entre el delirio y la mística

Fanático de la meditación, el director de Imperio presentó en Brasil un libro que revela las huellas de esta disciplina en su cinematografía. Allí conversó con Ñ acerca de la experimentación constante como sello de su obra. Aquí, el relato de ese encuentro, su filmografía y la opinión de Quintín sobre Lynch, un maestro del cine que compite con Godard "en el mercado de la devoción".

David Lynch cruza la puerta a medianoche. Camina con los brazos tiesos al costado de su traje azul. Alguien lo saluda y él responde con un hi, how are you , a la vez cordial y automático. Y sigue. Alguien le tiende la mano y él se la estrecha, agradece los gestos de admiración y sigue. Deja atrás a las personas de pie en el hall de arribos del aeropuerto Salgado Filho de Porto Alegre (Brasil) que se dan vuelta y miran al hombre de la camisa blanca prendida hasta el cuello. Es el creador de una obra maestra como Terciopelo azul (1986) y de una serie que revolucionó la televisión como Twin Peaks (1990). Es, sin dudas, el director de cine más inquietante de los últimos treinta años y por eso lo cruza un fotógrafo y dispara su cámara. El flash marea a un Lynch que sigue hacia su objetivo. Quiere salir a la calle. Necesita fumar.

Se ubica junto a la parada de taxis y saca un cigarrillo. Le convidan fuego. Lynch abre los ojos y acerca su rostro hasta la llama. En su primera visita a Brasil, acaba de pasar cinco días entre hoteles de San Pablo, Río de Janeiro y escuelas públicas de Belo Horizonte. Llega para brindar una conferencia en el ciclo Fronteras del Pensamiento Copesul Brasken en la Universidad Federal do Río Grande do Sul (UFRGS). Y además aprovecha para promocionar su libro autobiográfico sobre creatividad, cine y meditación trascendental Catching the big fish (algo así como "Atrapando al gran pez", que a principios de 2009 saldrá en la Argentina). No tuvo tiempo para recorrer las ciudades, le dice a Ñ, pero le encantó "la comida, la gente y el mood (humor)". Habla despacio, arquea las cejas. Dice: "Maravillosas montañas".

Tiene el perfil del tío extravagante: el saco arrugado, los zapatos sin lustrar. Y el fanático, desde luego, intentará encontrar en él los rasgos de alguno de sus personajes. ¿O acaso en el episodio piloto de Twin Peaks , el agente Dale Cooper (Kyle McLachlan) no se maravilla con los árboles que bordean el camino? "A veces llego a pensar que Kyle es una especie de alter ego", decía el director después del estreno de Terciopelo azul . Cooper como doppelgänger de Lynch.

Llega precedido por una declaración que repercutió en los medios: "La meditación trascendental puede terminar con la violencia de Río", dijo Lynch en su faceta de predicador del pensamiento de su gurú Maharishi Mahesh Yogui.

Hace treinta y cinco años que practica esta técnica ("si meditas es porque quieres acceder a un nivel más profundo de la vida", dice) y en julio de 2005 creó la David Lynch Foundation, que trabaja en programas de educación basada en la conciencia y la paz mundial en escuelas públicas y privadas de Estados Unidos y el resto del globo. En los últimos días de vida del Maharishi (murió en Holanda, en febrero de 2008), Lynch observó que nadie escuchaba a su maestro y decidió "salir" a comunicar el mensaje. "Si experimentas este nivel más profundo, la conciencia comienza a expandirse. Con práctica, todas las personas pueden hacerlo." Mientras aguarda que sus colaboradores salgan del aeropuerto, aclara que la meditación no es una religión, y recuerda que cuando comenzó con su fundación había tres escuelas implementando esta técnica. Ahora son dieciséis. Lynch se entusiasma: "El mundo está cambiando", dice, convencido. Y arroja el cigarrillo al suelo y lo pisa. Aunque sus amigos le digan que deje de fumar, comenta, no lo consigue.

¿Cómo convive su inconsciente, reflejado en la oscuridad de sus obras, con este mensaje de la meditación trascendental?

Hacer una historia feliz en el cine no tiene por qué hacerte feliz, y puedes contar una historia oscura, de la que te enamoras. Puedes entrar en esos mundos tenebrosos y aún estar feliz por dentro. No es lo mismo sufrir que mostrar el sufrimiento.

Aunque sus personajes deban descubrir el mal (como Jeffrey Beaumont a partir de una oreja cortada) o experimenten la locura (Fred Madison en Carretera perdida ), Lynch no está de acuerdo con aquello que decía Rimbaud ("el sufrimiento del poeta debe ser inmenso"). Dice que "hay una idea muy romántica en la que el artista tiene que sufrir, tiene que pasar hambre o estar deprimido, para expresar algo". Mueve la cabeza. "Si el artista está sufriendo realmente, no podría hacer su trabajo. Si uno tiene hambre, no tiene ganas de hacer nada más. Cuanta menos negatividad, mayor es el flujo de creatividad y esa es la razón por la que he estado practicando meditación trascendental todos estos años." El director reflexiona: "Estoy seguro de que Van Gogh hubiese hecho cosas aún más maravillosas de no haber sido por las restricciones que le impusieron sus tormentos".

¿La meditación le permitió combinar recursos narrativos clásicos y experimentales?

Hay una parte importante de experimentación en mi cine, pero lo importante son las ideas. Lo son todo. Cuando llegan, piensas: "este es el tema". Es la historia que conecta todas estas abstracciones. A veces, para llegar a la verdad, tienes que experimentar.

Ya es tarde. Lynch se despide y mientras se aleja, un plano microscópico llega hasta la colilla aplastada en el piso. Fuma American Spirit.

Una historia sencilla

Para entender el legado de la obra de Lynch en la historia del cine, cabe hacerse algunas preguntas. ¿Qué sería de Tarantino sin Lynch? Algunos críticos aseguran que el director de Pulp fiction no podría existir si los espectadores no poseyeran los códigos interpretativos que se han ido forjando a través de autores como él. Y así también los hermanos Coen ( Barton Fink ) o Jim Jarmusch ( Extraños en el paraíso ) o Gus van Sant ( Mi Idaho privado ). ¿Cómo se entiende el fenómeno de una serie como Lost si antes, alguien no hubiese creado esa mezcla de policial, soap opera y surrealismo que significó Twin Peaks ?

El director nació en Missoula (Montana), en esa "verdadera América profunda" que habitaron pueblos originarios como los Sioux (quienes sostenían que la sabiduría estaba en los sueños), y vivió rodeado de naturaleza: su padre, investigador del Ministerio de Agricultura, se dedicaba al estudio de los árboles. Lynch dice que adoraba jugar en el bosque ("era mágico") y aunque en esa época tenía muchos amigos, a veces prefería quedarse solo, viendo de cerca a los insectos. No le gustaba estudiar. Jugaba al béisbol, nadaba y soñaba despierto. Siempre le gustó dibujar, así que los domingos asistía a un taller de pintura. Alguna vez comentó: "Para mí, en esos momentos, la escuela era un crimen que se cometía contra la juventud. Allí se destruían los gérmenes de libertad; no se estimulaba ni el conocimiento ni una actitud positiva. La gente que me interesaba no iba a clase".

Plasmó esa crítica en su primer corto, The Alphabet , pero más allá de eso Lynch llevaba una existencia apacible en una familia sin conflictos, que tuvo que vivir en diferentes ciudades del país. Una visita a su abuela materna que vivía en Brooklyn fue decisiva. Los ruidos y olores de esa ciudad lo impresionaron. Como una visión situacionista sobre el desarrollo urbano, Lynch decía que Filadelfia (donde se fue a vivir con su primera mujer, mientras comenzaba a filmar Eraserhead , de 1976) "era la más violenta, la más degradada, la más enferma, la más decadente y sucia de las ciudades".

Una noche, mientras vivía en Alexandria (Virginia), Lynch conoció al pintor Bushnell Keeler, padre de un amigo, y se dio cuenta de qué significaba ser un artista.

Aunque Lynch se hizo célebre por sus filmes, nunca dejó de pintar. En estos últimos años expuso en París y Nueva York (sus dealers de arte son Leo Castelli y James Corcoran). Sus obras recorren un abanico cromático que va del gris al rojo y conjugan el mismo idioma y los mismos temas que sus filmes. Sin embargo, está claro que el nivel de deformación del mundo que busca Lynch en el cine es limitado mientras que en sus dibujos y pinturas ese límite está abolido.

Desde el color de sus obras (eligió el blanco y negro para sus primeros filmes), Lynch opera a favor de una lógica particular, que exige la renuncia a las interpretaciones a priori. "Las sombras en el cuadro te permiten trasladarte y soñar. Si todo es visible y hay demasiada luz, la cosa es lo que la cosa es, pero no es más que eso."

Como un mito, Lynch cuenta que su vida cambió una tarde en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania. Estaba frente a una "tela sombría con plantas que emergían de la oscuridad". De repente tuvo la impresión de que las plantas se movían e incluso creyó escuchar el viento. "No estaba drogado", aclara. "Quería que desaparecieran los bordes, y entrar en el interior de la obra". Había descubierto el cine.

Interior. Día

Lynch hace de Lynch en un cortometraje que filma Andréia Vigo en una motorhome estacionada en un baldío del barrio Menino Deus, junto al hotel Blue Tree Millenium. Uno de esos hoteles new age que tienen cajitas con leyendas como "paz", "ternura" y "amor" para los jabones y las gorras de baño.

Sentado en un sillón incómodo, frente a varios reflectores colgados del techo, Lynch tiene que memorizar un par de líneas. La historia, desde luego, baraja los elementos lyncheanos: la desaparición de un hombre, una mujer misteriosa y una especie de médium (Lynch).

La vida y la obra de Lynch podrían sintetizarse en la imagen de un ventilador. Aparece al principio de Twin Peaks y se convierte en un plano recurrente. Un ventilador encendido en un lugar insólito: arriba de la escalera que conduce a las habitaciones en la casa de Laura Palmer. ¿Qué significa? "No sé por qué lo puse ahí", dijo siempre Lynch. No le gusta explicar las cosas ("el filme debe bastar", se queja). Esa figura y ese sonido (el del aire) podría ser la vida misma, "absurda y siempre ahí".

Según el investigador francés Michael Chion, Lynch es un creador que cree en la pluralidad de los niveles de sentido y de realidad. "La belleza de los niños es la habilidad que tienen de ver el mundo con los ojos abiertos, sin los límites del intelecto", dice Lynch y critica esa permanente necesidad occidental de dar explicaciones sobre la obra. "Sin la lógica o la razón siempre hay algo más, algo que no hemos visto".

Hay un elemento que Lynch entendió (y explotó) desde el principio: la materialidad del sonido. Desde sus cortometrajes iniciáticos, The Alphabet y The Grandmother , pasando por el deslumbramiento de su particular mirada en Eraserhead hasta Imperio , Lynch comprendió que los sonidos (como los mantras) quedan registrados a un nivel básicamente distinto del nivel del lenguaje o de los modos de comunicación visual. Como señala Chion, Lynch "ha renovado el cine" mediante este elemento. Si bien su reparto de escenas es clásico y transparente (aunque retorcido), su trabajo sonoro es personal. El espectador se enfrenta a un autor que manipula los bajos (sonoros, pero también del instinto y el inconsciente) hasta la incomodidad. No busca tanto la reflexión intelectual como la sensorial. Siento, luego existo.

Y en ese contexto, su prédica sobre la meditación trascendental resulta coherente. "El potencial del ser humano es la conciencia infinita", dice ahora Lynch y explica que en la educación no se tiene en cuenta este proceso. "No se está haciendo nada para mejorar al ser humano. Su potencial es la iluminación suprema".

De regreso al hotel, casi no sale de su penthouse , donde se dedica a meditar (veinte minutos) o a charlar con su editora en Brasil, Gisela Zincone, mientras almuerza un sandwich de pavita y una lata de Coca-Cola.

El gran pez

A las tres de la tarde de este domingo, Lynch está sentado en una sala del tercer piso, custodiada por un guardaespaldas gaúcho, minutos antes de reunirse con los promotores de su conferencia. Sonríe. Todo aquel que se encuentra con el director describe la extraña sensación de su cordialidad. El mismo hombre que embelleció el gore en Eraserhead , escribe en Catching the big fish : "Todos nacemos para ser felices, felices como cachorros moviendo la cola". El mismo hombre que en una obra plástica ( Bee board ) coloca abejas muertas con nombres como Jack, Dougie o Bob, en consonancia escribe en su libro: "Existe una textura extraordinaria en un cuerpo descompuesto". Como decía The New York Times en enero de 1990: Lynch es "un Norman Rockwell psicópata" (en referencia al ilustrador de las familias felices de Coca-Cola).

Autobiografía con recuerdos de filmaciones o un manual básico de autoayuda, por momentos el libro resulta desconcertante. ¿Cachorros moviendo la cola? En varios capítulos, Lynch se detiene sobre la manera en que captura sus ideas. "Me enamoro de una idea", escribe. "Muchas veces no sé lo que significa así que tengo que pensar en ella y llegar a un entendimiento."

¿Nunca le dan miedo sus ideas?

No. Cuando llegué por primera vez a Los Angeles me gustaba ir a un lugar llamado Bob's Big Boy, donde solía sentarme durante años a tomar un milkshake y pensar, y por más oscura que pareciera la idea, la seguridad volvía cuando entraba a ese sitio. Algo así pasa con la meditación.

Acompaña la charla con un movimiento de su mano derecha y un mechón cae de su peinado. Para Lynch el cine es un lenguaje singular, un medio mágico. Es como ingresar a otro mundo. Una mesa del Bob's Big Boy, una sala frente a un telón rojo o un bosque de abedules. Esa influencia se observa en el escritor japonés Haruki Murakami, para quien un bosque se convierte en la puerta a universos paralelos ( Kafka en la orilla ) y la mente, un pasillo con puertas cerradas ( Crónica del pájaro que da cuerda al mundo ).

"Es divertido crear esos mundos y tener una experiencia", continúa Lynch. "Vivimos en un mundo que a veces es mucho peor que cualquier cosa que podamos imaginar."

Hay un comercial que puede verse por You tube donde Lynch dice que "nunca, ni en un trillón de años", podrás tener la experiencia del cine desde un teléfono celular. Ahora, sentado a esta mesa, Lynch añade: "No sé realmente qué es lo que está pasando, pero hay una especie de transición". Considera que éste es un momento difícil. "Bajan las representaciones teatrales, la gente no va al cine. Se podrían aprovechar todos los elementos adecuados de los teatros para los filmes, elegir el sonido, la pantalla enorme: ahí podemos realmente meternos en otro mundo y tener una experiencia. En la pantalla pequeña, con un sonido horrible, es muy difícil lograrlo". Sin embargo asegura que el avance de la tecnología digital ( Imperio la filmó de este modo) permite una mayor experimentación por parte del realizador. "Estoy adorando el video digital", dice aunque sus amigos le reprochen la baja calidad de imagen. "La alta definición es una especie de ficción científica. Todo está demasiado claro", dice. Como en la tela, Lynch busca en sus filmes las sombras, la distorsión, el misterio.

En "Imperio" llegó a un nivel de abstracción que, podría decirse, niega el análisis. ¿Qué podemos esperar después?

Trataré de seguir investigando, de experimentar. Tras Imperio no sabemos, ni siquiera yo, qué esperar. Por ahora seguiré pintando.

¿Cómo definiría a un artista?

Como alguien que crea experiencias, para él y para otros. Es como un espectro. Hacer algo nuevo es como dar vida. Todo comienza con una idea, que son como burbujas que se crean y van subiendo. Así puedes atraparlas en un nivel superior, más profundo, con más información, más verdad. Se hace consciente lo inconsciente. En definitiva se trata de ser feliz. Mucha gente hace cosas, pero no para ser feliz sino por la recompensa posterior. Pero las ideas fluyen mejor cuando uno está feliz.

Lynch es el hombre que filmó esa mano extendida con los dedos separados de Lula (Laura Dern), en Corazón salvaje (1990), mientras un desagradable Bobby Perú (William Defoe) la obliga a decir fuck me . Y cuando lo dice, la deja (y nos deja) sin hacerle nada, con la sensación de haber asistido a una "violación verbal" (Chion). La referencia del nombre Bob atraviesa toda su filmografía. Sus pinturas. Todos, incluso el bien peinado Cooper, tenemos un Bob dentro, la representación del mal. "Siempre digo que las películas son historias y en ellas hay contrastes. En mis películas hay mucha oscuridad, pero también hay luz. El contraste es una condición humana", dice el director mientras el sol ingresa por un ventanal enorme.

Así es Lynch. Una colilla aplastada de American Spirit en el interior de una cajita de jabón con la inscripción "love".

Fuente: Clarín Online, Revista Ñ

El Festival de Cine del Mundo de Montreal comienza mañana con sabor latino

El XXXII Festival de Cine del Mundo de Montreal comienza mañana jueves la exhibición de 455 largometrajes y cortos, de los que 35 proceden de Latinoamérica y España.

Concursan en el evento producciones de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, México, España, Uruguay y Venezuela, que disputarán, junto con otros, el principal galardón del certamen, el Gran Premio de las Américas.

Henry Welsh, portavoz del certamen, destacó la importancia que el Festival de Cine del Mundo ha dedicado, históricamente, a la cinematografía hispanohablante.

'La numerosa comunidad de habla española que vive en Montreal no tiene más oportunidad que el festival para ver películas que proceden de Latinoamérica o España'.

Destacó también la voluntad del festival de 'descubrir' nuevos talentos y ofrecer la ventana de Montreal para que se den a conocer en todo el mundo.

La competición oficial de este año incluye 20 largometrajes y 12 cortos.

Entre las películas seleccionadas están las españolas 'Bienvenido a Farewell-Gutmann' de Xavi Puebla, 'Las mofas mágicas' de Daniel Rebner y 'Todos estamos invitados' de Manuel Gutiérrez Aragón.

Figuran también la argentina 'Lluvia' de Paula Hernández y la mexicana 'El viaje de Teo'.

Por el Gran Premio de las Américas también compite 'Paris 36', del director francés Christophe Barratierque, que fue nominado al Óscar por 'Les Choristes' y cerró el Festival de Cine del Mundo en el 2004.

'Paris 36' hace su debut mundial en Montreal y abrirá el festival en la noche del jueves.

Montreal se ha destacado por el atractivo que tiene para destacadas figuras de la cinematografía mundial.

En el pasado, los directores españoles Carlos Saura y Pedro Almodóvar, por ejemplo, o el actor estadounidense Robert de Niro, fueron habituales del Festival.

Este año, el certamen exhibirá también la última película de Woody Allen, 'Vicky Cristina Barcelona', en la que actúan la estadounidense Scarlett Johansson junto con Penélope Cruz y Javier Bardem.

Además, el realizador Brian de Palma dirigirá una clase magistral durante el certamen.

El punto controvertido vendrá de la mano del documental 'Roman Polanksi: Wanted and Desired' que analiza las circunstancias que provocaron que el pol&